Ensayos RdL

Partículas elementales

Volviendo a lo que fueron sus inicios como narrador (El origen del mono y otros relatos, 1975), Juan Pedro Aparicio recuperó hace poco más de un año varios cuentos de distintas épocas para agruparlos con otros recién escritos –algunos de mínimo formato– en La vida en blanco. Según él mismo reconoce, quizá no supo apreciar alguno muy breve de entonces («El presentimiento») y ahora retorna a esta modalidad de ficción breve aún más convencido de la que considera ley superior sobre el cuento: una narración que empieza pronto y termina enseguida. En el prólogo a La mitad del diablo declara su ambición unitaria al escribir este libro, tal como hizo Raymond Queneau –lo menciona expresamente– con sus Ejercicios de estilo

leer más »

La noche y el alba del cazador

Esta edición bilingüe de tres de los títulos más importantes de René Char (Furor y misterio, Losmatinales y Aromas cazadores) proporciona un placer infrecuente: leer en alternancia dos lenguas y dos voces poéticas sin que la que traduce se reduzca a ser tieso eco de la original. Jorge Riechmann atiende a la precisión concisa de la escritura y a su enunciación vigorosa –que es el lugar donde Char juega sus bazas–, e incluso a veces matiza su parquedad musical (un pecado que también se le atribuye a Rimbaud y que bien pudiera ser severa virtud). La obra de Char fascina y retiene al lector: veinte años la lleva frecuentando este traductor, y cinco dedicó Paul Veyne a describir «como si

leer más »

Elogio de lo inacabado

«Concluir las frases –dice Estrella de Diego en estas Travesías por la incertidumbre– es tan solo una práctica admitida que nada tiene que ver con la naturaleza del lenguaje y, mucho menos, de las historias» (p. 254). Es cierto: el supuesto de que la proposición que uno tiene en la cabeza y que quizá ya ha empezado a escribir o a pronunciar llegará a terminarse de manera satisfactoria –es decir, de un modo que corresponda exactamente a lo que uno quería o quiere decir– es una creencia casi inevitable pero muy precipitada. Es un pecado de soberbia creer que las cosas acaban siempre como se creía cuando empezaron. No todo el mundo, sin embargo, concederá de buen grado lo anterior.

leer más »