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Un retrato intelectual de los hermanos Coen

Hey, dude! El toque Coen

Francisco Javier Rodríguez Barranco

Málaga, Ediciones Azimut, 2024

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Nada tan pertinente como hacer uso del humor para la escritura de un ensayo sobre unos cineastas que, desde su primer film, han convertido la ironía y el humor en una de sus señas de identidad. Rodríguez Barranco ha venido dando muestras de su facilidad para sacarle una sonrisa al lector, o una carcajada, en su ya extensa bibliografía, sea en novelas ―Las estrellas no tienen novio, Al sol le brotan ramas de alegría―, sea en cuentos ―Los perfiles olvidados―, o en sus libros de cine ―50 pelis de hoy (2011-2015) ―. Imposible, pues, que su afición cinéfila pudiera resistirse a la obra de los hermanos de Minneapolis, caracterizados precisamente por el autor por ese toque Coen que da título al libro y que actúa como un disolvente del convencionalismo. El humor de los Coen descontextualiza la secuencia o la escena con varios propósitos: hacerla brillar, mantener alerta al espectador sacándole una sonrisa, o mostrar el sinsentido de muchas de nuestras acciones. Como el toque Lubitsch, atribuido al cineasta Ernst Lubitsch, la fina ironía es capaz de hacer tambalear las situaciones más envaradas o poner nervioso al personaje más estirado. Permítanme un ejemplo, de los muchos que propone el autor, referido a O Brother, Where Art Thou? En esta película, Ulises es un delincuente que ha estado en la cárcel por usar una licencia falsificada de abogado: «Por eso, cuando consigue reunirse con su mujer y esta le pregunta que a qué se va a dedicar, responde: “Dentista: conozco un tipo que puede falsificarme la licencia”» (127). Un ejemplo de «sutil sentido del humor» con el que nos damos cuenta de que en nada ha servido la cárcel para reformar al personaje.

Pero no solo de humor vive el hombre, tampoco las películas de los hermanos Coen, por eso Rodríguez Barranco se propone desde la misma introducción otra tarea: la de amplificar los significados de las producciones cinematográficas de los dos cineastas para mostrar todas las referencias que las impregnan. No pretende desmontar la crítica o entrar en conflicto con lo que se ha dicho de ellos hasta ahora, solo busca proporcionarle al espectador unas herramientas intelectuales que le permitan ir un poco más allá en la comprensión y el disfrute pleno de su cine. Esas referencias son de cuatro tipos: religiosas, literarias, metacinematográficas ―el cine dentro del cine― y filosóficas. Hace una clasificación de todos los largometrajes según predomine en ellos una u otra, obteniendo un resultado clarificador, sugerente y, sobre todo, enriquecedor. No se arredra el autor frente a la «sonrisita desdeñosa» que alguno pueda mostrar ante la posibilidad de un sentido trascendente de filmes como Arizona Baby, No es país para viejos o Valor de ley, construidos con la vista puesta en la Sagrada Familia, Moisés, Job o la Santísima Trinidad. Esa «sonrisita desdeñosa» posmoderna que solo concibe el arte con criterios inmanentes debería caer en la cuenta de que las obras artísticas están para romper los límites de lo humano. No olvidemos tampoco que los hermanos Coen son judíos, conocedores de la tradición religiosa y de la importancia del humor en el judaísmo, desde la Antigüedad hasta las obras de Kafka, Philip Roth o Woody Allen, como ha mostrado Jeremy Dauber en El humor judío. Una historia seria (Acantilado, 2023), a la que remito al lector.

En cuanto a las referencias literarias que el autor descubre en la filmografía de los Coen, estas van desde las más explícitas a Edgar Allan Poe en The Ladykillers o a Homero en O Brother, Where Art Thou?, a otras más sutiles a Joyce o Kafka que se diseminan en distintas películas. Es excelente y completo el análisis que hace de la mencionada O Brother, Where Art Thou?, donde identifica a Odiseo, Tiresias, Poseidón, Palas Atenea, Telémaco, y reconoce distintas aventuras de Odiseo que los hermanos de Minneapolis transcriben en imágenes con su peculiar manera.

Quizás sea en Barton Fink donde el metacine da sus mejores frutos. Recordemos que Fink es un autor teatral que pasa de Broadway a Hollywood para convertirse en guionista de cine: la alta cultura y la cultura popular dándose la mano. Aunque, en realidad, lo que pretenden los productores que le han encargado el guion es que escriba un melodrama ambientado en el mundo de la lucha libre. Los Coen no pretenden enseñarnos las complicaciones de un rodaje, sino los escasos miramientos de unos productores para poner el dinero por encima de una creatividad que no entienden, así como la angustia de un autor de teatro metido a hacer el guion de una película espantosa en la que tampoco cree.

Por último, el autor llama «Las cosas del pensar» al capítulo en que se ocupa de los contenidos filosóficos que se recogen en algunos de los filmes: Muerte entre las flores, donde prevalece la ética de Hume, que sitúa la emoción como referente moral; el existencialismo de Inside Llewyn Davis, para mí, la película más impregnada de melancolía de la filmografía de los Coen; la hobbesiana Fargo, ya saben, el hombre venido a lobo cuando tiene a un semejante enfrente ―homo homini lupus―; el nihilista el Nota, protagonista de El gran Lebowski, donde también se dejan caer, a menudo con un sentido paródico, alusiones a Karl Marx o Friedrich Engels. Se aprecia el gusto del autor por esta película, donde ve ese genuino toque Coen que define en este mismo capítulo como «Un humor sutil que no busca la carcajada estentórea que provoca un tartazo en la cara, sino una sonrisa mucho más interiorizada» (235).

Cabe reseñar que Rodríguez Barranco sigue una estructura muy similar al ocuparse de cada una de las cintas, proporcionando al lector una claridad de exposición que agradecerá. Primero hace una introducción que le sirve para situar la obra en su contexto histórico o para valorar el no siempre acertado título con el que se ha distribuido en España; se ocupa, luego, de lo que ha dicho la crítica cinematográfica. En tercer lugar, justifica y desarrolla la inclusión de la película en ese determinado apartado: religioso, literario, metacinematográfico o filosófico, destacando, cuando resulta pertinente, lo que la hace original en relación con los otros filmes tomados como ejemplo. Normalmente remata con una conclusión en la que destaca el elemento definitorio de esa obra.

Sin querer entrar en discusión con la crítica, Hey, dude! se añade a la ya ingente bibliografía sobre los dieciocho largometrajes de los hermanos Coen ―Joel dirige, Ethan produce; intercambiados los papeles, creo que la cosa no funciona―, ampliando la manera de verlos, apreciando los múltiples valores culturales e ideológicos de una obra aderezada con un «toque» que se eleva a hecho distintivo. Solo echo en falta un índice de nombres al final del libro, poca cosa para todo el provecho que proporciona.

Manuel Sánchez-Campillo es escritor y crítico literario. Ha escrito crítica literaria para las revistas Per Abbat (Boletín de actualización filológica), de cuyo comité de redacción fue miembro, Letra Internacional, Mundo crítico, Babab, CLAVES de razón práctica, donde también escribe sobre cineHa sido colaborador de la revista de cine Zinemut.

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Los hermanos Coen, 2016. Imagen: Shelley Prevost
Los hermanos Coen, 2016. Imagen: Shelley Prevost

Ficha técnica

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