Revolución y aburrimiento
Antes de la revolución, ese enfant terrible de la cultura francesa que fue Jean-Luc Godard hizo una serie de películas que nos sirven hoy para comprender mejor ese Mayo francés que venimos conmemorando a lo largo de este año con una mezcla de nostalgia y desapego. Lejos aún de la abierta politización que representa La Chinoise (1967), Godard hizo en Pierrot le fou (1965) la crónica de un amour fou cuyos protagonistas se refugian el campo de la alienación urbana y, un poco antes, retrató en Bande à part (1964) a un grupo de jóvenes estudiantes, rebeldes sin causa de un tipo presentado ya por Henri-Georges Clouzot en La Vérité (1960). Aparte de legar a la posteridad una memorable escena musical con jukebox incluido ?posible inspiración de Tarantino en Pulp Fiction y homenajeada por Hal Hartley en Simple Men a los sones de Sonic Youth?, Godard compone una escena, a la vez encantadora y desesperante, que acierta a encapsular una parte del 68 francés: aquella en la que estos jóvenes bohemios «desafían» a la cultura de su tiempo atravesando a la carrera y entre risas las salas del solemne Louvre sin mayor objeto que ejercer su juventud.









