El mundo alucinante

El mundo alucinante

REINALDO ARENAS

Tusquets, Barcelona, 1997

La figura del dominico fray Servando Teresa de Mier (Monterrey, 1763-México, 1827) es en sí misma novelesca: teólogo, escritor, disidente religioso y político, fue perseguido por la Inquisición y por otros poderes, y en numerosas ocasiones logró escapar de las cárceles. Sin embargo, sus ideas no fueron independentistas (aunque tenía en cambio una pésima opinión de España) ni vio con buenos ojos los desmanes de la Revolución francesa. Residió en España, Inglaterra, Estados Unidos, Portugal, Italia y Francia, casi siempre en cárceles o emprendiendo empresas y obras políticas. Tras escaparse de la cárcel de Cádiz, camino de Portugal en barco, fue testigo de la batalla de Trafalgar. Vivió una época que conoció la independencia de los Estados Unidos (comenzada en 1775), la Revolución francesa y el ajusticiamiento de Luis XVI en 1793, la persecución en México de los franceses y afrancesados, la proclamación de las Cortes de Cádiz (en la que se abolió la Inquisición, asunto que no aprobó), la lucha española por la independencia frente a la invasión francesa, y, finalmente, la independencia en 1821 de México. Si hemos de pensar en otra figura hispanoamericana cercana, experta en fracasos, y que anduvo por los mismos lugares (incluida la cárcel en Cádiz, donde murió), recordaré al venezolano Francisco de Miranda (1759-1816), pero las ideas de este último fueron más avanzadas y radicales.

La figura del cubano Reinaldo Arenas (1943-1990) tuvo menos acontecimientos y también menos historia, pero la que le tocó vivir no fue fácil, y de ella ha dado cuenta en la en ocasiones alucinada autobiografía Antesque anochezca. Arenas salió de Cuba en 1980 y vivió en Estados Unidos hasta que, enfermo de sida, se suicidió en 1990. Estos datos no añaden nada a su obra, pero las obras, a pesar de los intentos de algunos estructuralistas, las escriben personas con biografía. Arenas publicó en 1968 El mundo alucinante y en 1980 la reeditó revisada. Esta última edición es la que Tusquets da a conocer hoy en España. No se trata propiamente de una biografía sino de «una novela de aventuras», como se aclara tras el título. La vida de Servando Teresa de Mier está llena de acontecimientos que la transforman en una novela plena de vicisitudes, también, en ocasiones, de episodios delirantes o alucinantes. El tiempo que le tocó vivir y los países a los que pertenecía (México y España) se debatían en esos años entre la razón (la de las luces) y la alucinación. Si recordamos que el dominico inaugura sus andanzas negando desde sus prédicas la historicidad de la aparición de la Virgen de Guadalupe, se comprenderá su difícil situación: enfrentado al clero, al poder y, en cierto modo, al pueblo llano que creía a pies juntillas las milagrosas manifestaciones. Pero su idea era que los fundamentos religiosos del mundo indígena no necesitaban de estas explicaciones. Mier fue coetáneo también del nacimiento en la escena política de la figura del guerrillero y del monje guerrillero, como lo señaló con lucidez Jacques Lafaye en Quetzalcóatl y Guadalupe. El calificativo de alucinante no es extraño: en 1965, un mexicano, Marco Antonio Millán, escribió un folleto titulado La fantástica realidad de fray Servando.

Reinaldo Arenas somete los datos a una elaboración novelística; quiero decir que no está sujeto a la actitud del historiador, que sin abandonar la imaginación se ajusta lo más posible a los datos que se conocen. No es un historiador sino un autor de ficciones. Al igual que hiciera el poeta argentino Enrique Molina en su libro Una sombra donde sueña CamilaO'Gorman (1973), mira los hechos desde una investigación poética. Dicho acercamiento quiere ser una imagen posible, una puesta en pie de la alianza de mundos contradictorios, imaginativos y al tiempo reales. En cierto sentido, esta obra es un antecedente, por algunas de sus páginas y procedimientos, de Cien años de soledad (1967), obra esta última sin duda mucho más conseguida por razones que no compete aquí señalar. Se ha dicho que la novela de Arenas es heredera de la literatura barroca; hay que añadir que también son patentes el uso de procedimientos extraídos de las crónicas americanas, no menos fantasiosas por momentos que esta obra. Pero lo que importa es la capacidad de Arenas para recrear con gran libertad el México y la España de esos años, su capacidad paródica y una prosa capaz de hacernos mantener la lectura gracias a sus dotes expresivas. Quizás su fallo, porque no se trata de una obra maestra (como lo es Los recuerdos del porvenir, 1965, de Elena Garro, donde se recrean las guerras cristeras), radique en que, en muchas ocasiones, le falta contención tanto a la escritura como a su propia imaginación, entregándose a fantasías que no contribuyen ni a la historia ni a la narración. No es casualidad que, al inicio del libro, Arenas diga que Servando y él son la misma persona. La dimensión fabuladora enlaza con su propia biografía; quizás por eso, al final de su vida, escribió esas páginas autobiográficas donde la realidad y el delirio se transforman en una obra literaria.

Ficha técnica

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