Buzón de tiempo
MARIO BENEDETTI
Alfaguara, Madrid
210 págs. 2.200 ptas.

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Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920) tiene acostumbrada a su prosa a respetar las leyes impuestas por su poesía: concisión, sencillez, oralidad. La de Benedetti es una literatura, que recorre directa, sin titubeos, como por un atajo, la distancia que habita entre lo que quiere ser dicho y lo que se dice, siempre más cercana a la prosa que a la lírica. El libro de cuentos que hoy nos ocupa no es una excepción. Buzón de tiempo, si cabe, muestra una escritura aún más adelgazada, más desnuda, en la que el adjetivo apenas tiene lugar y deja paso al adverbio, al sustantivo, al verbo.

El volumen aparece dividido en cuatro partes: «Señales de humo», «Buzón de tiempo» –que reúne textos epistolares–, «Las estaciones» y, finalmente, «Colofón» –esta última constituida tan sólo por un poema–. Las otras tres partes se inician con un poema también, como si el autor advirtiera así del carácter esencial de lo que vamos a leer.

Si bien las historias que narran los cuentos son diversas y distintas –la conversación entre un psiquiatra y un paciente que le cuenta con preocupación sus sueños, el hallazgo por parte de una mujer que vive sola de un ladrón que ha invadido por la noche su domicilio, la entrevista que a un escritor que ha dejado de escribir le hace un periodista insidioso, la carta que una hija escribe a su padre adoptivo, el anciano que escribe agradecido a la anciana que de muchacha le descubrió el sexo, un matrimonio sin hijos que decide adoptar a una niña…–, en la mayoría de ellas existe cierta reflexión sobre el paso del tiempo, hay una mirada que se vuelve, que echa un vistazo pensativo a lo que quedó atrás, a lo transcurrido. En cierto modo, esta voluntad de contar lo que se acumula en el buzón del tiempo –lugar sin espacio donde ocurren todas las cosas posibles–, supone un ajuste de cuentas con ciertos hechos pasados, con lo que fuimos y con lo que hemos llegado a ser.

El tono nostálgico que cabría esperar de tal planteamiento narrativo queda eliminado por la ironía y por un sentido del humor que, en alguna ocasión, permite una suave entrada a la ternura. Pero el autor no da tregua, y su compromiso social y político se muestra seguro a través de una visión crítica y propia del mundo en que vivimos. Una visión presentada con total claridad: nada superfluo carga su estilo, de apariencia espontánea.

No obstante, la naturalidad del estilo de Benedetti, esa capacidad para hacer literatura de la materia cotidiana, choca a veces, quizás de manera inevitable, con el obstáculo que acecha siempre tras la sencillez: la facilidad. «Mirándola, mirándola (se divirtió pensando: Pico della Mirandola)»; «Esto más que un tiovivo parece un tiobobo»; «Kafka se hizo ca(f)ca en la posteridad». Pero estos chistes nada pueden contra un libro de cuentos de sólida unidad, cuya lectura resulta francamente amena y, en algunas ocasiones, reveladora.

El título –Buzón de tiempo– nos recuerda, de manera inevitable, a la expresión acuñada para designar el receptor de mensajes telefónicos en los aparatos móviles: «buzón de voz». Evocación fortuita o juego de palabras intencionado, lo cierto es que, con un paso más, llegamos al que probablemente es el sentido último de las palabras que dan su nombre al libro: buzón de la voz del tiempo, es decir, de la voz de la experiencia acumulada, vivida, sufrida, disfrutada. Una experiencia inefable que, gracias a una pirueta puramente literaria, el gran Benedetti consigue narrar.

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