Clara Ramas
El tiempo perdido. Contra la edad dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía
Barcelona, Arpa, 2024
208 págs.
Clara Ramas comienza este libro recordando la escena en que Toni Soprano se deja llevar por la melancolía y cree que la época de su padre fue mucho mejor aunque no tuviese sus comodidades. Es una imagen luminosa que alumbra el recorrido que la autora lleva a cabo por textos clásicos y contemporáneos sobre la nostalgia paralizante e insuperable. Es un libro a la vez de historia cultural y conceptual y un manifiesto político. Proust, Freud, Kristeva son convocados para dar cuenta de la enfermedad de la bilis negra, que Ramas le diagnostica a una parte de la población contemporánea fruto de su falta de imaginación sobre un futuro decente y causada por un empobrecimiento o cancelación de la experiencia. El texto recorre el viacrucis del melancólico, su falta de objeto vivida como pérdida, su incapacidad para entender cómo se construye o reconstruye una comunidad. Melancolía que tiene derivas en la izquierda y en la derecha: melancolía de izquierdas sobre los buenos tiempos en que había políticas claras, melancolía y resentimiento de derechas, especialmente en el género masculino que no vive bien la pérdida de autoridad, que está sumido en lo que Clara Ramas llama «duelo de género». Zweig y Augé son traídos como testigos de los ejercicios melancólicos, pero también quienes se sumergen en las series o videojuegos como lugares de olvido. Sin duda, lo mejor de esta obra es su lectura de Proust, del juicio que hace a la memoria y al deseo fruto de un relato y no de la realidad. El melancólico añora un pasado que nunca existió, que existe solamente en su reminiscencia. Comprensión del presente contra memorias imaginadas. Así termina este valioso documento de nuestro momento de depresión colectiva, con un qué hacer, que también es un quehacer del pensamiento: ¿cuál es entonces nuestra tarea? La misma que Proust: contarnos a nosotros mismos, recuperar nuestro tiempo perdido, dar sentido a lo que nos pasa. La tarea que nos marca Proust es, nada menos, la de emprender la tarea de hacer justicia a lo que nos pasa, que no es sino comprender y poder contar lo que nos pasa.






