
En el arrabal de senectud
«A todo se llega. He aprendido a ser sucio. Y me parece bien». El aforismo de Juan Ramón Jiménez intentaba otorgar su inherente distinción y aplomo al estado natural al que lleva cualquier transcurso vital. Pero a su cita se le podrían enfrentar muchas otras de tantos otros autores que contradirían, que descalificarían incluso, esa liviandad otorgada a un periodo que suele caracterizarse por lo contrario. Las populares «goteras», los olvidos, la pérdida de los seres queridos y allegados, la disolución del mundo conocido. La decadencia, en definitiva, propia del trayecto recorrido. Las preguntas y constataciones a las que nos aboca. ¿Cómo de diferente hubiera sido la vida de haber seguido esa propuesta, esa oportunidad?














