El mal de las horas
Se ha convertido casi en lugar común saludar en cada nuevo libro de Eloy Tizón su originalidad y su arriesgada propuesta de innovación. La crítica se siente cómoda con este tipo de fórmulas que expresan una verdad inobjetable al tiempo que la erosionan con la repetición ritual. La solidez de las obras es el único baluarte desde el que el escritor puede defenderse de ese desgaste en el que tantas veces se cifra la permanencia o la fugacidad de su nombre en los panoramas de actualidad o incluso en los que aspiran a la posteridad. Por suerte para Tizón, su narrativa dispone de las suficientes cualidades para desprenderse de las etiquetas elaboradas para mayor molicie de la crítica, incluidas las






