ARTÍCULO

Paro y tiempo en Marienthal

Ediciones La Piqueta, Madrid, 1996
Traducción y presentación de Fernando Álvarez-Uría y Julia Varela
 

«De vez en cuando alguien pasa corriendo: es el tonto del pueblo». El pueblo es Marienthal, una comunidad obrera cercana a Viena. Los que hacen la observación son unos jóvenes investigadores sociales, cercanos al Partido Socialista austríaco. A instancias de uno de sus dirigentes, Otto Bauer, han abandonado su inicial interés por estudiar el ocio de los trabajadores y se han desplazado a esa comunidad azotada por el paro para investigar sus efectos socio-morales. El resultado es esta monografía sobre los parados de Marienthal, un clásico de la sociología sobre la que muchos habrán oído hablar y que pocos habrán tenido la oportunidad de leer. Publicada en 1932, es ahora traducida al castellano con un magnífico estudio introductorio de F. Álvarez-Uría y J. Varela, que la sitúa en su contexto y reivindica su actualidad en estos tiempos del paro estructural.

La imagen del tonto del pueblo corriendo no es una anécdota marginal: define, por contraste, el mundo que los investigadores estudian. Pues su interés no se limita a dar cuenta de las condiciones materiales en las que viven los parados, sino que se expande hacia la reconstrucción de su mundo de vida, especialmente el modo en que administran y viven su tiempo. Ese tiempo ha dejado de ser un bien a administrar para convertirse en algo vacío del que sólo se espera que pase. Los hitos que lo estructuran son triviales: levantarse, desayunar, comer, cenar, dormir. Entremedias no hay nada sustancial; sólo desplazamientos lentos, actividades sin sentido que se alargan para llenar huecos, conversaciones fantasiosas sin finalidad alguna. La prisa desaparece, pero también el tiempo propio; sólo el tonto del pueblo se afana en correr, convirtiéndose así en la imagen irónica de un mundo desfondado.

La investigación muestra cómo este marco cotidiano alimenta la desesperanza ante el futuro. Según se agrava y hace crónica la situación de paro, se va esfumando la esperanza en un futuro plausible para sí mismo o para los hijos. El proceso está pautado: el cauto optimismo inicial se convierte en resignación y acaba en desesperación. Entre tanto, la trama sociocultural de la comunidad obrera se va descomponiendo. Lo muestra la disminución de los índices de lectura, la paralización de las actividades culturales y de la vida asociativa anterior, la progresiva pérdida de confianza en los antiguos compañeros de trabajo.

Tal era, en alguno de sus rasgos más sobresalientes, el mundo de los parados de Marienthal. La investigación que lo retrató puede parecer ingenua y primeriza en estos tiempos de sociología cuantofrénica. Pero no es su ingenuidad lo que debería llamarnos la atención, sino el mundo de posibilidades que se hacía a la luz en esa coyuntura en que la sociología, tal como la entendemos en la actualidad, se ponía en marcha. Entonces no parecían todavía respetables las fronteras entre investigación cuantitativa y cualitativa, aproximación psicológica y sociológica, método antropológico e histórico. Lazarsfeld y colaboradores contrabandeaban esas fronteras, sin duda porque entonces eran muy difusas. Ese contrabando permitía un retrato rico, complejo y matizado del mundo social, aun cuando no se dispusiera de técnicas muy sofisticadas para engendrar datos o trabajarlos. La sofisticación llegó después, pero para dar cuenta de un mundo empequeñecido y trivializado en el que las preguntas sustantivas fueron generalmente arrinconadas por culpa de una mezcla de pereza y dogmatismo metodológicos. Es evidente que el mismo Lazarsfeld fue culpable, tras su exilio americano, de esa reorientación de la sociología hegemónica. Hay que recordar que acabó siendo celebrado como uno de los padres de la sociología empírica de orientación más cuantitativa, como resaltan los prologuistas de este libro. Por eso no se puede leer su investigación sobre el mundo de los parados de una pequeña comunidad obrera de los años treinta sin sentir nostalgia por las oportunidades perdidas. Y por eso también conviene releer ahora esta breve monografía como punto de partida de una sociología que pudo ser y no fue, pero que ahora resulta claro qué debería haber sido y qué conviene que sea en el futuro.

01/05/1997

 
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