Comerás flores: una novela correcta tocada por la tecla del algoritmo

Comerás flores

Lucía Solla Sobral

Barcelona, Libros del Asteroide, 2025

248 págs.

Comerás flores, de la autora gallega Lucía Solla Sobral (Marín, 1989), es desde que se publicó el gran fenómeno editorial. Y, probablemente, se convertirá en la novela más vendida de 2026 con unos 300.000 ejemplares. Publicada en septiembre de 2025, apareció sin hacer ruido, como ocurre con toda ópera prima de una autora desconocida, pero ya casi desde el principio fue cogiendo fuerza hasta acabar convertida en el acontecimiento que es hoy.

Hay varias capas que analizar en este libro. Una es la propia historia, el estilo, la pluma de la escritora gallega. Concebida en un curso de escritura, dirigido por la también escritora Marta Jiménez Serrano, desarrolla una idea incial de un par de párrafos, que fue dando lugar finalmente a toda la trama. Esta gira en torno a la relación entre Marina, una veinteañera, y Jaime, un hombre ya en la cuarentena; y cómo lo que empieza por un flechazo acaba derivando en una tortuosa historia que en nuestros tiempos tiene un adjetivo clave: tóxica. 

Y aquí entroncamos con otro factor no menos importante para esta novela: cómo la trama ha conseguido dar con una tecla que vibra en nuestra sociedad desde hace tiempo, y es el escrutinio que cada vez más aplicamos a las relaciones. Lo que antes se pasaba por alto, ya no se admite. Lo que antes solo llamaba la atención si hablábamos de tortazos ahora alcanza un punto más sutil, menos tosco. Las llamadas intempestivas, los miles de mensajes, acelerar el coche para asustar y el silencio impuesto ya no se contemplan con un tupido velo. Y aquí Solla Sobral ha encontrado petróleo. El maltrato no es (solo) el ojo morado. El maltrato es que te pregunten cada media hora dónde estás. 

Los cambios que ha efectuado la sociedad en los últimos años —y sí, toda la ola del nuevo feminismo con sus pasadas de frenada y sus aciertos— han caído como anabolizantes sobre esta novela. Tiene un mensaje que se premia. Teniendo esto en cuenta, no es tan raro que la novela, más allá del boca a oreja, entrara en el boca a red social y de ahí fuera saltando como de roca en roca por un río. Primero recomendada por personas completamente desconocidas y después ya por otras escritoras, cantantes y actrices (Leticia Dolera y Maribel Verdú tienen gran parte de «culpa» en todo esto). El marketing que después, obviamente, hizo la editorial, vino casi rodado. Y ahora estamos en una época en la que si entras en el flujo del algoritmo, puedes convertirte en el autor más vendido casi sin despeinarte. Ya no hace tanta falta recorrer todas las librerías y bibliotecas de España para dar a conocer tu libro. Ni siquiera ganar un gran premio comercial. Si el algoritmo te toca con su varita mágica, que empiece a sonar la caja registradora.

Dicho esto, no todo el fenómeno se explica por la fuerza de la red, porque tampoco se sabe muy bien por qué de pronto las hadas de internet te favorecen. Comerás flores es una novela que podríamos situar en la zona media de la tabla. Una novela correcta que, sin ser una obra maestra ni nada por el estilo, tiene una serie de cualidades. 

Empecemos por estas últimas. Por ejemplo, el título, que creo que es muy bueno porque lo resume todo a la perfección. Comerás flores. Y ahí te tiras a la piscina. Porque esta historia es la de una chavala joven, con aspiraciones culturetas y en un momento difícil tras perder a su padre, que una noche conoce al tipo de sus sueños: guapo, rico, educado, con un gusto exquisito y con un nivel cultural que ni de lejos tendrían (aún) los chicos con los que se mueve. Un hombre al que jamás te podrías imaginar como un maltratador (¿en esto seguimos teniendo prejuicios?). La creación de ambos personajes está bien trazada, aunque ella mejor que él. También está bien medida la escalada del conflicto y cómo de los primeros mensajitos se llega hasta el auténtico terror que siente Marina ante el mero silencio de Jaime. 

Pero a la vez que eso está conseguido y que el lector lo capta sin ninguna dificultad —es una novela sencilla en el mejor sentido de la palabra— se cae de las manos por la misma razón. Todo nos empieza a suceder demasiado rápido, llegando incluso una petición de matrimonio, pero varios personajes que aparecen pincelados al principio, como la mejor amiga de Marina, se quedan en eso, en una pincelada. Tampoco la familia alcanza un peso importante. Y aquí una tiene la sensación de que cabría esperar algo más. Si tan relevante es la amiga —aquí se quiere resaltar el papel de la amistad en este tipo de relaciones—, ¿por qué desaparece tan pronto y regresa casi al final? Y la familia, con el drama del padre muerto, tampoco parece aportar demasiado. 

Y esto al lector le cuadra poco. Porque una cosa es que la propia protagonista, obnubilada por el otro, creyéndose enamorada (aunque lo que está es obsesionada, enganchada a una admiración que no controla) no vea las miles de señales de alerta que hay desde las primeras páginas en el comportamiento de Jaime, y otra que no las vea el círculo más cercano o que prácticamente permanezca medio ausente. La autora utiliza estas «desapariciones» para asentar la idea de que normalmente en estas relaciones te acabas quedando sola, que nadie es capaz de ver qué está realmente ocurriendo en esa casa tan cool con esa pareja tan sexi. Pero queda raro.

En definitiva, el conflicto se nos acaba alargando —aparecerá hasta una hijastra de Jaime— cuando la idea ya estaba colocada desde los inicios (la deriva hacia la casa en la que vive sola me pareció un poco alargar la trama de más). Se queda así un poco sin sal, sin profundidad, sin otro tipo de personajes que podrían haber contribuido a hacernos entender también qué está pasando.  Estamos en una época que suele premiar los «productos» literarios que hablen directamente (sin metáforas ni nada) de ciertas sensibilidades sociales. La península de las casas vacías de David Uclés, con su guerra civil de realismo mágico, también tiene algo que ver con este fenómeno, y el asunto que trata Lucía Solla Sobral está completamente a la orden del día. Tampoco olvidemos que la gran mayoría de lectores, en realidad, son lectoras, y muchas de ellas jóvenes, lo cual también está cambiando el tipo de libros que se «consumen» (sí, tenemos que hablar más de consumo que de lectura, pero esto es otro asunto). Comerás flores entra de lleno en la conversación que están teniendo cientos de miles de mujeres en la edad de Marina. Y para ellas, esta es la novela que mejor ha tocado el asunto. Sí, no estamos ante una obra maestra de la literatura, pero ha dado en la diana con pulso y buen hacer. La gran mayoría no puede decir lo mismo. Y para estar entre las más vendidas del año, no está mal. 

Paula Corroto es periodista. Publica reportajes, entrevistas y columnas de opinión en medios como El País, eldiario.es, El Confidencial y las revistas Letras Libres y Jot Down. Su último libro es El crimen mediático (Foca Ediciones, 2019).

Comerás flores, de la autora gallega Lucía Solla Sobral (Marín, 1989), es desde que se publicó el gran fenómeno editorial. Y, probablemente, se convertirá en la novela más vendida de 2026 con unos 300.000 ejemplares. Publicada en septiembre de 2025, apareció sin hacer ruido, como ocurre con toda ópera prima de una autora desconocida, pero ya casi desde el principio fue cogiendo fuerza hasta acabar convertida en el acontecimiento que es hoy.

Hay varias capas que analizar en este libro. Una es la propia historia, el estilo, la pluma de la escritora gallega. Concebida en un curso de escritura, dirigido por la también escritora Marta Jiménez Serrano, desarrolla una idea incial de un par de párrafos, que fue dando lugar finalmente a toda la trama. Esta gira en torno a la relación entre Marina, una veinteañera, y Jaime, un hombre ya en la cuarentena; y cómo lo que empieza por un flechazo acaba derivando en una tortuosa historia que en nuestros tiempos tiene un adjetivo clave: tóxica. 

Y aquí entroncamos con otro factor no menos importante para esta novela: cómo la trama ha conseguido dar con una tecla que vibra en nuestra sociedad desde hace tiempo, y es el escrutinio que cada vez más aplicamos a las relaciones. Lo que antes se pasaba por alto, ya no se admite. Lo que antes solo llamaba la atención si hablábamos de tortazos ahora alcanza un punto más sutil, menos tosco. Las llamadas intempestivas, los miles de mensajes, acelerar el coche para asustar y el silencio impuesto ya no se contemplan con un tupido velo. Y aquí Solla Sobral ha encontrado petróleo. El maltrato no es (solo) el ojo morado. El maltrato es que te pregunten cada media hora dónde estás. 

Los cambios que ha efectuado la sociedad en los últimos años —y sí, toda la ola del nuevo feminismo con sus pasadas de frenada y sus aciertos— han caído como anabolizantes sobre esta novela. Tiene un mensaje que se premia. Teniendo esto en cuenta, no es tan raro que la novela, más allá del boca a oreja, entrara en el boca a red social y de ahí fuera saltando como de roca en roca por un río. Primero recomendada por personas completamente desconocidas y después ya por otras escritoras, cantantes y actrices (Leticia Dolera y Maribel Verdú tienen gran parte de «culpa» en todo esto). El marketing que después, obviamente, hizo la editorial, vino casi rodado. Y ahora estamos en una época en la que si entras en el flujo del algoritmo, puedes convertirte en el autor más vendido casi sin despeinarte. Ya no hace tanta falta recorrer todas las librerías y bibliotecas de España para dar a conocer tu libro. Ni siquiera ganar un gran premio comercial. Si el algoritmo te toca con su varita mágica, que empiece a sonar la caja registradora.

Dicho esto, no todo el fenómeno se explica por la fuerza de la red, porque tampoco se sabe muy bien por qué de pronto las hadas de internet te favorecen. Comerás flores es una novela que podríamos situar en la zona media de la tabla. Una novela correcta que, sin ser una obra maestra ni nada por el estilo, tiene una serie de cualidades. 

Empecemos por estas últimas. Por ejemplo, el título, que creo que es muy bueno porque lo resume todo a la perfección. Comerás flores. Y ahí te tiras a la piscina. Porque esta historia es la de una chavala joven, con aspiraciones culturetas y en un momento difícil tras perder a su padre, que una noche conoce al tipo de sus sueños: guapo, rico, educado, con un gusto exquisito y con un nivel cultural que ni de lejos tendrían (aún) los chicos con los que se mueve. Un hombre al que jamás te podrías imaginar como un maltratador (¿en esto seguimos teniendo prejuicios?). La creación de ambos personajes está bien trazada, aunque ella mejor que él. También está bien medida la escalada del conflicto y cómo de los primeros mensajitos se llega hasta el auténtico terror que siente Marina ante el mero silencio de Jaime. 

Pero a la vez que eso está conseguido y que el lector lo capta sin ninguna dificultad —es una novela sencilla en el mejor sentido de la palabra— se cae de las manos por la misma razón. Todo nos empieza a suceder demasiado rápido, llegando incluso una petición de matrimonio, pero varios personajes que aparecen pincelados al principio, como la mejor amiga de Marina, se quedan en eso, en una pincelada. Tampoco la familia alcanza un peso importante. Y aquí una tiene la sensación de que cabría esperar algo más. Si tan relevante es la amiga —aquí se quiere resaltar el papel de la amistad en este tipo de relaciones—, ¿por qué desaparece tan pronto y regresa casi al final? Y la familia, con el drama del padre muerto, tampoco parece aportar demasiado. 

Y esto al lector le cuadra poco. Porque una cosa es que la propia protagonista, obnubilada por el otro, creyéndose enamorada (aunque lo que está es obsesionada, enganchada a una admiración que no controla) no vea las miles de señales de alerta que hay desde las primeras páginas en el comportamiento de Jaime, y otra que no las vea el círculo más cercano o que prácticamente permanezca medio ausente. La autora utiliza estas «desapariciones» para asentar la idea de que normalmente en estas relaciones te acabas quedando sola, que nadie es capaz de ver qué está realmente ocurriendo en esa casa tan cool con esa pareja tan sexi. Pero queda raro.

En definitiva, el conflicto se nos acaba alargando —aparecerá hasta una hijastra de Jaime— cuando la idea ya estaba colocada desde los inicios (la deriva hacia la casa en la que vive sola me pareció un poco alargar la trama de más). Se queda así un poco sin sal, sin profundidad, sin otro tipo de personajes que podrían haber contribuido a hacernos entender también qué está pasando.  Estamos en una época que suele premiar los «productos» literarios que hablen directamente (sin metáforas ni nada) de ciertas sensibilidades sociales. La península de las casas vacías de David Uclés, con su guerra civil de realismo mágico, también tiene algo que ver con este fenómeno, y el asunto que trata Lucía Solla Sobral está completamente a la orden del día. Tampoco olvidemos que la gran mayoría de lectores, en realidad, son lectoras, y muchas de ellas jóvenes, lo cual también está cambiando el tipo de libros que se «consumen» (sí, tenemos que hablar más de consumo que de lectura, pero esto es otro asunto). Comerás flores entra de lleno en la conversación que están teniendo cientos de miles de mujeres en la edad de Marina. Y para ellas, esta es la novela que mejor ha tocado el asunto. Sí, no estamos ante una obra maestra de la literatura, pero ha dado en la diana con pulso y buen hacer. La gran mayoría no puede decir lo mismo. Y para estar entre las más vendidas del año, no está mal. 

Paula Corroto es periodista. Publica reportajes, entrevistas y columnas de opinión en medios como El País, eldiario.es, El Confidencial y las revistas Letras Libres y Jot Down. Su último libro es El crimen mediático (Foca Ediciones, 2019).

El despertar de la conciencia, de William Holman Hunt, 1853. Tate Britain
El despertar de la conciencia, de William Holman Hunt, 1853. Tate Britain

Ficha técnica

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Recordamos a nuestros suscriptores que, con ocasión del regreso al papel de Revista de Libros, el día 10 de diciembre, a las 19.00h., en la Fundación Ramón Areces, la escritora Elvira Navarro, el periodista cultural Jesús García Calero y el filósofo Javier Moscoso dialogarán sobre cómo se transforman los géneros literarios y cambian los lectores; sobre cómo, en nuestros tiempos, las ficciones conviven con realidades, ya sea en la historia o en la literatura, o cómo el formato, ya sea digital o material, determina nuestra relación con los libros y sus críticos.

El mundo del libro, ese maravilloso invento que nos acompaña desde hace milenios, sufre en la actualidad transformaciones en su diseño, en su público y en sus propósitos. Así que, mientras aprendemos a leer en diagonal en los formatos digitales, seguimos pasando páginas, cuestionando premios y jurados, formando comunidades y asociaciones, y anunciando una y otra vez la muerte del papel que, afortunadamente, nunca llega a producirse.

Elvira Navarro es escritora de fama internacional. Su última obra publicada es La sangre está cayendo al patio.

Jesús García Calero es periodista, director de ABC Cultural.

Javier Moscoso, profesor de investigación del CSIC, es director de Revista de Libros.

Premio a la mejor contribución, reseña o ensayo, para menores de 35 años.

Con objeto de fomentar y poner en valor la escritura y la lectura crítica entre jóvenes talentos, y con la colaboración de la Fundació Banc Sabadell, Revista de Libros convoca el premio «Nuevas voces» destinado a reconocer reseñas y breves ensayos publicados en nuestras páginas. El premio, de carácter anual, tendrá una dotación económica de 1.000 euros, que se entregarán en un acto institucional en octubre de este año.