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The American Century

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Hace unos meses, en la entrada correspondiente al 14 de septiembre pasado, prometimos a nuestros indulgentes lectores una entrada futura desarrollando una «atrevida idea» que, anunciábamos de forma no enteramente veraz, se nos acabada de ocurrir. Y añadíamos, «la idea de que una resolución razonable del presente problema migratorio en el continente americano podría ser una clave importante, con condiciones, para un sonado triunfo socioeconómico que dure varias generaciones»Véase https://www.revistadelibros.com/la-inclemencia-en-un-continente-a-la-deriva/

Hoy cumplimos esta promesa. Es más, razonaremos qué si esas condiciones a que nos referimos se cumplen, el continente americano no tendría rival en el concierto de las naciones por cien años. Las condiciones con que nos guardamos las espaldas, que detallaremos más adelante, serán objeto de mofa y befa por muchos bien-pensantes que asignarán una probabilidad cercana a cero de que se realicen. El Sapientísimo y su Incomparable, no obstante, sabemos que las probabilidades de eventos aparentemente improbables pueden llegar a ser tan temperamentales como las inundaciones en los desiertos de Arizona. Por si esto no fuera suficiente, añadiremos que tenemos poco que perder, a nuestra edad, por adentrarnos en las veredas del optimismo estadístico. El Sapientísimo me dice, Semper proficiens! Y yo le respondo, Non timebo mala!

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Las condiciones de marras han de cumplirse a lo largo y ancho del continente americano. El título de esta entrada abarca a todo el continente, en contraposición al sentido estrecho e incorrecto con que se suele hablar de «América» o «los americanos» para referirse a Estados Unidos (de América) o los estadounidenses. Entre las condiciones a cumplir, las hay que radican en Estados Unidos o en Brasil; en Argentina o en México; en Chile o en el Caribe. O en Canadá. En su conjunto, el continente americano lo pueblan poco más de mil millones de almas, 750 millones de las cuales viven en Estados Unidos, Canadá, Brasil, Argentina o México, países de enorme extensión y recursos, y de enorme riqueza real y, sobre todo, potencial.

En nuestra entrada del pasado 14 de septiembre hacemos referencia a las privilegiadas condiciones reales y potenciales del continente americano. También hacemos referencia a la complicada realidad social y política, a la herencia y dictadura del pasado en los territorios al sur del Rio Grande, y a las amenazas a la democracia en todo el continente. Cada una de tales amenazas tiene su sabor local, pero todas están intentando hundir la nave del progreso. En dicha entrada manifestábamos también el peligro inminente que las elecciones midterm en Estados Unidos, las presidenciales y legislativas en Brasil, y las presidenciales y legislativas en Argentina, representaban para el futuro democrático del continente. Y si algo vamos sabiendo tras los resultados en Estados Unidos y Brasil –aún está por ver cómo se resolverán las elecciones en Argentina a finales de 2023 o las presidenciales en Estados Unidos en noviembre de 2024–, es que el trumpismo y el bolsonarismo salieron derrotados y la sociedad civil salió reforzada. Las amenazas siguen presentes, pero se han degradado. Además, la situación económica, fundamentalmente en Estados Unidos, se mantiene en pleno empleo y las medidas antiinflacionarias, aunque tardías, han sido sustanciales y parecen estar teniendo el efecto deseado. El año de 2023 puede ser un buen año.

Hay razones para creer que las energías embotelladas en los habitantes del continente americano, especialmente potenciales en Latinoamérica y en las comunidades no blancas en Estados Unidos, puedan liberarse en un día no muy lejano. Y cuando eso suceda, la riqueza real del continente americano se multiplicará. Ese día no ha llegado hoy, pero se le espera. 

De las condiciones a cumplir en Latinoamérica, hablamos en nuestra entrada del pasado 14 de septiembre. Generalmente, la región adolece de pésima calidad de gobierno, de una viciosa colaboración entre los sectores privado y público en beneficio de las oligarquías locales, y de una desigualdad paralizante, si no destructivaVolvemos a recomendar encarecidamente el artículo de E. Phelps y J.V. Sola, https://www.project-syndicate.org/onpoint/south-american-corporatism-limiting-growth-by-edmund-s-phelps-and-juan-vicente-sola-2020-07. Nos dirán nuestros más sensatos lectores que resolver atascos e injusticias de tal calibre es cosa de generaciones y de decidida acción social y política. Y añadiremos que las oligarquías privilegiadas no cederán sus privilegios fácilmente. Nunca lo han hecho, sea en América Latina o en la Europa de la Ilustración. Pero si a una región del globo le toca dar ese paso, es a Latinoamérica. Especialmente si Estados Unidos resuelve sus propias condiciones, de las que hablaremos a continuación.

Creemos que la salud de la democracia en Estados Unidos ha mejorado, a pesar de que el Partido Republicano se hizo con una escasa mayoría en la House of Representatives, tras las elecciones de noviembre de 2022. Pero la administración Biden está consiguiendo avances legislativos y económicos que han puesto al país en una senda de mayor solidez económica que se manifestará en una continua fortaleza del mercado de trabajo, una reducción importante de la tasa de inflación, y un importante acceso de la generación Z al mercado de trabajo en los años más productivos de sus vidas. Mencionemos que esta es una generación, junto con los millennials tardíos, de avanzadas ideas sociales y de un activismo mayor que el de sus predecesores.

Pero la condición a cumplir en la que hoy queremos poner el énfasis es la resolución del problema migratorio en Estados Unidos. A diferencia de la realidad migratoria en Europa, la mayoría de la inmigración y emigración americana es intra continental. Las esferas anglo e hispana son diferentes en muchos aspectos. Pero la historia común del continente, especialmente entre México y Centroamérica por una parte y Estados Unidos por la otra, lleva siglos de evolución. No es una historia libre de conflicto, ni mucho menos. Pero es una historia que tiene elementos de éxito muy particulares y dignos de tener en cuenta a la hora de evaluar la probabilidad de una American Century.

Las fuerzas migratorias, a nivel global, vuelven a imponerse tras el hiato causado por la pandemia. Siempre han existido, ya sean migraciones huyendo de la persecución, en busca de trabajo y oportunidad, o dirigidas por un deseo de formar parte de una sociedad más atractiva personalmente. Hoy se estima que el número de personas que desearían abandonar su país si pudieran, en busca de trabajo y oportunidad económica, se cifra en torno a los mil millones. Esta cifra no incluye refugiados, forzados a abandonar su país por la persecución y la destrucción de sus medios de vida. Mil millones de personas, además de las que ya han emigrado.

De Estados Unidos se repite el cliché de que es un país de inmigrantes, una especie de calderón o crisol donde se mezclan las energías de multitud de nacionalidades y etnias arrojadas por otras partes del mundo. Y a pesar de lo manido, esta frase es rigurosamente cierta. Uno de nosotros es un inmigrante, ciudadano estadounidense naturalizado, aunque raramente utilice esta palabra. En el directorio de la empresa en que trabaja, una empresa de tamaño mediano, la diversidad de los apellidos es una cosa que maravilla. O en la lista de representantes y senadores en el Congreso de Estados Unidos. Estados Unidos es un país de inmigrantes, a pesar de las épocas históricas en que el sentimiento nativista –una expresión desafortunada, ya que se refiere a los anglos que las primeras migraciones aportaron, en brutal detrimento de los más legítimos nativos– cerró las puertas temporalmente a inmigrantes de países considerados de segunda o tercera fila. Irlanda e Italia a finales del siglo XIX y principios del XX, y Latinoamérica hasta hoy.

Estados Unidos es también un país dinámico, capaz de absorber cantidades considerables de inmigrantes y de integrarlos en su estructura productiva y social. Una visita al museo de la inmigración en Ellis Island, en la entrada al puerto de Nueva York, es capaz de emocionar al visitante con las muchas muestras de comités de acogida y asimilación que se organizaban hasta en las ciudades más alejadas y pequeñasVéase https://www.statueofliberty.org/ellis-island/national-immigration-museum/. Pero no siempre la experiencia del inmigrante ha sido benigna. Hoy existen en Estados Unidos unos 11 millones de inmigrantes indocumentados, trabajando sin la seguridad y derechos que corresponden a los inmigrantes legalesVéase https://www.pewresearch.org/fact-tank/2021/04/13/key-facts-about-the-changing-u-s-unauthorized-immigrant-population/. Esta situación se presta al abuso y la marginación, a pesar de la existencia de numerosas agencias gubernamentales y de organizaciones privadas que ayudan a los indocumentados en muchos aspectos.

Una consecuencia directa de la inmigración ilegal es que los hijos de estos inmigrantes, que llegaron a Estados Unidos siendo muy pequeños con sus padres, o nacieron en el país, todo ellos denominados Dreamers, no tienen un estatus legal de ciudadanos y solo por una legislación que necesita renovarse regularmente no son deportadosVéase https://www.americanimmigrationcouncil.org/research/dream-act-overview.. Muchos de ellos son ya jóvenes adultos, han obtenido sus licenciaturas universitarias y son miembros productivos de la sociedad estadounidense. Iniciativas para regularizar la situación de inmigrantes sin papeles y dreamers se suceden unas a otras sin que se haya logrado una resolución definitiva. Esta resolución debe la de crear una senda clara y realista para proporcionar la ciudadanía estadounidense a estos inmigrantes.

Ya va siendo hora de que se resuelva la inmigración irregular en Estados Unidos en favor de los inmigrantes, por supuesto. Y ello redundaría en beneficios, si no para los empleadores poco escrupulosos, desde luego para toda la economía estadounidense en su conjunto.

Como apuntábamos anteriormente, la mayoría de la emigración a Estados Unidos hoy proviene de Latinoamérica. Hay bolsillos de emigración de muchas otras partes del mundo. En general, las muy diversas etnias se integran razonablemente bien en el tejido social de Estados Unidos, muchos de sus miembros se hacen ciudadanos prominentes, son elegidos como representantes estatales y federales, participan en los cuerpos de seguridad y en los ejércitos. Los inmigrantes latinos, entre otros, tienen una cohesión familiar y un sentido de la comunidad que son admirados en todo el país. Crean multitud de pequeños negocios y contribuyen con su juventud y su trabajo a mantener fresca y activa la dinámica demográfica de Estados Unidos, y la envidia de todo el mundo desarrollado.

Un análisis reciente, con el provocador título de One Billion Americans (Mil millones de americanos. Disculpemos, por mor del argumento, la estrecha concepción de «americano», tal y como advertimos al principio de esta entrada), de Matthew YglesiasVéase https://en.wikipedia.org/wiki/One_Billion_Americans., desarrolla el argumento de que Estados Unidos es un país poco poblado y que incluso con mil millones de habitantes, tendría una densidad de población inferior a, por ejemplo, Alemania hoy. Y no le falta razón. La extensión geográfica de Estados Unidos es muy similar a la de China, y la población de aquel es menos de la cuarta parte de la población china. Estados Unidos es un país con muchos más recursos que China. Recursos, es decir riqueza potencial, no riqueza hoy, que por supuesto, también. Saquen ustedes, queridos lectores, sus propias consecuencias.

El título de One Billion Americans es indudablemente atrevido. Casi tanto como el de nuestra entrada de hoy. Pero no nos vamos a disculpar ni por el uno ni por el otro. Incluso con 500 millones de habitantes, habría suficiente, en las próximas décadas, para absorber inmigrantes del resto del continente y de otras partes del mundo. Y aquí nos atrevemos con otra predicción a largo plazo, que son las que más nos gustan estos días ya que no estaremos por ahí para que nos exijan responsabilidades si nos equivocamos de pronóstico. En cosa de dos generaciones, China y Estados Unidos tendrán la misma población, 600 millones. ¡Ea, ya queda dicho!

Pero hablando en serio, resolver la emigración a Estados Unidos, especialmente la proveniente de Latinoamérica, es una situación win-win. Y si, además, Argentina y Brasil, y hasta cierto punto México, se quitan de encima su pésima gobernanza y excrecencias de un pasado corporativista, lo cual haría de ellos motores económicos en sí mismos arrastrando a toda la región, se podrían crear las condiciones para que el continente americano, todo el continente, no tenga rival alguno en cien años. And we are unanimous in that!

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