Muchas veces —muchas más de las que deberíamos, desde luego— olvidamos que la literatura es, por encima de todas las cosas, el territorio de la imaginación. Así ha sido desde que Homero, fuera quien fuera, tratase de escribir, describir y, sobre todo, imaginar el mundo antes que nadie. Con él llegaron el símbolo y el mito, la fábula y la leyenda, la ficción y la memoria. Sin embargo, parece que, de un tiempo a esta parte, la literatura se ha convertido en parcela casi exclusiva de lo confesional y lo veraz. O, al menos, esa es la sensación que muchos lectores comparten. Por eso mismo, por recuperar el músculo ficcional e imaginativo de la literatura y, concretamente, de la poesía, es tan relevante el lanzamiento de Nonú, el tercer libro de la asturiana Laura Ramos.
Este poemario, soberbiamente editado por La Bella Varsovia, es un artefacto, en el sentido más halagador de la palabra, donde lo imaginativo se convierte en el centro neurálgico de la escritura. En él, Ramos apuesta, con gran acierto, por la invención, por la creación de un mundo —Nonú, que ya pudimos conocer en sus obras anteriores— que funciona bajo sus propias reglas y que se rige por la lógica de lo fabuloso. Desde sus primeros libros, la autora ha desarrollado una poética donde lo narrativo y lo lírico conviven estrechamente, y en Nonú esa confluencia se radicaliza: el libro no sólo narra y poetiza, también expande los límites del género, situándose en esa zona difusa que podría describirse como literatura degenerada, sin una frontera clara entre lo que es poema y lo que es cuento, entre lo que pertenece a la tradición oral y lo que es exploración formal.
Como ya sucedía en Pasan cosas bellísimas, su anterior entrega publicada por Isla Elefante, Ramos se muestra preocupada por la creación de un imaginario propio, un cosmos donde el lenguaje no es una herramienta empleada únicamente para describir el mundo, sino el propio motor de su existencia. Nonú es, ante todo, un espacio que se ubica en la intersección entre la memoria y el sueño, entre la infancia y la mitología. En uno de los versos del poemario, se nos dice: «Ya no me queda nada por leer / que me interese más que tus leyendas». Toda una declaración de principios que viene a decirnos que, en la poética de Ramos, las leyendas, los cuentos y los mitos adquieren un valor central, y se presentan como la materia elemental de su literatura. No se trata sólo de registrar lo real, sino también de generar nuevas realidades a partir del lenguaje y de sus limitaciones.
El libro se estructura en dos partes bien diferenciadas, si bien es cierto que tienen muchos elementos en común. La primera de estas partes, Igual que él yo era una negociadora de la noche, toma su título de un verso de Anne Carson, una de las autoras de cabecera de Ramos, y se mueve en un registro más lírico. En ella, la poeta nos presenta una historia de amor que transcurre entre el mundo real y el mundo mítico de Nonú. En este cruce de planos, el lenguaje sublimado, es decir, transformado en literatura, se convierte en el vínculo entre ambos personajes, permitiendo que los símbolos y las imágenes se desdoblen, y que cada una de las palabras adquieran nuevas resonancias. Lo que aquí encontramos es un ejercicio de épica contemporánea, donde el romance clásico se reinterpreta bajo el prisma de una sensibilidad rabiosamente contemporánea. Más allá del tema del amor, la maternidad o la relación con el propio lenguaje aparecen como ejes transversales, abordados desde una perspectiva en la que la ficción y la realidad se enredan. Así, en uno de los fragmentos leemos: «Aunque mi madre acostumbraba a decirme / que esa contorsión de nuestra tierra sólo sucedía / en los lugares más brillantes de mi imaginación». La tensión entre lo vivido y lo soñado se mantiene como un latido constante a lo largo del libro, reforzando la idea de que la literatura es un territorio donde los límites de la experiencia pueden ser reescritos y resignificados.
En la segunda parte, La verdadera estoria de la niña de goma, lo narrativo adquiere un protagonismo aún mayor del que ya tenía en la primera mitad del libro, y Ramos nos obliga a repensar los géneros literarios, quizás una de las obligaciones mayores de los escritores que están dando forma a la literatura del siglo XXI. ¿Estamos ante un cuento o estamos ante un poema? ¿O quizás lo que tenemos delante es algo más, algo nuevo y mestizo? El tono recuerda por momentos a las fábulas medievales o a los relatos orales, con un ritmo que encuentra su pulso en el cancionero. Ya desde la decisión de escribir estoria y no historia en el título de este segundo libro, la poeta nos deja clara su apuesta por seguir la tradición popular, aunque subvirtiéndola gracias a la naturaleza híbrida de su escritura.
Así pues, Nonú funciona como un laboratorio donde la literatura —la literatura que se celebra a sí misma— ensaya nuevas formas de expandirse. Laura Ramos demuestra un dominio excepcional de la intertextualidad y el juego formal, logrando que en cada página resuenen ecos de nuestra tradición literaria y, al mismo tiempo, el burbujeo de todo lo que es nuevo y emocionante. La poeta se mueve con extrema naturalidad entre lo erudito y lo lúdico, integrando referencias sin que pesen, como si todo su bagaje respirara de manera orgánica dentro de su imaginario.
El tercer libro de Laura Ramos es, en definitiva, un claro recordatorio de que la literatura sigue siendo el espacio más fértil posible para que la imaginación y la ficción puedan desplegarse sin restricciones. Por eso mismo, la poeta asturiana apuesta por la fábula y la narración como forma de conocimiento, como afirmación radical de que la invención es, en sí misma, una forma de verdad. Y sí, desde luego que la suya es una apuesta arriesgada, pero todas las apuestas que merecen la pena lo son, y ejemplos de ello los tenemos a patadas. Después de leer Nonú, el lector ya no podrá volver a olvidar que la literatura no sólo refleja la realidad, sino que también la reconfigura, con el objetivo de explicarla y, claro está, de explicarnos a nosotros mismos. Este libro es, ante todo, una celebración de la inventiva, una fiesta en cuyo único centro se encuentra la fantasía. Tal vez ese sea el motivo por el que, cuando uno se adentra en las fronteras míticas de Nonú, el enceguecedor mundo creado por Laura Ramos, no quiere dejar de volver una y otra vez a los lugares más brillantes de la imaginación, esos lugares que, en ocasiones, están llenos de telarañas por lo poco que los visitamos.
Juan Ángel Asensio es graduado en Literatura General y Comparada. También es autor de Huesos de ballena (Accésit II Premio de Poesía Esdrújula, 2019), Antología poética de la especie humana (Franz Ediciones, 2019), Los restos del rayo (Franz Ediciones, 2024) y Breve tratado sobre la profundidad de los cuerpos (Siltolá, 2024).






