Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

Lo correcto en medio de lo falso

También los libros, como los humanos, sufren el paso del tiempo, que los falsifica o engrandece.También cumplen años y merecen un recuerdo en el que perdonamos su decrepitud o celebramos lo poco que han envejecido. Para que un libro forme parte de los mejores no hace falta que resuelva un problema; basta con que lo plantee de un modo del que no quisiéramos desprendernos. Uno ya no cree en la perennidad de los problemas filosóficos, como tampoco en que los viejos sean necesariamente los más sabios, pero sí en que determinados hallazgos deberían acompañarnos siempre. Hace ahora cincuenta años publicó Adorno Minima moralia. Reflexiones desde la vida dañada, uno de esos libros que no han dejado de estimular la reflexión

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Poética del saber

Suele decir Odo Marquard que cada libro de Hans Blumenberg es como una pequeña novela policíaca. Su obra póstuma es todavía extensa, por lo que quienes estamos enganchados a ella aún podemos esperar unas cuantas sorpresas criminológicas. Sus trabajos documentan la persecución de los conceptos a través de las pistas que han ido dejando en la historia, con la intriga que proporciona un resultado imprevisible o el suspense creado por los cambios de contexto. La metáfora es de lo más apropiada, pues también en la investigación filosófica hay cadáveres (conceptos que se mueren pero que, para complicar más las cosas, siguen actuando después de muertos, innovaciones que asesinan lo hasta entonces vigente), delitos (trasgresiones de lo general, peculiaridades que no

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Un razonable porvenir

Todos los progresos humanos van acompañados de una sombra en donde se cultiva el imaginario de los desastres. A medida que avanza el saber no disminuye el temor a una secreta amenaza que se aloja, precisamente, emboscada tras ese saber. Cada vez tenemos más poder para viajar, comunicarnos, conocer, hacer valer nuestra opinión, pero cada vez resulta más fascinante la sospecha de que ese poder es ilusorio y más grato a nuestros oídos el discurso que denuncia medidas represivas de poderosas instituciones contra el individuo desvalido. Todavía hoy es convincente el discurso contra la opresión de instituciones más grandes y más poderosas (estado, educación, nuevas tecnologías, medios de comunicación o medicina) contra el individuo, representado como una persona inerme (ciudadano,

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