ARTÍCULO

Los conjuros de José Carlos Llop

Muchnik editores, Barcelona, 176 págs.
Península, Barcelona, 64 págs.
Península, Barcelona, 272 págs.
 

En la «Poética» incluida en La oración de Mr. Hyde dice José Carlos Llop: «La escritura / le sirve de conjuro / y es también la memoria / de otras vidas que tuvo / o pudo tener, / cuando el tiempo / aún no era ese lago tranquilo / que la niebla oscurece a menudo». Esas vidas reales o imaginadas, entre la memoria y la ensoñación, conforman uno de los ejes de la literatura de este autor, de quien en los últimos meses han aparecido tres libros representativos de sus diferentes facetas literarias: el citado poemario La oración de Mr. Hyde, la novela Háblame del tercer hombre y los Diarios, un volumen que recopila tres entregas –La estación inmóvil,Champán y sapos y Arsenal– que se habían publicado por separado entre 1990 y 1996, y a las que siguió una cuarta, Japón en Los Ángeles, aparecida en 1999.

Son muestras del quehacer de un escritor en tres géneros, que él cultiva como partes de un mismo universo literario: su poesía tiene una considerable carga narrativa, su novelística una clara inclinación poética y sus diarios tienen un tono que aúna lo poético y lo narrativo.

De Háblame del tercer hombre podríamos decir que es una novela en blanco y negro. Ya el propio título nos da algunas pistas acerca del tono del libro, con su explícita referencia a la película de Carol Reed, que los padres del protagonista han visto y cuya trama le explican. La elección de este referente cinematográfico no es casual: El tercer hombre es un filme de ambigüedades y mitos que se desmoronan, de zonas de sombra, de engaños y mentiras. Y de todo eso trata la novela de Llop.

El protagonista va descubriendo, con fascinación e inquietud, un mundo de paradojas y enigmas: la aparición de unos pasquines que se mofan del caudillo y detrás de los que hay una supuesta conjura monárquica, el hallazgo de un cadáver, la visión del cuerpo desnudo de una adolescente en una piscina subterránea, una película contemplada desde el altillo de un café contiguo al cine, la singular colección de objetos de una señora francesa, el cabaret al que lo lleva su tío, las relaciones de poder que se establecen entre ciertos personajes militares y civiles, y un posible adulterio en el que está implicada la madre. Una serie de situaciones que confluyen en el tema central del libro: los ritos de tránsito hacia la madurez del personaje y su descubrimiento del mundo adulto. En esta novela, Llop consigue la que, sin duda, es su obra narrativa más sólida.

El universo de referencias de la novela está también muy presente en La oración de Mr. Hyde. La poesía de Llop tiene una marcada influencia borgiana, en la que abundan esas enumeraciones a la manera del escritor argentino, ya desde el primer poema, «1956», en el que el autor repasa los acontecimientos del año en que nació. Hay también cosmopolitismo, ecos de fantasmas del pasado, capitales exóticas, la ensoñación de aventuras posibles y abundantes homenajes literarios –«Imagino cómo sería mi vida / sin las anotaciones de Chamfort, / Jünger, Canetti o Cyril Connolly»–, entre los que destaca el poema que cierra el libro, «Tarjetas de visita», en el que el autor imagina las casas simbólicas de los escritores que admira. Y hay también rememoraciones, con irónicos guiños melancólicos, del propio pasado, como en el poema titulado «Hotel», un recuerdo erótico en la piscina de un hotel, con tres jóvenes francesas que corretean semidesnudas.

Y es que en el poemario aparecen muy bien dibujados los dos universos paralelos entre los que fluctúa la literatura de Llop: el mundo de las ensoñaciones literarias y la propia experiencia vivida, recordada con una mezcla de nostalgia y causticidad.

En cuanto al volumen de los diarios, no es estrictamente una novedad, pero sí una buena muestra del trabajo de Llop en este terreno. Los suyos son diarios hechos de leves pinceladas cotidianas, pequeños gestos, miradas fugaces, lecturas de escritores amados, detalles aparentemente anodinos que se revelan epifanías.

En conjunto, la de Llop es una literatura voluntariamente «menor», que gusta del trazo insinuante, de los guiños al lector, y que huye de la grandilocuencia. Llop, que ha nacido y vive en Mallorca, cultiva una insularidad no sólo geográfica sino también literaria: al margen de las tendencias en boga y casi con sigilo, va forjando una sugestiva obra literaria.

01/02/2002

 
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