DISCUSIÓN

Los enemigos de la Ilustración en el mundo de hoy

 

Uno de los hechos más asombrosos de la historia de la humanidad es la explosión del avance del intelecto humano que se produjo en un corto espacio geográfico de Europa y en breve extensión de tiempo, y que fue la concatenación, casi sin solución de continuidad, del Renacimiento, la Revolución Científica y la Ilustración.

De esos tres hitos de la historia de las grandes ideas de la filosofía hay pocas dudas de que el más importante, sobre todo desde un punto de vista filosófico, psicológico, sociológico, ético, político y económico, sea la Ilustración, entre otras razones porque incorpora de forma muy señalada valores como el humanismo renacentista y el triunfo de la ciencia moderna. Es, sin duda, el cenit de lo que ha venido denominándose modernidad.

Hacia finales del siglo XIX y principios de XX, la versión más aceptada de la historiografía sobre la Ilustración y de la revolución industrial que propició era la de su triunfo y plena aceptación en Occidente. Esto se refleja en el optimismo y la fe en el progreso, tan evidente en Europa y Estados Unidos hacia el fin de siècle. Exposiciones Universales (París, 1889 o Chicago, 1893) que promueven el cosmopolitismo y grandes espectáculos populares, tales como el que tanto éxito de crítica y público alcanzó en el Teatro alla Scala de MilánEl 2 de enero de 1881 se realizó en el Teatro alla Scala de Milán el ensayo general de un nuevo espectáculo de este tipo y particularmente emotivo: el Ballo Excelsior. Los ballets mímicos de Luigi Manzotti y la música de Romualdo Marengo despertaron el entusiasmo de los invitados. Era un gran espectáculo que pretendía condenar al oscurantismo frente a la Ilustración y el progreso, haciendo hincapié en el triunfo de los últimos avances científicos y técnicos: el telégrafo, la batería, el vapor, el Canal de Suez, el túnel de Fréjus, etc. El mensaje positivista que transmitió el Excelsior a la burguesía milanesa es claro: sólo a través de la ciencia triunfará la civilización. Sólo la ciencia puede resolver todos los problemas de la humanidad y convertirse en una fuente de paz y progreso., exaltaban la idea y la incuestionable realidad del progreso y el triunfo de la ciencia y la tecnología sobre el oscurantismo, el pesimismo y la ignorancia.

Luego vino la catástrofe en forma de dos grandes guerras mundiales ‒con el holocausto e Hiroshima‒, los gulags soviéticos y los genocidios de Mao y Pol Pot, y se juzgó a la Ilustración y se la declaró culpable de no haber dado los frutos de paz, libertad, humanismo, progreso y bienestar prometidos. Así que la Ilustración, se arguyó, no acabó con la barbarie y la violencia, ni tampoco las redujo. Pero terminó en gran medida con la pobreza en buena parte del mundo que la adoptó. Una vez que se asentó el polvo de la agitación y la violencia de la Revolución Francesa, Europa entró en un siglo de crecimiento económico (conocido como la Pax Britannica) interrumpido por unas pocas guerras relativamente cortas y locales. Hacia 1914, los países que habían experimentado algún tipo de Ilustración se habían hecho ricos e industrializados, mientras que aquellos que no la habían tenido o se habían resistido a ella con éxito (tales como España y Rusia), permanecieron económicamente rezagados.

Pero la violencia y las guerras y genocidios, así como la toma de conciencia de los graves problemas de justicia social que aquejaban al mundo, minaron la fe en la Ilustración. Primero fueron los críticos (Theodor Adorno, Max Horkheimer, Isaiah Berlin, Jürgen Habermas, Charles Taylor) y después, casi de inmediato, la nueva Contrailustración del posmodernismo, del fundamentalismo cristiano; del populismo de derechas y de izquierdas, los etnonacionalismos de la política de identidades, el ecologismo profundo y catastrofista, y el nuevo feminismoSobre la Contrailustración originaria (finales del siglo XVIII y principios del XIX), véase Derrin M. McMahon, Enemies of the Enlightenment. The French Counter-Enlightenment and the Making of Modernity y Isaiah Berlin, Against the Current..

Posmodernismo, enemigo mordaz de la Ilustración

El término posmoderno fue acuñado por Jean-François Lyotard en su libro de 1979, La condición posmoderna. Definió la condición posmoderna como «una incredulidad hacia las metanarrativas». Una metanarrativa es una explicación amplia y cohesiva de los grandes fenómenos sociales. Las religiones y otras ideologías totalizadoras son metanarrativas en sus intentos por explicar el significado de la vida o de todos los males de la sociedad. Lyotard abogó por reemplazarlas por «mininarrativas» para obtener verdades más pequeñas y más personales. Se refirió al cristianismo y al marxismo de esta manera, pero también a la ciencia.

El posmodernismo representó desde su inicio una amenaza no sólo para la democracia liberal, sino también para la modernidad misma. Puede parecer una afirmación tajante o incluso hiperbólica, pero la realidad es que el cúmulo de ideas y valores presentes en la raíz del posmodernismo ha roto los límites de la academia y ha ganado un gran poder cultural en la sociedad occidental. Los síntomas irracionales e identitarios del posmodernismo son fácilmente reconocibles y muy criticados, pero el ethos subyacente a ellos es muy poderoso. Este ethos en realidad no se entiende bien, lo que se debe en parte a que los posmodernos raramente se explican a sí mismos de manera clara y, en parte, a las contradicciones e inconsistencias inherentes a una forma de pensamiento que niega la existencia de una realidad estable o de un conocimiento confiable basado en la verdad. Sin embargo, hay ideas consistentes en los fundamentos de la posmodernidad y entenderlas es esencial si pretendemos contrarrestarlas y librarnos de la amenaza de devolvernos a una cultura premoderna irracional y tribal.

El pensamiento posmoderno se caracteriza por el rechazo a la verdad y a la objetividad, el ninguneo de la razón y la negación del progreso de la humanidad

El pensamiento posmoderno es complejo y poliédrico, lo que se complica más debido a la oscuridad premeditada en sus exposiciones de sus principales apóstoles y apologistas. Mas hay unas cuestiones en las que parece haber un acuerdo bastante generalizado. Estas son el rechazo a la verdad y a la objetividad, bases fundamentales del avance del conocimiento científico, el ninguneo de la razón y la negación del factible progreso de la humanidad, valores centrales de la Ilustración.

Michel Foucault ha identificado los principales objetivos de los teóricos del posmodernismo: «Todos mis análisis van en contra de la idea de las necesidades universales en la existencia humana»Michel Foucault, Truth, Power, Self. An Interview with Michel Foucault [1982]. En Luther H. Martin, Huck Gutman, y Patrick H. Hutton (eds.), Technologies of the Self, Amherst, University of Massachusetts Press, 1988.. Tales necesidades deben ser eliminadas como un bagaje del pasado: «No tiene sentido hablar en nombre o en contra de la razón, la verdad o el conocimiento»Michel Foucault, La arqueología del saber, trad. de Aurelio Garzón, Madrid, Siglo XXI, 2009..

Para los posmodernos, la objetividad es un mito: no hay verdad ni forma correcta de leer la naturaleza o un texto. Todas las interpretaciones son igualmente válidas. Los valores son productos subjetivos y socialmente construidos. Culturalmente, por tanto, los valores de ningún grupo tienen una posición especial. Todas las formas de vida, desde afganos hasta zulúes, son legítimas. Vemos aquí dos motivos recurrentes fundamentales del pensamiento posmoderno: el relativismo cognitivo y la afirmación acrítica del multiculturalismo.

Estos maîtres à penser y otros destacados ideólogos y filósofos posmodernos, como Jacques Derrida, Jean Baudrillard y Richard Rorty, sostienen, tocante a estas propuestas, que su rechazo a la objetividad, la verdad y el conocimiento científico es consecuencia de haber llevado, en alguna manera ‒y un tanto frívolamente, habría que añadir‒ el pensamiento de Kant a la conclusión lógica a la que él no quiso llegarPara los filósofos posmodernos, que Kant estuviera a favor de la coherencia y de la universalidad tiene un significado derivado y, en última instancia, inconsecuente e irrelevante. Consistencia sin conexión con la realidad, sostienen, es un juego basado en la subjetividad. Si las reglas del juego no tienen que ver con la realidad, ¿por qué entonces todos tienen que jugar el mismo juego? Estas fueron precisamente las implicaciones que los posmodernistas eventualmente sacaron de Kant. Véase Anthony Gottlieb, The Dream of Enlightenment. The Rise of Modern Philosophy, Londres, Allen Lane, 2017.. El filósofo alemán dedicó mucho interés y esfuerzo a analizar la racionalidad objetiva, tomándose muy en serio el desafío del escepticismo por parte de los empiristas, haciéndolo desde sus presuposiciones racionalistas y su idealismo trascendental, y que formuló una compleja y muy elaborada teoría del conocimiento. Sin demasiado éxito, quizáImmanuel Kant, Crítica de la razón pura. Por su parte, Isaiah Berlin, sin llegar a proponer el abandono de la objetividad, se muestra muy escéptico con la posibilidad de lograrla. Véase Isaiah Berlin, Cuatro ensayos sobre la libertad, trad. de Belén Urrutia, Julio Bayón y Natalia Rodríguez Salmones, Madrid, Alianza, 1988..

Los debates modernos eran sobre la verdad y la realidad, la razón y la experiencia, la libertad y la igualdad, la justicia y la paz, la belleza y el progreso. Empero, en el marco posmoderno, esos conceptos siempre aparecen entre comillas y las voces más estridentes del posmodernismo nos dicen que «Verdad» es un mito, «Razón» es una construcción eurocéntrica masculina blanca (apotegma, con el añadido del adjetivo patriarcal, adoptado con entusiasmo por el nuevo feminismo), «Igualdad» es una máscara para las opresiones, y la «Paz» y el «Progreso» se encuentran con cínicos y cansados recordatorios de relaciones de poder, o explícitos ataques ad hominem.

Nuevo feminismo y Contrailustración

Una de las cosas más llamativas hasta la fecha del siglo XXI ha sido el ascenso del feminismo. Ningún otro movimiento goza en este momento de tanta validación política, cultural y de medios de comunicación como lo hace el feminismo. De hecho, en lo que atañe al fundamento básico del feminismo clásico, la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres, hoy no hay nadie tan obtuso que no sea feminista.

Sin embargo, el nuevo feminismo, o feminismo de las second y third wave (segunda y tercera ola), que incluye también al feminismo radical e intolerante, está muy interesado en exponer lo que las elites políticas y culturales de los Cultural and Gender Studies de las facultades de Letras y Humanidades de las universidades de Estados Unidos consideran como la locura de las «ideas masculinas» y los límites del pensamiento ilustradoFeministas renombradas de la second wave son Betty Friedan, Gloria Steinem y Sandra «Casey» Hayden. De la third wave, Rebecca Walker, Jennifer Baumgardner y Amy Richards.. Esto lo explica crudamente, por ejemplo, Jacqueline Rose, autora de Women in Dark Times. El feminismo, dice ella, «debería alertarnos sobre la sinrazón del mundo». Durante demasiado tiempo, dice Rose, hemos creído que «la llamada razón o ilustración de nuestro mundo moderno» puede generar progreso y liberar a la humanidad. Es una historia de la «luz que triunfa sobre la oscuridad», sostiene, y está desactualizada. Lo que necesitamos ahora es una perspectiva de política de género que «se enfrente a la oscuridad con oscuridad». Rose afirma que lo mejor del nuevo feminismo es que puede intervenir en ese lugar turbio, difícil de entender, en algún lugar entre la «biología y la cultura». En suma, en un lugar de la sinrazón que corre por el mundo. Como se puede ver, un verdadero festín de ideas propias de la más radical antiilustración.

Campaña del Brexit: una mentira que circuló como verdad

Muchas de estas propuestas del feminismo más reciente no son nuevas. Durante muchos años, las feministas han cuestionado el ideal de la Ilustración de la indagación racional, incluso objetando la noción de que el mundo puede ser medido y comprendido. En la década de 1990, Sandra Harding, la filósofa feminista estadounidense, definió las formas feministas de conocer como lo que ella llamó «una barricada fuertemente defendida de la razón, la racionalidad, el método científico y la verdad». Describió asimismo el feminismo como «ambivalente sobre la fe de la Ilustración en el método científico»Sandra Harding, Whose Science? Whose Knowledge? Thinking from Women’s Lives, Ithaca, Cornell University Press, 1991. Se hizo célebre cuando escribió que los Principia de Newton eran un rape manual. Luego de las críticas que le llovieron, se retractó de su desafortunada ocurrencia.. Asimismo, en 1989, la escritora feminista Jane Flax criticó las «suposiciones defectuosas de la Ilustración», incluida la «creencia optimista de que las personas actúan racionalmente en su propio interés y que la realidad tiene una estructura que la razón puede descubrir perfectamente»Jane Flax, Thinking Fragments. Psychoanalysis, Feminism and Postmodernism in the Contemporary West, Berkeley, University of California Press, 1990 (Psicoanálisis y feminismo. Pensamientos fragmentarios, trad. de Carmen Martínez Gimeno, Madrid Cátedra, 1995)..

Curiosamente ‒y podría decirse que hasta cínicamente‒, las feministas radicales, pese a que denigran el progreso científico y tecnológico, no renuncian a beneficiarse de sus logros de la mejor y más amplia manera posible.

Ecologismo anticapitalista, ecocatastrofismo y negacionismo del cambio climático

En julio de 2016, un grupo de ciento nueve premios Nobel de Ciencias Naturales firmaron una durísima carta abierta contra Greenpeace por su rechazo a los alimentos transgénicos. El texto urge a la organización ecologista a «reconocer las conclusiones de las instituciones científicas competentes» y «abandonar su campaña contra los organismos modificados genéticamente en general y el arroz dorado en particular». Llegan incluso a acusar a acusar a Greenpeace de «crímenes contra la humanidad». Este es uno de los múltiples ejemplos de cómo muchos movimientos ecologistas han adoptado una postura claramente anticientífica y se han dejado deslizar por la pendiente resbaladiza de la Contrailustración.

Y, sin embargo, la ecología como ciencia y el ecologismo son dos grandes triunfos de la Ilustración en la segunda mitad del siglo XX. La transformación del conservacionismo de muy corto vuelo, inspirado en la Naturphilosophie del idealismo romántico alemán, en geociencia, y del ambientalismo localista del Not in My Back Yard al ecologismo de ámbito planetario, cosmopolita y con conciencia humanista, es fruto de la racionalidad ilustrada, aunque algunos se empeñen en darle la vuelta a la tortilla y responsabilizar a la Ilustración y su racionalidad instrumental ‒entendida ésta, según la Escuela Crítica de Fráncfort como método para incrementar el potencial del hombre con el objetivo de dominar la Naturaleza‒ de la pesadilla ambiental que es la destrucción de los ecosistemas.

Tengo para mí que es errónea esta postura de culpar a la Ilustración y al progreso que promueve de la crisis ecológica actual. En primer lugar, porque la dominación de la Naturaleza no es intrínsecamente perversa y su bondad o maldad para la sociedad y el individuo depende del uso que se haga de ese dominio. De hecho, son muchos más los beneficios que se obtienen para la humanidad del dominio y del control de la Naturaleza que los perjuicios. Además, se cae fácilmente en la falacia naturalista, pues la Naturaleza ‒entendida como ambiente de la vida humana‒ no es de suyo benigna para la humanidad. En segundo término, porque es un reduccionismo que carece de base, pues es un error limitar la idea de racionalidad propia de la Ilustración a la razón instrumental, como hace la Teoría Crítica. La ecología nunca debe oponerse rígidamente a las nociones de la ciencia y la tecnología. Llegar a un acuerdo entre el progreso basado en la ciencia y la tecnología, absolutamente necesario para los individuos de nuestra especie y para sus sociedades, y la degradación del medio ambiente que comporta inevitablemente, sólo puede alcanzarse desde el punto de vista de la ciencia y la tecnología mismas. Un regreso al pasado premoderno no es una opción.

Ocurre, además, que suele ligarse el valor instrumental que se deriva de la razón instrumental que se asocia a la Ilustración con la simple valoración económica de las cosas o las acciones. Desembocamos así en una disputa entre expertos en cuestiones medioambientales. Por un lado, está la visión predominantemente economicista y, por otro, la fundamentalmente ecológica. Suele también decirse que los primeros son optimistas respecto del ingenio y la tecnología humana para resolver las crisis medioambientales y de recursos básicos y no renovables, y que los segundos adoptan posturas pesimistas, cuando no netamente catastrofistas. Lo curioso es que, en general, esta visión de los economistas, ligada al progreso y al crecimiento económico, parece ser, para muchos políticos y activistas «verdes», un mal exclusivo del capitalismo liberal, olvidando que el Estado que surge del marxismo clásico y ortodoxo puede ser ‒y de hecho lo fue‒ tan o más agresivo con la Naturaleza, esquilmando en igual o mayor medida los recursos no renovables. Por eso resulta chocante y hasta un oxímoron hablar de ecosocialismo, una etiqueta demagógica al uso de algunos partidos políticos de izquierdas que buscan el apoyo de los anticapitalistas y antisistemaMichael Löwy, Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista, trad. de Maysi Veuthey, Madrid, Biblioteca Nueva, 2012; Juan Carlos Monedero, Verde izquierda desbordante. Apuntes para un socialismo posmoderno; Ángel Valencia Sáiz (ed.), La izquierda verde, Barcelona, Icaria, 2006. Este es un buen ejemplo de la obscena coyunda entre ecosocialismo y posmodernismo que aqueja a gran parte de la izquierda española..

En realidad, la tradición marxista estaba más incapacitada que la liberal para afrontar la crisis de conciencia ecológica que crearon en los países de economía de mercado los movimientos sociales de finales de la década de 1960. Sólo cuando los marxistas, así como los partidos socialistas y socialdemócratas, vieron el gran éxito social y político de los movimientos cívicos «verdes», empezaron a interesarse por cuestiones medioambientales. Entonces observaron un importante movimiento capaz de producir cantidades notorias de votos e intentaron influir en él, pero fue y es simplemente una cuestión de interés en el poder político, más que un intento sincero de incorporar en sus programas y planteamientos económicos las tesis y propuestas de los ecologistas, lo que significaría cambiar de raíz la ideología básica de progreso y desarrollo social de la izquierdaJohn Bellamy Foster, Marx’s Ecology. Materialism and Nature, Nueva York, Monthly Review Press, 2000. Asimismo, véase Manuel Arias Maldonado, «Retórica y verdad de la crisis ecológica»..

Frecuentemente nos topamos con posturas anticientíficas y seudocientíficas, tremendamente intolerantes, de los teóricos y líderes de los movimientos ecologistas

Ante esta situación, la izquierda «verde» y enemiga de los valores principales de la Ilustración ‒el humanismo, la verdad y la objetividad, por otro lado, no interesan lo más mínimo‒ recurre a grandes generalidades que acaban convirtiéndose en manidos tópicos, como el llamado desarrollo sostenible. Todos los ecologistas y políticos «verdes» hablan de esta estrategia (que ha acabado contagiado a la izquierda tradicional), aunque no hay acuerdo ni en lo que realmente significa ni en cómo ponerla en práctica, si bien, normalmente, se propugnan drásticas medidas de control y gran intervención estatal en los procesos económicos e industriales (algunas propuestas rozan el «estalinismo ecológico»). Frecuentemente nos topamos con posturas anticientíficas y seudocientíficas, tremendamente intolerantes, de los teóricos y líderes de los movimientos ecologistasEs frecuente que las organizaciones ecologistas cuenten con científicos y expertos técnicos en nómina o como colaboradores voluntarios. Salvo pocas y honrosas excepciones, estos suelen limitarse a intentar dar una vitola de seriedad y prestigio académico a las doctrinas políticas de estas organizaciones «verdes».. Como acaece en el caso de los organismos genéticamente modificados (esto es, por ejemplo, plantas y animales transgénicos), donde el exceso de celo puesto en aplicar a rajatabla el llamado principio de precaución va bastante más allá de lo científicamente razonable para la evaluación de los posibles riesgos. Al rechazo de muchos ecologistas de los organismos genéticamente modificados, basado en la exageración de los peligros de contaminación genética de cultivos más o menos próximos a aquellos, que supondría comprometer en mayor o menor medida la biodiversidad del entorno, y en la desmesurada estimación de los hipotéticos daños para la salud de los consumidores, se junta el de los profetas y propagandistas de los movimientos antiglobalización y «altermundistas», derivado del recelo de la imposición del llamado «monopolio de las semillas» y otros productos asociados ‒como los pesticidas específicos‒ por parte de una pocas y demoníacas multinacionales de biotecnología de la agricultura y los alimentos (de las que Monsanto es la bête noire), lo que condenarían a la pobreza y a la hambruna por los siglos de los siglos a los países pobres y subdesarrollados. Estas creencias y planteamientos políticos han calado hondo en la opinión pública de muchos países europeos, lo que ha ocasionado moratorias en la Unión Europea, a veces, injustificadas, y largos, difíciles y muy costosos procesos para la aprobación de cultivos transgénicos. Esta situación europea, forzada por una opinión pública cuyo desconocimiento y credulidad han sido convenientemente manejados para lograr una fe ciega en creencias irracionales y supercherías, es muy posible que nos deje a los europeos en desventaja científica y tecnológica respecto de otros países, principalmente Estados Unidos. Pero cuando numerosas organizaciones no gubernamentales se oponen a las donaciones estadounidenses de grano a países africanos que sufren una tremenda hambruna por la falaz y absurda razón de que, por ser transgénico, es perjudicial para la salud, ya no es un problema de posible retraso tecnológico, sino un grave error, casi un delito de lesa humanidad. Un ejemplo paradigmático a la vez que patético de esta «guerra de las semillas y de los organismos genéticamente modificados» lo encontramos en la célebre ecofeminista, prolífica escritora de panfletos y líder del International Forum on Globalization, la india Vandana Shiva. Pese a que, al parecer ‒y no tengo razones para dudarlo‒, es doctora en Física Teórica, es una relativista cognitiva extrema, una especie de «ludita posmoderna», y sus dogmatismos e ignorancia de los más sencillos principios agrícolas constituyen un peligro público, no sólo para su país, sino para muchos otros del sur de Asia, donde se la escucha con devoción y respeto.

Párrafo aparte merece el movimiento ecológico contracultural más ligado a los foros antiglobalización y «altermundistas» y a la new age: la ecología profunda y sus derivados, como el ecofeminismo. La ecología profunda (deep ecology o, también, ecosophy) es tan fundamentalista y dogmática, tan mística y esotérica que, más que una corriente ecologista de talante básicamente contrailustrado, es una religión neopanteísta y pampsiquista, sin iglesias y con grandes dosis de sincretismo y relativismo cultural posmoderno extremo. Surge de los escritos de Arne NaessHarold Glasser (ed.), The Selected Works of Arne Naess, vols. 1-10, Dordrecht, Springer, 2005. y se basa en un desprecio visceral por el conocimiento racional y empírico de la ciencia, y su sustitución por una arcana sabiduría de nuestro «yo interior y espiritual» y la sapiencia trascendente de la Madre Tierra. Por su parte, el ecofeminismo culpa al patriarcado y al antropocentrismo de todos los males de la biosfera y propone una ética feminista para la ecología, basada en la idea de la Naturaleza como diosa femenina, Gaia, que nos nutre, cuida y protege.

En la actualidad estamos viviendo otro ejemplo de la eclosión de los enemigos de la Ilustración relacionado con la conservación de la biosfera. Se trata de la postura asimismo anticientífica, basada no sólo en cuestiones económicas, sino también en las de origen en la fe evangélica, de importantes e influyentes sectores de la población estadounidense respecto a la negación de la naturaleza antrópica del calentamiento global que amenaza con destruir la vida sobre la Tierra. Así, la mayoría de los legisladores y altos cargos republicanos de la Administración Trump, empezando por el propio presidente, responsables de la formulación de las políticas medioambientales, y los medios, particularmente los afines a los ultraconservadores, afirman frecuentemente que la ciencia climática es altamente incierta. Algunos han utilizado esto como argumento en contra de la adopción de fuertes medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, según informa la agencia Reuter, el actual director de la prestigiosa ‒a nivel internacional‒ Environmental Protection Agency, nombrado por Donald Trump, afirmó recientemente (febrero de 2018) que no está convencido de que el dióxido de carbono emitido a la atmósfera por la actividad humana sea el principal impulsor del cambio climático.

Esta postura, por supuesto, no la comparten la práctica totalidad de los científicos expertos en ciencias de la atmósfera que son empleados o consultores de la Environmental Protection Agency, que han respondido con dureza y presteza a las declaraciones públicas del director de esa reputada agencia federal. Se basan en el consenso internacional de los científicos expertos en climatología sobre el origen fundamentalmente humano de la crisis climática, que se ha hecho popular, bajo la denominación de «el consenso del 97%», una cifra que apareció por vez primera en un importante y célebre paper titulado Quantifying the consensus on anthropogenic global warming in the scientific literature (2013, citado con encomio por el presidente Obama y por el primer ministro británico David Cameron), un extenso, meticuloso y riguroso metaanálisis de la literatura científica relevante llevado a cabo por nueve reconocidos expertos, bajo la dirección de John Cook (Universidad George Mason de Virginia).

El negacionismo está además muy extendido entre los evangélicos más conservadores e intolerantes, que afirman la necesidad de una lectura literal de las Escrituras. Prominentes baptistas del Sur y otros protestantes evangélicos han emitido declaraciones que son sorprendentemente similares a los puntos de vista y propuestas de los escépticos seculares republicanos del cambio climático, y han tratado de erradicar los esfuerzos de los «verdes» dentro de sus propias filas. Un análisis de las resoluciones y campañas de los evangélicos en los últimos cuarenta años muestra que el antiecologismo en el seno del cristianismo conservador surge del temor a que la «mayordomía cristiana» (stewards of creation, según el argot de los baptistas del Sur) de la creación de Dios se desvíe hacia la adoración de la Naturaleza neopagana, además de emanar de creencias apocalípticas de origen bíblico sobre los «tiempos finales» que hacen, según los negacionistas del calentamiento global de origen antrópico y enemigos de la actuación responsable para reducirlo e incluso pararlo, que no tenga sentido preocuparse por dicho calentamiento global, pues los cristianos, según la promesa de Dios, «esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 Pedro 3,13).

Populismo autoritario, nacionalismo etnolingüístico y política de identidades

«Lo que ha venido denominándose “populismo” no es sino la respuesta al enorme deterioro social, político y económico en que se sumió Venezuela en los ochenta y noventa»: esta definición de populismo corresponde a un populista y ecosocialista posmoderno, Juan Carlos Monedero, profesor universitario y uno de los cerebros detrás del origen del partido político Podemos, ejemplo patrio de populismo de extrema izquierda. Una más de las muchas definicionesLa más ocurrente definición, coloquialmente hablando, y parodiando a Groucho Marx: «Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros». que se han propuesto para este fenómeno social y político que, en realidad, está en la misma naturaleza de la democracia e incluso hunde sus raíces más allá de la Grecia clásica, pues es posible rastrearlas en la Biblia hebrea. Lo cierto es que ninguna de las definiciones académicas de populismo hace justicia a este complejo factor inherente a las luchas por la organización y el poder en las sociedades humanas.

Por decirlo con un término muy de moda, sobre todo para el independentismo populista de Cataluña, el populismo del siglo XXI es transversal y va desde la extrema izquierda a la extrema derecha del espectro político. Además, ha alcanzado una importancia y predominio en las opiniones y creencias popularesTocante a la credulidad humana, viene a colación una cita atribuida a Santiago Ramón y Cajal que, aunque originalmente referida a las creencias en lo sobrenatural y en lo esotérico, se aplica perfectamente al populismo: «El hombre dispone de reservas inagotables de fe en lo sobrenatural, o simplemente en lo absurdo, a los cuales se aviene, reverente y sumiso, con tal que los defiendan elocuentemente personas radiantes de voluntad dominadora y provistas de la teatralidad y escenografía convenientes». como nunca anteriormente en la historia, debido a la revolución en la comunicación que han significado Internet, con sus redes sociales y blogs de opinión, las televisiones y la omnipresente telefonía móvilSin esta explosión de medios de comunicación hubiesen sido impensables fenómenos como el de la difusión de falsas noticias y de fake news, tan importante para explicar el auge del populismo en el inicio del siglo XXI. Los autores de un reciente artículo publicado en la revista Science, «The science of fake news» distinguen entre noticias falsas y fake news, siendo estas últimas algo que no sólo es falso, sino que se fabrica para ocultar el hecho de que es falso..

Junto con sus características de siempre, como son la irracional apelación a los sentimientos y opiniones más elementales, simples y viscerales de la gran mayoría de la población; el desprecio de la verdad y la racionalidad, la manipulación de los hechos ‒lo que se llama ahora con eufemismos «hechos y verdades alternativas», de tanta importancia en los acontecimientos dichos de la posverdad, como fueron el Brexit y la victoria electoral de Donald Trump‒, el predominio del grupo que esclaviza al individuo, su aversión por el pensamiento libre y crítico, aparecen rasgos nuevos o la amplificación de otros de siempre, como son la ira, la indignación, el autoritarismo, la intolerancia más extrema, el sectarismo, el «cuanto peor, mejor», el aldeanismo y el anticosmopolitismo, el tribalismo posmodernoEl tribalismo posmoderno es, para la ONU, una propuesta surgida a finales del siglo XX y que se basa en la llamada «teoría de la infinita divisibilidad», que propugna el derecho a la autodeterminación con carácter general, lo que puede llevar a una progresiva fragmentación del territorio mediante la aplicación de criterios nacionalistas cada vez más estrictos, produciéndose tras cada secesión una nueva secesión., el multiculturalismo posmoderno y la política de identidades (con especial predilección por las étnicas, sexuales y religiosas); el tercermundismo, las pseudociencias (sobre todo lo que atañe a las medicinas alternativas y el rechazo acrítico de los organismos genéticamente modificados), el feminismo radical y las políticas de género y la sexodiversidad, por citar unos cuantos elementos del populismo contemporáneo. Como se ve, una letanía muy completa de ideas y propuestas fundamentalmente contrarias a los valores de la Ilustración.

«Si usted cree que es ciudadano del mundo, usted es ciudadano de ninguna parte». Esta frase fue pronunciada por Theresa May en la conferencia del Partido Conservador de Gran Bretaña en octubre de 2006 como justificación de los resultados del referéndum llamado Brexit. El anticosmopolitismo expreso de esta sentencia es un claro ejemplo de cómo los sentimientos y las ideas de los nacionalismos son un claro repudio a los valores de la Ilustración. Pero no sólo es el anticosmopolitismo lo que hace al nacionalismo moderno claramente enemigo de la Ilustración. Muchos de los elementos propios de la Contrailustración que hemos señalado en el posmodernismo, el ecologismo radical, en el nuevo feminismo y en el populismo los encontramos, a veces agravados, en el nacionalismo, como vemos a diario en Cataluña y el País Vasco.

El nacionalismo tiene, además, el carácter comunitario y grupal, en el sentido de subordinar al individuo al grupo nacionalista. El antiliberalismo y antiindividualismo, además del rechazo al librepensamiento autónomo por parte del nacionalismo, son ideas, sentimientos y actitudes claramente contrarios a la Ilustración. Además, el carácter de grupo cerrado (megárico), hostil e intolerante con los que no pertenecen a él que imponen los nacionalistas, amén de tender a rechazar a algunos de sus propios miembros considerados tibios o crítico con el ideal nacionalista, son especialmente negativos y violentos ‒con una violencia que, a veces, llega a ser física‒ con los que no pertenecen a dicho grupo nacionalista.

Fernando Peregrín Gutiérrez es ingeniero y ensayista.

03/10/2018

 
COMENTARIOS

Edward Baker 03/10/18 14:29
Un matiz. El autor acierta al decir que para los posmodernos la objetividad es un mito, lo que no significa que todas las interpretaciones sean por igual válidas, sino que son simplemente interpretaciones y han de ser interpeladas así, sin más ni más.

Alberto Villa 03/10/18 18:35
Hace poco me encontré con una antigua compañera de trabajo (era administrativa). Le pregunté a qué se dedicaba ahora, y me dijo que a la medicina alternativa. Ante mi cara de sorpresa (no me esperaba esa respuesta), se sintió en la obligación de explicarme que había hecho un curso de “sanación” con flores de Bach y que esos conocimientos los aplicaba en el centro donde trabajaba. No seguí preguntando. Cerca de mi casa hay un centro de estos; no me resisto a transcribir lo que decía un folleto que habían pegado en la marquesina de una parada de autobús (confieso que la arranqué y la escaneé para mi colección particular): “Concierto BAÑO DE GONG Sábado, tal fecha, tal hora. Sesión sonora donde se emplea el Gong como instrumento principal y de una manera terapéutica. Acompañado por sonidos de Flautas Nativas, Caracolas, Cuencos Tibetanos, Canto Armónico y Mantras. Los beneficios de este maravilloso instrumento están al alcance de todos. Fulano Mengánez. Insripción previa. Aportación 15€.” Perdonad la broma, pero lo que pensé es que por menos de 50€ no estaba dispuesto a asistir a concierto semejante.

Olympia González 04/10/18 03:35
Resulta interesante que también el Papa Francisco y algunos de sus acólitos se hayan incorporado a estos movimientos ecologistas como al posmodernismo en muchas de sus variedades. En esa ensalada entra también su populismo, aprendido en los altos hornos argentinos. Parece que estas posturas irracionales siempre vienen combinadas. Son "movimientos", como lo fue el Fascismo.

Antonio Ramos 04/10/18 12:31
Lo que aquí se defiende equivale a afirmar que Miles Davis o John Coltrane no aportaron nada a la música y que en cambio la ópera "Luna" de José Mª Cano es encomiable por recuperar el clasicismo. Un disparate. Antes de entrar a podar un jardín, conviene aprender a manejar las tijeras y me temo que el autor no tiene un conocimiento suficiente de la historia cultural y del pensamiento del Siglo XX para llevar a cabo la tarea que se propone.

vasili hernando 07/10/18 18:01
A D.Antonio Ramos, con todos mis respetos: extraído de la cita número 16:
Fake news: algo que no sólo es falso, sino que se fabrica para ocultar el hecho de que es falso.
En ningún momento el autor hace semejante afirmación como la que Vd. sugiere. De hecho en ningún momento menciona el arte y el sentimiento como incompatibles.
Usted mismo se retrata como populista, de hecho con su "irracional apelación a los sentimientos y opiniones más elementales, simples y viscerales". Con su facilidad para hundir un artículo de miles de palabras en cuatro líneas facilonas, simples, fuera de contexto.
Ilustrenos con su profundo conocimiento de la historia cultural y del pensamiento del s. XX.

Viajero 07/10/18 18:54
Sin ningún ánimo de nada, sólo es una humilde aportación al autor.
Le sugiero que lea el siguiente texto: Ihab Hassan, Towards a Concept of Postmodernism, un muy citado ensayo por aquellas personas que se dedican a estudiar la postmodernidad-lo posmoderno, y que lo puede encontrar en la siguiente obra de este teórico de la posmodernidad.

The Postmodern Turn: Essays in Postmodern Theory and Culture.
Michigan: Ohio State University Press, 1987.

For your record. Como podrá advertir, el texto de Ihab Hassan, Professor en University of Wisconsin–Milwaukee, es anterior al de Lyotard. Sin ser un estudioso de este concepto, y a pesar de haber leído algunos ensayos sobre esta cuestión, me parece que Hassan, Lyotard, Baudrillard and cia. difieren en la definición del término. Saludos.

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