Notas de un simulador
JOSÉ ÁNGEL VALENTE
Colección «Tierra del poeta» Ediciones La Palma, Madrid, 1997
48 págs.

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Vacío, forma, quietud: estas tres palabras contienen una poética. Una concepción de la palabra del poema de la que da testimonio el propio hacer poético de José Angel Valente. Entre el vacío –lugar de aparición de la palabra, espacio primordial de la fulguración–, la forma –cuerpo cuyos bordes apuntan a lo abierto, a lo informe– y la quietud –modo del estar, metáfora de la memoria, tiempo de la infinita expectación–, la palabra poética de José Ángel Valente se ha ido pronunciando como configuración de un espacio de radicalidad y transgresión. Las notas, apuntes, aforismos que ahora se reúnen en Notas de un simulador parecen provenir de los bordes tensos, incandescentes de esa escritura poética. En efecto, una concepción de la poesía que se apoya en la idea del fragmento como uno de sus sostenes fundamentales, no podría haberse presentado nunca de modo sistemático. Lo que ahora se nos ofrece es una poética en estado naciente, en la fulguración inmediata que se desprende del cuerpo mismo del poema como conciencia autorreflexiva. Difícil sería, por lo tanto, buscar la frontera entre estos dos modos de la palabra. «En el aforismo confluyen poesía y pensamiento. Quizá no se da ahora entre nosotros por ausencia flagrante de ambos», dice una de las notas del libro. Algunas de ellas pueden leerse, en efecto, como verdaderos poemas en prosa.

El aforismo que acabo de citar acaso nos ayude a conocer otro de los rostros de este libro: su toma de posición frente al estado actual de la poesía española. Muchos de los fragmentos de la primera sección, titulada Notas de un simulador, se proponen como un cuestionamiento y una refutación de los postulados en que se asienta buena parte de la actual poesía española. Academicismo, superficialidad, ausencia de toda voluntad reflexiva, amaneramiento, flaccidez, oportunismo: este es el diagnóstico que con toda razón ofrece José Ángel Valente –en coincidencia con alguna otra voz crítica e insobornable– del momento presente de la poesía española.

«No es el poema mensurable por su extensión, sino por su capacidad para engendrar, fuera de lo mensurable, la duración». La irradiación, la infinita resonancia del poema en la memoria se propone como uno de los signos de lo auténticamente poético. La memoria es el espacio de la duración; un espacio que, cuando se remonta a lo primordial, aparece como silencio tenso, inextenso en su durar incesante. En ese silencio originario se siembran –pero qué mano oculta, enigmática, los siembra– los spérmata, las simientes de una palabra grávida de posibilidad, una palabra nacida en la indeterminación del sentido pero que por ello mismo gime, como el logos, por la encarnación. Palabra, libertad, memoria: también estas palabras contienen una poética. La que, con la pasión de quien pinta un dragón taoísta, nos ha ofrecido José Ángel Valente en sus Notas de un simulador.

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