El inconsciente de Manhattan

El secreto de Joe Gould

JOSEPH MITCHELL

Anagrama, Barcelona, 192 págs.

Trad. de Marcelo Cohen

Joseph Mitchell fue un periodista de Nueva York que no se consideraba escritor pero que lo era. Había nacido en 1908 en el Sur, en una familia de granjeros establecidos en Carolina del Norte desde los tiempos anteriores a la Revolución. «Mi padre era comerciante de algodón –recordaba– y los comerciantes de algodón siempre se creen superiores al resto del mundo». En cambio, el hijo era modesto, sensible y muy crítico consigo mismo. Pronto entró a trabajar en el prestigioso semanario The NewYorker, donde se escribe aún una de las mejores prosas de los Estados Unidos. Mitchell firmó cinco libros sobre tipos y atmósferas de Manhattan. Uno de ellos, Joe Gould's Secret (1965), se convirtió en un éxito sorprendente, lo que a buen seguro le hizo aguardar otros treinta años para publicar un nuevo libro, el último, Up in the Old Hotel and Other Stories, en realidad una antología de las crónicas ya recopiladas en sus cuatro primeras obras.

Ya sabemos que Nueva York es un mapa humano a gran escala del mundo. No resulta extraño que a nuestro hombre le gustaran sus personajes marginales, sus tipos corrientes, la gente que arde en deseos de contar historias. Y Mitchell se comportaba casi como un escritor de sagas novelísticas: se introducía en el personaje y en su modus vivendi, sólo escribía la crónica si estaba seguro de conocerlos bien. Sin que nadie se lo pidiera, se adentró en el Fulton Fish Market y escribió pequeñas historias de un personaje llamado Old Mr. Flood. Luego trazó el perfil de Mazie Gordon, acomodador del Bowery Theater, y de los indios que trabajaban las estructuras de acero de los rascacielos y de los puentes. Mitchell era incisivo, entrometido y a la vez discreto; sobre todo, sabía escuchar. No buscaba la sensación de una determinada «clase» de persona, como el periodismo de hoy, sino la sólida impresión de un ser humano. Su padre, poco impresionado con la profesión de Joseph, le espetó un día: «¿No tienes nada mejor que hacer, hijo, que meter las narices en los asuntos de la gente?».

Joe Gould fue una figura gloriosa del Village neoyorquino. Componía la imagen modélica del bohemio parisino en versión «clochard». Yanqui de pura cepa, hijo de una familia bostoniana acomodada, Gould se graduó en Harvard. Inútil voluntario, pasó algunos meses midiendo cabezas de indios chipewa y luego se perdió para el resto de sus días en el Downtown de Manhattan persiguiendo una vaga y excéntrica ambición literaria. Vivía en albergues zarrapastrosos o en la misma calle, vestía ropas enormes (era bajo de estatura) desechadas por sus «contribuyentes», fumaba colillas seleccionadas en las aceras y bebía cualquier cosa que pillase. Pero su auténtica fama residía en el fabuloso libro que llevaba escribiendo desde que optó por esa clase de vida: «Una historia oral de nuestro tiempo» desde Saroyan hasta Pound, pasando por Cummings y esa creciente fauna de turistas culturales. Venía a ser un magma de conversaciones escuchadas en cualquier parte –en fiestas elegantes como en garitos inmundos–, trabajos ensayísticos, poemas y pensamientos, recuerdos familiares, diatribas contra conocidos y desconocidos: en fin, una gran novela de más de nueve millones de palabras. Gould se comparaba con Gibbon y no dudaba que le superaría, pues achacaba al británico una «desafortunada distancia» con respecto a la desintegración de Roma, mientras él vivía la historia del Imperio cada noche y cada día. En una de sus poéticas alusiones a su magna obra que recoge Mitchell, la define como «mi soga y mi patíbulo, mi cama y mi pupitre, mi esposa y mi fulana, mi herida y la sal que en ella se derrama, mi whisky y mi aspirina, mi roca y mi salvación».

Joseph Mitchell conoce a Gould en el verano de 1942, le invita a comer varias veces, le escucha durante veladas enteras, aguanta sus rarezas, su extraño genio y su mezquindad, habla con amigos, detractores y «contribuyentes», y por fin publica un perfil en The New Yorker con el título de El profesor gaviota. Es una primera aproximación: objetiva, minuciosa, interesante, pero le falta algo para ser redonda. Mitchell ve en Gould «una aversión abrumadora a todas las posesiones» y lo define «como una de esas personas demasiado tímidas para hablar con desconocidos pero no tanto como para atracar un banco». Ya nunca se librará de él. Gould, pelmazo por naturaleza, le perseguirá con especial insistencia porque ese periodista es el hombre que ha contado su historia y que puede seguir contándola hasta convertirla en leyenda. Esto será lo primero que hará sospechar a Mitchell. ¿No iba a ser mucho más interesante leer esa obra secreta y excesiva que escudriñar en su vida? Cuando muere el ilustre indigente que imitaba a las gaviotas, el escritor escondido (anverso de Gould, el escritor exhibicionista) decide que ha llegado el momento de completar el perfil del personaje. Y aquí empieza lo bueno, la literatura en su mejor momento neoyorquino.

En esa segunda entrega, El secreto de Joe Gould, que publicó su revista en 1964, mucho más larga y sustanciosa, Mitchell se implica más. Con una gran dosis de libertad y tacto, se dispone a abordar el misterio de la vanidad y la impostura. A lo largo de más de veinte años, ha conocido todas las facetas de su personaje: le ha visto borracho, enfermo, lúcido y hundido, genial y mentiroso; le ha ayudado cuanto ha podido. Ante su mesa de redacción ha escuchado su charla interminable. Sin embargo, nunca ha conseguido ver más allá de una docena de cuadernos de Gould, todos ellos obsesivas reelaboraciones de capítulos sobre la muerte de su padre, la muerte de su madre, la atroz adicción al tomate y sobre los indios de Dakota del Norte. Ninguna conversación sensacional, nada de aquella atractiva historial oral de un espía de nuestro tiempo que durante tres décadas fue la atracción literaria de Nueva York. Hasta que un día se da cuenta de que Gould «había ido al Greenwich Village y encontrado para sí una máscara y se la había puesto y ya no se la había quitado». Este libro es mucho más que el retrato de un bohemio que escribe una obra maestra en las calles, encarnando «el inconsciente de la ciudad».

Este libro es el legado de un periodista que consideraba la literatura la cima inalcanzable de su arte de reportero. Cuando cree haber descubierto el «secreto» de Gould, Joseph Mitchell se identifica por completo con esa sensación de vértigo e impotencia que provoca la escritura a los que tienen algo que decir. Entonces se atreve a contar, con tremenda humildad, su sueño inconfesado: escribir su Ulises. Sería la historia de un joven periodista de Nueva York y al tiempo una historia mítica. Mitchell la despacha en tres páginas de electrizante fuerza: personajes, viaje de una larga jornada, escenario. Sabe que jamás llegará a desarrollarla. Y esa es su grandeza, tan poco común. Como él viene a decir a la hora de defender a Joe Gould: sobran demasiados libros en el mundo.

Ficha técnica

4 '
0

Compartir

También de interés.

Recordamos a nuestros suscriptores que, con ocasión del regreso al papel de Revista de Libros, el día 10 de diciembre, a las 19.00h., en la Fundación Ramón Areces, la escritora Elvira Navarro, el periodista cultural Jesús García Calero y el filósofo Javier Moscoso dialogarán sobre cómo se transforman los géneros literarios y cambian los lectores; sobre cómo, en nuestros tiempos, las ficciones conviven con realidades, ya sea en la historia o en la literatura, o cómo el formato, ya sea digital o material, determina nuestra relación con los libros y sus críticos.

El mundo del libro, ese maravilloso invento que nos acompaña desde hace milenios, sufre en la actualidad transformaciones en su diseño, en su público y en sus propósitos. Así que, mientras aprendemos a leer en diagonal en los formatos digitales, seguimos pasando páginas, cuestionando premios y jurados, formando comunidades y asociaciones, y anunciando una y otra vez la muerte del papel que, afortunadamente, nunca llega a producirse.

Elvira Navarro es escritora de fama internacional. Su última obra publicada es La sangre está cayendo al patio.

Jesús García Calero es periodista, director de ABC Cultural.

Javier Moscoso, profesor de investigación del CSIC, es director de Revista de Libros.

Premio a la mejor contribución, reseña o ensayo, para menores de 35 años.

Con objeto de fomentar y poner en valor la escritura y la lectura crítica entre jóvenes talentos, y con la colaboración de la Fundació Banc Sabadell, Revista de Libros convoca el premio «Nuevas voces» destinado a reconocer reseñas y breves ensayos publicados en nuestras páginas. El premio, de carácter anual, tendrá una dotación económica de 1.000 euros, que se entregarán en un acto institucional en octubre de este año.