He de reconocer que, si no hubiera sido por los lazos de parentesco que me unen con Juan de Ávila (Juande) González, no habría leído su libro El malestar de las élites y la revolución de la agenda. Sabía de su publicación a través de las redes sociales, pero su título (demasiado largo) y, sobre todo, su pretencioso subtítulo (Ideología, moral y el futuro de Occidente), me provocaron cierto rechazo inicial. Además, la posición liberal conservadora del autor (reconocida por él mismo y reflejada en su relación con el extinto partido UPyD y con Ciudadanos, así como en sus artículos publicados en los medios digitales Vozpópuli y The Objective) la veía entonces tan alejada de la mía (socialdemócrata), que tampoco eso me animaba a leerlo. El hecho de estar encerrados dentro de nuestras propias burbujas de afinidades y preferencias y tan llenos de prejuicios en momentos de fuerte polarización como los actuales hacía que diera por supuesto que poco o nada interesante podría encontrar en un libro que venía del otro lado de la trinchera.
Sin embargo, comprometido por mis lazos de parentesco con el autor, abordé su lectura, y quedé atrapado desde las primeras páginas, hasta el punto de subrayar numerosas partes del libro e incluso anotadar comentarios en los márgenes. Me ha parecido, además, loable el análisis riguroso y documentado que hace Juande González de los temas que trata, y he disfrutado también del estilo ameno y brillante en que está escrito. Asimismo, y en lo que supone de acicate, he quedado sorprendido gratamente por el punto de provocación que emplea el autor y que no le hace perder nunca el respeto por las posiciones ajenas.
Un libro valiente, osado y honesto
Más allá de estas observaciones personales, lo primero que debo decir es que el libro de Juande González es un ensayo valiente y arriesgado, además de osado y honesto. Es valiente porque en él se expresan opiniones que, en tiempos como los de ahora, en que predomina la cultura de la cancelación a uno y otro lado de la trinchera, pocos se atreverían a hacerlas públicas, dado el riesgo de ser inmolado en el altar de la corrección política, sobre todo si se quiere mantener cierta equidistancia.
Es también arriesgado porque, en un contexto de alza de los populismos y de las denominadas democracias iliberales, algunas de las reflexiones de Juande González podrían, si se leen a la ligera, ser interpretadas como una forma de legitimar este tipo de sistemas y movimientos políticos. Vaya por delante que su libro está escrito y publicado antes del regreso de Trump a la Casa Blanca, y que nada tiene que ver con los principios del trumpismo ni con los de sus equivalentes en otros países, puesto que las ideas de Juande González son un alegato en favor de los principios éticos sobre los que históricamente se ha construido el liberalismo más genuino (la libertad, la tolerancia, la pluralidad, el diálogo…) y, al mismo tiempo, son un aviso del riesgo que corren. Pero es verdad que su libro se publica en un momento en que el ambiente político está sujeto a tal maniqueísmo, que corre el riesgo de ser utilizado y vapuleado a conveniencia.
La osadía del libro radica en que recupera temas inmanentes, pero que ya no están de moda, como la familia, la nación, la ética, lo sagrado… Son temas de indudable interés, pero que no forman parte de la agenda que aún domina el debate público europeo. Los que plantea Juande González en su libro son temas, en definitiva, que desde hace algunas décadas han sido desplazados por otros más contingentes, pero de mayor impacto cultural y mediático, como el cambio climático, el declive demográfico, la revolución digital, la cuestión energética, la inmigración, la vivienda, la diversidad sexual, el discurso del género, los derechos de las minorías…
De entrada, en una primera aproximación, el libro de Juande González puede parecer a los lectores algo trasnochado o fuera de lugar. A ello contribuye la apasionada referencia que hace del filósofo decimonónico español Donoso Cortés (liberal en sus inicios, pero católico y conservador en su última etapa), un escritor hoy bastante pasado de moda no sólo para el gran público, sino también para el mainstream de las ciencias sociales.
Juande González es consciente de que los temas que dominan hoy la agenda social, política y mediática no pueden ignorarse en un libro que quiere estar en sintonía con el signo de los tiempos. Tampoco puede eludirlos cuando su propósito ―como él mismo señala― es reactivar la agenda liberal conservadora, defendiendo, en tanto liberal, el pluralismo político (sin caer en el relativismo moral), y en tanto conservador, reivindicando el valor de las tradiciones (como elemento de cohesión social) y el legado del humanismo cristiano (como seña de identidad) frente al laicismo. Por ello, incorpora en su libro todos los debates sociales y políticos de nuestro tiempo, y procura analizarlos, con desigual acierto, desde el prisma de la «familia» y la «nación», los dos pilares reales, cercanos y tangibles sobre los que aspira a renovar esa agenda a partir del rearme moral que considera necesario en un mundo que, a su juicio, ha perdido todo anclaje ético.
Su análisis se apoya en un buen bagaje de referencias filosóficas, tanto clásicas como modernas: La República (Platón), Teorías cínicas (Pluckrose y Lindsay), La mente de los justos (Haidt), La vida eterna (Savater), En busca del tiempo en que vivimos (Luri), Final de partida (Turchin)… También recurre en ocasiones a la ironía para mostrar las contradicciones que observa en el discurso dominante, y así poder desactivar la fuerte capacidad de seducción que le reconoce tanto a los grupos de la izquierda woke que sustentan ese discurso, como a los populismos de derecha que aspiran a sustituirlos.
Como buen cinéfilo, el autor utiliza referencias de algunas películas emblemáticas para ilustrar sus reflexiones (El pisito, Pulp Fiction, Dersu Uzala, Amanece que no es poco, First man, Titanic, La reina de África, El padrino, Dirty Dancing, Maridos y mujeres…) Eso le da a su libro un toque de amenidad y desenfado que se agradece, como cuando identifica a la izquierda progresista con «el Frente Popular de Judea» del film La vida de Brian. Al mismo tiempo, esas referencias sirven al autor para alumbrar las áreas de sombra que, por su complejidad, siempre tienen los temas sociales y políticos.
Este es un libro honesto, a fuer de sincero, porque Juande González se desnuda ante el lector (confesando, incluso, su descreimiento religioso) y ajusta cuentas consigo mismo y con su generación, formada por los que ahora cumplen cincuenta años. Lo hace en la forma de un extenso ensayo político y filosófico, dirigido a una generación de jóvenes de clase media y media-alta, que se estaba formando a principios de los años 1990 en los mejores centros y escuelas de negocios (en su mayoría, universidades privadas) y que estaban destinados a ser la élite política y profesional de nuestro país. Y eso en un momento en que, en el caso español, se entraba en la etapa final de los gobiernos socialistas de Felipe González y nos estábamos impregnando de las ideas neoliberales (tras la caída del muro de Berlín y el colapso de los países comunistas).
Esa élite se dedicó durante más de una década a ocupar puestos directivos en el mundo de la empresa, sin interesarse más que por ganar buenos salarios y reconocimientos, apunta Juande González. Esta élite aceptaba complaciente la lógica del mercado global y confiaba en la tecnología (el «nuevo fuego sagrado robado a los dioses») como hoja de ruta hacia un horizonte de progreso, si bien algo ambiguo y no bien definido.
En opinión de González, esa generación se olvidó del rearme moral necesario para afrontar los grandes retos de su tiempo, pensando que les bastaría con un pensamiento liberal y una fe ilimitada en el progreso y las nuevas tecnologías para moverse en el mundo convulso y competitivo del cambio de siglo.
La crisis económica de 2008 les hizo despertar de esa ensoñación, encontrándose de pronto con que el liderazgo al que aspiraban estaba siendo ya ocupado por otras élites (venidas de círculos de la izquierda postmoderna y del progresismo woke). También se sorprendieron de que la agenda social y política, cuyo contenido liberal y pluralista habían dado por asegurado, la conformaran ahora nuevos temas (muchos de ellos de naturaleza identitaria, como derechos LGTBIQ+, minorías étnicas o raciales, decrecimiento, economía circular, veganismo, patriarcado machista, violencia de género, sostenibilidad ambiental…), impuestos por esas otras élites culturales. Decepcionada por no ver satisfechas sus expectativas, esa generación, ideológicamente liberal y racionalista, se encontró con un vacío moral y una confusión que, en opinión de Juande González, aún no ha sido capaz de llenar (y al no hacerlo, añado yo, se ha visto superada desde la derecha por el discurso de formaciones populistas del estilo de Vox).
La estructura del libro
Para afrontar el reto de reactivar la adormecida agenda liberal conservadora, Juande González estructura su libro en cuatro partes, cada una de ellas organizada en secciones breves, con títulos imaginativos y provocadores que incitan a la lectura con sólo verlos: Elefante rojo, elefante azul; La emergencia climática y la izquierda calentita; La maldad de los pijos; El hombre que se devoraba a sí mismo; La penelopea; Seremos menos y estaremos más solos; No tendrás nada y serás un esclavo; No somos estorninos; De la ley al abismo; Obligaciones escritas en el corazón; La nación temblorosa; ¿Más Europa? No, gracias…
En la primera parte analiza lo que llama «pensamiento pluto», término con que califica de forma bastante ingeniosa el pensamiento (progresista, liberal y tecnocrático) de su generación. Con ese término hace referencia tanto al personaje de Pluto (ambiguo, perezoso y algo bobo) de Disney, como al dios del dinero y al planeta enano (esquivo y dudosamente definido del sistema solar). En esta parte del libro se relatan las bases del pensamiento «pluto» que, en su opinión, ha impregnado a una generación de jóvenes de clase media y media-alta del centro-derecha del panorama político (algunos, como el autor, asociados a proyectos como UPyD o Ciudadanos); además, se analiza el significado e importancia de las élites (sobre todo las culturales) y la disputa por la hegemonía en la sociedad actual.
La segunda parte trata las intuiciones morales, que no siempre coinciden con las actitudes individuales y los comportamientos colectivos, y aborda la tensión entre la «libertad» y la «verdad». También examina los límites de la ciencia para responder a las incertidumbres actuales, y propone recuperar una cierta noción de «lo sagrado», que incorpore el sentido ético en nuestras propias vidas sin delegarlo en leyes siempre contingentes. Advierte, además, del riesgo de convertir «lo jurídico» en un nuevo ámbito religioso desde el que se dictan normas morales. Se aprecia aquí la huella del humanismo cristiano en las tesis de Juande González, pesar de su admitido agnosticismo.
La tercera parte, que abunda en la necesidad de recuperar el sentido ético, reivindica el valor sagrado de la familia en tanto espacio real, cercano y más tangible que la ideología. El autor analiza con inteligencia, no exenta de osadía y de prudencia, algunos de los temas de la actual agenda social y política: la natalidad, el divorcio, el aborto, la eutanasia, la igualdad entre hombres y mujeres, la propiedad privada, la vivienda…
En la cuarta parte aborda el tema de la «nación», también real y cercana, y por ello sagrada, que considera el segundo pilar del rearme moral del pensamiento liberal conservador. Para el autor, este pilar (la nación, entendida como una comunidad inmanente de valores y sentimientos compartidos), habría sido abandonado por el evanescente pensamiento pluto de su generación y buena parte de la sociedad, en favor de una idolatría constitucionalista cada vez más frágil y contingente, sometida a las mayorías parlamentarias. Según el autor, este pilar debe reactivarse (en tanto realidad previa a cualquier idea de constitución democrática) para asentar la democracia sobre bases más sólidas que el mero andamiaje jurídico-legal; y porque es más real y tangible que el consenso social en que se apoya el patriotismo constitucional acuñada por el filósofo alemán Habermas y tan apreciado por una izquierda posmoderna para la que la patria se reduce a tener buenos servicios públicos («la patria es un hospital»).
Bases para un debate
El libro de Juande González es, por tanto, una buena base para emprender un diálogo honesto, desde posiciones ideológicas diferentes, sobre los grandes retos de nuestro tiempo (cambio climático, declive demográfico, inmigración, tecnologías digitales…) y sobre los grandes desafíos de España: la vertebración territorial, la cohesión social, el sustrato cultural, el sentido de nación, los modelos de familia, el valor del pluralismo, el equilibrio entre la sociedad civil y el Estado, la importancia y los límites de las políticas públicas…
Es, además, una oportunidad excelente para tender puentes en una sociedad tan polarizada como la actual, en la que muchos anhelan un terreno común para el diálogo. El libro invita a salir del bucle ideológico en que solemos encerrarnos, buscando respuestas en nuestro grupo de afines, cuando quizá podamos encontrarlas abriendo las ventanas y dejando que entren ideas de fuera . Yo he abierto las mías y he podido airearme con las ideas expuestas con gran amenidad y brillantez por Juande González en un libro que no deja indiferente, y cuya lectura recomiendo.
Eduardo Moyano es sociólogo y analista político






