Ensayos RdL
Como un río
Poco a poco Jorge Amado –ese Premio Nobel que no acaba de caer, por razones ajenas a la empresa, supongo– va entrando en el mercado editorial español. Caóticamente, ahora con una reedición de 1980 (lo que oculta con astucia Ediciones B, que presenta como novedad lo que Plaza y Janés ya había editado, no sólo ese año sino también en 1990 y 1991, siempre con traducción de Montserrat Mira), antes con otra novela traída al contrapelo del Quinto Centenario, De cómo los turcos descubrieron América, se nos va desvelando este Jorge Amado, enorme y fluvial como la vida misma. Se nos desvela a medias porque Amado, bahiano de corazón y jerga, es difícilmente traducible. Hace bien la traductora de Tieta
Formas mínimas del relato
Las formas breves del relato tienen desde hace un tiempo una presencia considerable en nuestras letras, muy superior a lo que podría haberse imaginado unos pocos lustros atrás. Los optimistas ven el fenómeno como un signo indiscutible de recuperación y pujanza, como el comienzo de una edad de plata del cuento, género maltratado por todo el mundo en la literatura española, desde los autores, que lo han tenido por entretenimiento de fin de semana, hasta los lectores, que lo han relegado en beneficio de la narración caudalosa, pasando por semejantes desatenciones recibidas de parte de los editores y de los estudiosos. Los pesimistas, en cambio, ponen en duda que se trate de algo más que de un buen momento circunstancial,