Radiografía de Ezequiel Martínez Estrada

EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA. LÍRICA SOCIAL AMARGA. ÚLTIMOS ESCRITOS SOBRE AJEDREZ, CIUDAD, TÉCNICA, PARADOJA

Christian Ferrer (ed.), Flavia Costa (ed.)

Pepitas de calabaza, Logroño

165 pp.

12 €

Probablemente, el nombre del pensador argentino Ezequiel Martínez Estrada (18951964) dirá poco incluso al mejor informado de los lectores, entre otras cosas porque se trata de un autor prácticamente desconocido también en su propio país.Y ello a pesar de haber sido galardonado con la primera edición del Premio Casa de las Américas en 1960 y, por supuesto, de haber dado a luz una prolífica obra ensayística para la que encontrar adjetivos adecuados resulta ciertamente difícil.Apasionada, corrosiva, incisiva y radical podrían ser sólo algunos de ellos, a los que debería sumarse sin duda la evidencia de que sus preocupaciones sociológicas fundamentales han sido tan revolucionarias para explicar la época que le tocó vivir como para intuir los derroteros seguidos por nuestra rabiosa actualidad. En este sentido, Lírica social amarga es un libro cuidadosamente editado por Christian Ferrer y Flavia Costa que, además de poner en orden los últimos y hasta ahora inéditos escritos de Ezequiel Martínez Estrada, supone una inmejorable oportunidad para adentrarse en la obra de un escritor que trasciende las fronteras de lo estrictamente nacional.

Argentina transita una de las peores crisis conocidas en su breve historia (es preciso recordar que su consolidación como Estado-nación data de las postrimerías del siglo XIX ), y hoy resulta sencillo señalar fantasmagóricos culpables sin nombre o entregarse a la reflexión irresponsable sobre las causas de su delirium tremens actual. Hacia 1945, cuando el peronismo triunfante inmortalizó la edad dorada de Argentina con el inquietante rótulo de «granero del mundo», y las puertas de la opulencia se abrían de par en par a sus habitantes al calor de la exportación de trigo y de carne, pocos podían suponer que su acelerado ritmo de crecimiento y la fabulosa acumulación de capital podían comenzar a torcerse tan abruptamente, pronunciando un declive vertiginoso que asustaría incluso al más cualificado de los Sísifos contemporáneos.

Pero en 1933, una década antes de que el peronismo se erigiera en el amo indiscutible de la historia argentina por venir, cuando el general Perón era un cadete más en la disciplina de la Escuela Militar y la influencia que ejercería en la consolidación de los populismos latinoamericanos no era siquiera fugazmente imaginada, Martínez Estrada había terminado ya de escribir su portentoso Radiografía de la Pampa, un ensayo sublime por agudo y visionario, por desolado y desolador. Directamente emparentado con el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento, sus páginas no sólo entrevén el surgimiento del peronismo y las condiciones estructurales que lo harían efectivamente reconocible, sino que diseccionan magistralmente las claves de una encrucijada que desde 1810 se ha dado en llamar Argentina.

Más arqueólogo que historiador, más médico que sociólogo, Martínez Estrada vio esencialmente en la maldición de la sangre con la que fue regada la tierra el origen verdadero de los males irresolubles del país. Para explicarlos y explicarse, adoptó una estrategia intelectual similar a la sabiduría innata que poseían el gaucho o el baqueano, aquellos sagaces «detectives» de a caballo que dominaban todos los secretos de ese mar verde que es la Pampa, hombres capaces de reconocer, gracias al más ínfimo detalle, el lejano ombú que daría sombra a la yegua fatigada, el arroyo que reconfortaría la sed del extenuado caminante, o las vacas robadas al patrón por el cuatrero intempestivo.Y serían la tierra y su ejército de espectros inconscientes quienes, para Martínez Estrada, vengarían las huellas de sangre y fuego propagadas por el exterminio sistemático de indígenas perpetrado por la mal denominada Expedición al Desierto del general Roca, por la existencia de grandes latifundios improductivos, o por la ruindad de la clase dominante y de sus fieles gobernantes.

André Malraux, que visitó la capital de Argentina en 1965, sentenció: «Buenos Aires es la capital de un imperio que nunca existió». No le faltó perspicacia al escritor francés, y su juicio puede verse confirmado en La cabeza de Goliat (1940), el libro de Martínez Estrada que, a modo de insistencia lógica, siguió a Radiografía de la Pampa, y cuyo subtítulo se encarga de aclarar al buen entendedor las intenciones de su autor: Microscopía de Buenos Aires. En sus páginas, ninguna institución porteña –y entiéndase por institución también a cualquier individuo anclado en su soledad– estará a salvo de su análisis penetrante. Si la arquitectura de los rabiosos estadios de fútbol permite encerrar a la realidad, durante noventa minutos, y de sus puertas hacia fuera, la mentalidad de sus ocupantes domingueros influirá decididamente en el espíritu de la nación; si la dinámica intrínseca de cada barrio, cada calle, cada ventana abierta o cerrada de la ciudad le sugieren un sinnúmero de microrreflexiones sociológicas de gran calado, tampoco escapan a su lente de aumento la «jauría» de palomas invasoras de mataderos y frigoríficos del sur de la ciudad, ni el canto de los delicados gorriones distribuyendo sus melodías para ofrecer una pseudoalegría urbana al aristocrático Barrio Norte. Cartógrafo meticuloso de la orbe porteña, para Martínez Estrada cualquier anécdota forma parte entonces de un amplio acervo sociológico que urge ser trasladado al discurso y al entendimiento de Argentina: anécdotas en definitiva que, multiplicadas, dan pie a la hipótesis más importante de La cabeza de Goliat, aquella que subraya la fatídica conjunción formada por un gran cuerpo triste y despoblado –el territorio nacional– y una cabeza frenética y decapitada –la ciudad de Buenos Aires– que nació, creció y degeneró mirando a Europa.

La publicación de Lírica social amarga constituye, pues, un acontecimiento extraordinario, no sólo porque los escritos inéditos aquí recogidos sirven de complemento ideal a la lectura de las páginas más brillantes de Ezequiel Martínez Estrada, cuyas mejores pero no únicas representantes pueden encontrarse en Radiografía de la Pampa y La cabeza de Goliat, sino también porque con este libro se recupera la vigencia de un autor que posee la honestidad característica de los pensadores universales, aquellos hombres solitarios en los que pensamiento y acción conforman la única fisonomía posible.

 

Ficha técnica

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