Ensayos RdL

De un tiempo de desamparo

De siempre ha tenido Luis Mateo Díez una nota de escritor peculiar, una peculiaridad que además no responde a un mismo registro. Sólo se libra un poco, no por entero, de esta característica su primera novela extensa, Las estaciones provinciales (1982), la única que, por decirlo aproximadamente, se acerca a la recreación convencional de un espacio, una capital de provincia, el tipo de escenario que andando el tiempo se convierte en elemento básico del escritor. Pero sus narraciones precedentes, Memorial de hierbas, Apócrifo del clavel y de la espina y Blasónde muérdago , llevan la marca fuerte, aunque imprecisa, de algo singular en su acercamiento a unos ámbitos de degradación con un estilo bastante ornamental. El mítico viaje a La

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Lingua ex oriente: el griego en el español

El léxico del español está estratificado en capas de diverso origen: latín, griego, árabe, lenguas germánicas, francés, lenguas prerromanas, como el vasco, y hasta lenguas de América nutren la masa del vocabulario del idioma común de España. El griego antiguo es un ingrediente esencial de la masa léxica española, y ha sido objeto de estudio por la filología española. La razón de ello es que los helenismos tienen interés tanto para la historia cultural de España como para la gramática española y la lingüística histórica. Para la historia cultural, las palabras son testimonio de los contactos entre comunidades y manifiestan la mayor o menor penetración de una cultura (ya sea material o espiritual) sobre otra. El caso de los helenismos

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Arrojar el corazón

Permítanme empezar con un símil, dado que al autor del que me ocupo le gusta recurrir a ellos. Ya casi al final de Los amores imprudentes, la última novela de Gustavo Martín Garzo, una mujer mayor le recuerda a una joven, a modo de despedida y consejo, la enseñanza de un afamado jinete en respuesta a la pregunta hecha por un periodista y referida a las claves de su éxito profesional: «Es muy sencillo, primero hay que arrojar el corazón por encima del obstáculo y después es fácil conseguir que pase el caballo», le contestó el interpelado. Posiblemente la fórmula resulte eficaz en las competiciones hípicas, pero en la literatura, lo dudo. Y es que me temo que Gustavo Martín

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