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Sapientísimo hermano,

Con tanto aniversario y tantas celebraciones empieza a asaltarme la duda de si hemos cumplido medio año (cada uno), un año (como dices, probablemente con razón) o dos años (entre los dos), desde la aparición de nuestra primera entrada en Una Buena Sociedad. De lo que no tengo duda alguna es que, si hemos conseguido crear un poco de interés sobre alguno de los temas que hemos venido desarrollando durante el año transcurrido, nos consideraremos –sé que no erro al incluirte– recompensados con creces por el esfuerzo que hayamos podido realizar.

Celebrar lo bueno del pasado (ni que decir tiene, pero lo decimos, que cuando celebramos lo «bueno» del pasado nos referimos al legado de John Maynard Keynes más que a nuestras humildes palabras) es una invitación a mantenerlo, corregirlo y aumentarlo; y en esto somos, lo quieras o no, Sapientísimo, conservadores o restauradores. No se te escapará, no obstante, que la verdadera celebración consiste en los hechos de manutención, corrección e incremento de lo bueno. Conservadurismo o restauración arremangados, valga la expresión. Ir más allá de tareas de museo, y hay que ir más allá, es crear y progresar. En Una Buena Sociedad, la creación y el progreso nos interesan más que la conservación y la restauración, aunque reconocemos que aquellas a menudo se cimentan en estas. Pero divagamos…

ooOoo

Celebrar lo bueno del futuro es, amigos, harina de otro costal. Si malo es malinterpretar la historia, es mucho peor no verlas venir y pronosticar en vano o, no lo quieran Tique ni Fortuna, pronosticar en caída libre. De modo que, si bien los de nuestro pueblo no le tememos a nada, como economistas de ciertas luces que presumimos ser, y disponiendo de cuatro manos, dos más que el proverbial economista, nos vamos a cubrir las espaldas a la par que celebramos un futuro no muy lejano por el que no tenemos otro remedio que apostar. Hoy hablamos, metiéndonos ya en materia, de las oportunidades y los riesgos que volver a gobernar a lo grande en los Estados Unidos de América trae consigoNuestra entrada del pasado 7 de abril, Gobernar a lo grande – UNA BUENA SOCIEDAD – Blogs — Revista de Libros, describimos algunas características de los programas de estímulo económico (ya en fase de ejecución) y de infraestructura anunciados por el presidente Biden..

La oportunidad

El futuro por el que apostamos es el que desplegó el presidente Biden en su discurso ante las dos cámaras del Congreso estadounidense el pasado 28 de abril, hace hoy una semana, y que ya ha pasado a la historia por las cuatro palabras con que comenzó: «Madam Speaker, Madam Vice President…»El discurso completo puede verse en: President Biden Addresses a Joint Session of Congress – YouTube. Añadamos que considerar histórica la presencia de una mujer vicepresidenta del gobierno y otra presidenta de las Cortes de Diputados es algo de hace tiempo para el lector español. Y, sin embargo, en los Estados Unidos no se había producido hasta ahora, aunque Nancy Pelosi, una política de gran inteligencia y disciplina, fue presidenta de la Cámara de Representantes entre enero de 2007 y enero de 2011, y ha tenido una larga y distinguida carrera en dicha Cámara.. Pero hubo más, mucho más, para considerar histórico este discurso del presidente Biden.

El motivo de que hoy volvamos a la carga, dado que no es la primera vez que escribimos sobre los planes de Biden, es que, a caballo de nuestra entrada anterior y la presente, se han cumplido los primeros cien días de su mandato y no podemos dejar pasar la oportunidad de señalarlo. Lo redondo del número, algo accidental, se corresponde esta vez con un sustancial contenido, casi, casi, de cada uno de esos cien días.

A los programas de estímulo económico (ya en fase de ejecución) y de infraestructura anunciados por el presidente Biden se ha añadido, expuesto durante su discurso de 28 de abril pasado, un tercer pilar centrado en la denominada infraestructura social, dirigido al reforzamiento del sistema de bienestar, reforma legal (Corte Suprema, sistema penitenciario), derecho al voto y sistema impositivo.

El reforzamiento de la red social es urgente. No han sido solamente presidentes republicanos quienes la han degradado. Bill Clinton, un político con enorme capacidad en muchos terrenos (aunque profundamente deshonesto) fue instrumental en la debilitación del sistema de bienestar, desmantelando importantes programas federales para mantener el poder frente a los republicanos, revitalizados en 1994 por el Contract with America del infame Newt Gingrich. No olvidemos tampoco la alegría con que Clinton y sus asesores rompieron, en 1999, la tradicional separación entre bancos de inversión y bancos comerciales (codificada en la Glass-Steagall Act que se aprobó en 1933 a raíz de la Gran Depresión), que impedía a estos últimos comprometer su capital en operaciones arriesgadas por cuenta propia; ruptura que tan funestas consecuencias tuvo en la gestación de la crisis financiera de 2008Como no podría dejar de ser, hablando de los Estados Unidos, algunas de las ideas más interesantes se debaten en programas humorísticos. En este, Nancy MacLean, autora de un libro admirable, Democracy in Chains, del que hemos hablado en UBS, y Thomas Frank, un agudo historiador y analista político, charlan con Bill Maher, un muy fino humorista, sobre estos y otros muy interesantes aspectos del significado de Joe Biden y del impacto de Bill Clinton (a partir del minuto 17:00): ?Real Time with Bill Maher: Ep. #564: Ben Sheehan, Thomas Frank, Nancy MacLean on Apple Podcasts. Thomas Frank, elabora con más detalle el impacto de la connivencia de Clinton con los Republicanos, incluidos los acuerdos que llevaron al tratado de comercio con Méjico y Canadá conocido como NAFTA, en: How The Democratic Party BETRAYED Workers & Its Base – THOMAS FRANK Interview Part 1 – YouTube.. Y no olvidemos, Sapientísimo y quienes estáis a ese lado del Atlántico, que Tony Blair hizo tres cuartos de lo mismo con su Third way.

En términos de reforma económica, el presidente Biden se ha manifestado como uno de los presidentes más pro sindical que se recuerda y ha nombrado, a tal efecto, a asesores con un profundo conocimiento de cómo la colaboración entre sindicatos, patronal y política económica puede contribuir a una economía con mayor equidadPara una evaluación del significado de los primeros cien días de Biden, en sus aspectos de reforma judicial, sindicalismo y empleo, salud pública y la pandemia, políticas para combatir el cambio climático y políticas de familia e infancia, véase: Evaluating President Biden’s first 100 days – Harvard Law Today..

Y si hablamos de la reforma impositiva de Biden, hay quien considera a Biden un «anti-Reagan» por la determinación con que está enfrentándose al miedo que muchos demócratas tienen a pronunciar la frase «subida de impuestos»Pulsen en el podcast de 29 de abril de 2021: Biden’s 100 Days: What We’ve Learned About The Man, President And Country, en torno al minuto 13:22: On Point : NPR, aunque todo el podcast es muy interesante.. Por si fuera poco, la secretaria (ministra) del Tesoro, Janet Yellen, ex presidenta del banco central USA y académica de gran prestigio, ha propuesto planes para avanzar hacia una armonización de impuestos corporativos a nivel global para acabar con la lacra de los paraísos fiscalesVéase: Janet Yellen's proposal to revolutionize corporate taxation (theweek.com)..

El futuro es deslumbrante, no cabe duda, al menos para quienes, apreciando la conservación y la restauración, apreciamos todavía más la creatividad y el progreso.

Eppur

El riesgo

El título de esta entrada empieza a perder su enigma cuando precisamos que el pasado 5 de enero, los demócratas consiguieron, por los pelos, control del Senado USA y que el día siguiente, seis de enero, en el Capitolio que aloja al poder legislativo, se materializó un Dies Irae más que una Epifanía. Si hay dos momentos que simbolicen la fragilidad del absoluto control por parte del Partido Demócrata de los poderes ejecutivo y legislativo en los Estados Unidos y la amenaza del terrorismo doméstico, junto a la degradación del Partido Republicano, con lo que ello supone de amenaza para la democracia estadounidense, son estos dos días de enero.

El cinco de enero, dos elecciones al senado USA en el estado de Georgia dieron la victoria a los dos candidatos demócratas. Con dicha victoria, se consolido una división perfecta en el Senado con cincuenta senadores para cada partido y con la presidenta del Senado, la vicepresidenta Kamala (pronunciado Kámala) Harris como el voto para deshacer posibles empates, obviamente a favor de los Demócratas. Uno de los senadores Demócratas más conservadores, Joe Manchin de West Virginia, se ha convertido, de golpe y porrazo, en el más poderoso de todos ellos, en razón de lo cual, ya se le conoce como «the second Joe» (seguro que al «first Joe» no le hace ninguna gracia). El Senador Manchin asegura que todo es por bien del bipartidismo y el respeto a los derechos de la minoría… una minoría, añadimos, que sabe que solamente puede recuperar el poder y mantenerlo por medio de la supresión del voto y del diseño perverso de las circunscripciones en que se reparte la cámara baja (gerrymandering).

El seis de enero se produjo el ataque al Capitolio, visto y revisto en las pantallas de televisión de todo el mundo. Lo que quizás no se considere tan grave fuera de los Estados Unidos, al fin y al cabo, el ataque no prosperó, se vivió dentro de ellos y entre un sector muy mayoritario de la ciudadanía, como un trauma sin precedentes, una vejación que no se producía en Washington DC desde que los ingleses asaltaran y quemaran el Capitolio durante la guerra de 1812, hace más de doscientos años.

Las investigaciones que se están realizando al respecto, y hasta las declaraciones a plena luz del día de muchos políticos Republicanos, ponen de manifiesto los vínculos existentes entre algunos de los atacantes (y organizadores) más destacados, muchos líderes Republicanos y numerosos elementos de las fuerzas del orden, desde cuerpos de policía, hasta la Guardia Nacional. Las milicias extremas y supremacistas, una amenaza persistente que, sin embargo, raramente levanta la cabeza a nivel nacional, hizo saltar las alarmas entre los ciudadanos de a pie y entre profesionales y analistas de la seguridad.

Estos dos días, en resumen, representan los riesgos que amenazan al ambicioso proyecto de gobierno del presidente Biden: por una parte, la necesidad de conseguir mayorías legislativas que permitan sacar adelante la enorme cantidad de legislación necesaria para convertirlo en realidad; y, por la otra, impedir que la desesperación del Partido Republicano por recuperar y mantener el poder arrastre a sus líderes más radicales hacia una mayor agresividad, en cuanto al derecho al voto y la violencia política. Parece increíble que estas palabras puedan ser escritas hoy, y más cuando amplias mayorías sociales están claramente a favor de lo que el Presidente Biden ha conseguido en estos cien días y de lo que sus planes podrían significar para la economía y el empleo, y para la reducción de la desigualdad racial y económica, sin dejar de lado las mejores perspectivas para un mayor liderazgo de los Estados Unidos en el ámbito internacional, al que el Presidente Biden quiere volver con energía tras la desastrosa dejadez de Trump. Pero no somos los primeros en escribirlas.

Por estas dos razones, los próximos dieciocho meses van a ser de suma importancia, para que el presidente Biden pueda consolidar su victoria del pasado 3 de noviembre. Este es el tiempo que queda hasta que se celebren las elecciones midterm en noviembre de 2022, en que se renueva totalmente la Cámara de Representantes y una tercera parte del Senado. El tiempo apremia.

El Joe Biden que hoy lidera los Estados Unidos es un ser humano que se ha forjado, repetidamente, en la desgracia personal pero que ha sabido aumentar su humanidad tras cada martillazo, algo que revela un valor especial. A pesar de sus errores políticos (deficit hawk, partidario de condenas severas en sus comienzos o parte del sector duro de la intervención armada en ocasiones), ha sabido aprender de sus errores de juicio como pocos políticos lo han hechoPara una discusión sobre las circunstancias personales del presidente Biden, sus posiciones políticas y su capacidad de evolución, véanse: On Point : NPR y ?Real Time with Bill Maher: Ep. #564: Ben Sheehan, Thomas Frank, Nancy MacLean on Apple Podcasts.. Y si, además de repasar con interés sus propuestas y constatar la creciente aceptación que van teniendo entre la ciudadanía, escuchamos con atención, aunque no entendamos todo lo que dice en inglés, y leemos su lenguaje corporal en su discurso del pasado 28 de abril, creeremos que hay motivos para el optimismo.

Quizás no para concluir que si Joe Biden logra convertir en ley lo más significativo de su programa de gobierno pueda comparase a Franklin D. Roosevelt en lo económico y a Lyndon B. Johnson en lo referente al derecho al voto y los derechos civiles; pero sí, al menos, para dar lugar al tipo de progreso social que FDR y LBJ representaron y que nos es permitido observar cada una o dos generaciones.

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