Buscar

Carlos Bousoño en su centenario: recuerdos de 1979

Ensayo de una teoría de la visión (con un estudio, «La poesía de Guillermo Carnero», de Carlos Bousoño)

Guillermo Carnero

Madrid, Hiperión, 1979

Poesía poscontemporánea. Cuatro estudios y una introducción

Carlos Bousoño

Madrid, Júcar, 1985

image_pdfCrear PDF de este artículo.

En mayo de 2023 hubiera cumplido Carlos Bousoño cien años, y los actos en su memoria han puesto una vez más sobre el tapete la pertinencia de ese tipo de conmemoraciones. Quienes las consideran una rutina prescindible se equivocan. Estamos en un momento de cambio de ciclo cultural, en el que no se sustituyen meramente unas tendencias por otras, sino que cabalga sin oposición el nuevo jinete del Apocalipsis que es la ignorancia orgullosa de serlo y provista de la aplastante tecnología de la comunicación. La literatura culta está en peligro. Así lo dije en el homenaje a Vicente Aleixandre que se celebró el 5 de octubre de 2023 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid: en peligro por la pasividad del olvido y por la hiperactividad cainita latente en la sociedad literaria. De ese cainismo, no encubierto sino proclamado a cara descubierta, fue Carlos Bousoño víctima en vida, cuando se perpetró el insólito engendro titulado Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española 1950-2000 (Galaxia Gutenberg, Madrid, 2002), con selección de José Ángel Valente y otros tres iluminados.

De ese monumento al cainismo y la falta de objetividad fue excluido Carlos Bousoño, como lo fueron José Hierro, Ángel González, Juan Gil Albert, Luis García Montero, Carlos Marzal, Luis Alberto de Cuenca, Luis Antonio de Villena, Vicente Gallego y yo mismo. A pesar de lo que se haya dicho en cuanto a la supuesta selección solidaria a cuatro, el sentido común hace suponer que mientras los dos antólogos transoceánicos se hacían cargo del ámbito sudamericano, sus equivalentes de esta orilla se encargaban del peninsular, y en cada ámbito el sénior y el júnior discernían entre los poetas de su franja de edad. Es decir, habrían seguido el modelo al que nos tienen acostumbrados las películas de gangsters: cuando cuatro se reúnen para repartirse una ciudad, la dividen en otros tantos sectores y se juran mutuamente sobre una fuente de spaghetti que ninguno invadirá la zona de otro, y cada uno respaldará las fechorías de los demás.

Podría haber sido de otro modo, pero me parece verosímil que las cosas ocurrieran como sospecho, y en tal caso en la zona atribuible a Valente estaría Carlos Bousoño. A quienes conocen la literatura contemporánea española no hace falta señalarles la aberración, pero cabe la posibilidad de que los jóvenes o los poco informados, y acaso alguna editorial, tomen en serio la trapisonda y la consideren un canon legítimo. Con lo que vuelvo a donde empecé: hay que mantener viva la memoria de Carlos Bousoño.

Si quiero evocar mi relación con él, he de recordar en primer lugar a Vicente Aleixandre, que fue el amigo, el guía y el mentor de muchos de los poetas de mi época y mi generación. La actitud de Vicente con quienes nos acercábamos a él fue la que correspondía a su altísima calidad humana: con insuperable cariño, modestia, tacto y habilidad nos iba guiando en el terreno literario y en el personal, cuidando de no ostentar la autoridad que le era consustancial, exponiendo como opiniones discutibles o meras sugerencias lo que eran, aunque él se guardara mucho de hacerlo ver, juicios basados en criterios valorativos fuera de duda, que solía refrendar, como garantía de objetividad, en la opinión que al respecto pedía regularmente a Carlos Bousoño y a otros en los que igualmente confiaba y cuya simpatía hacia nosotros le constaba, como Claudio Rodríguez, José Olivio Jiménez o Francisco Brines. Los juicios de Vicente, raras veces taxativos, dejaban así las decisiones en nuestra mano. He de decir en honor a la verdad que nunca ignoré sus recomendaciones y casi siempre las seguí, aunque me las expusiera con todas las reservas mencionadas, en persona o por carta. Estoy convencido de que cuando la correspondencia de Vicente con todos los miembros de mi grupo y generación se conozca en su integridad, será evidente que nos orientó colectivamente, secundado por Bousoño, de tal modo que ambos pueden considerarse agentes del cambio estético que tuvo lugar en la poesía española a partir de mediados de la séptima década del siglo XX.

En segundo lugar, Carlos demostró una significativa sintonía con la poética de algunos componentes de mi generación: no sólo la comprendió y la aceptó, sino que se interesó específicamente por ella y compartió con nosotros la metapoesía, llevado por su meditación acerca de la naturaleza de su propia escritura en el contexto de la interrogación acerca del sentido de su vida, y la relación de aquella con el amor y la certeza de la muerte. Ante Oda en la ceniza (1967), Las monedas contra la losa (1973), Metáfora del desafuero (1988), El ojo de la aguja y Canto de la salvación (1993), recuerdo haber tenido la sensación de que Carlos caminaba a nuestro lado, especialmente en el libro de 1988. Las dedicatorias de algunos de los poemas de esos libros muestran, a mi modo de ver, no solo una relación de amistad sino un indicio de sintonía en el terreno de la poética y la escritura: a Pedro Gimferrer («Más allá de esta rosa», en el primero de los libros citados); a Luis Antonio de Villena («La ignorancia», en el tercero), a Jenaro Talens («La búsqueda», en el segundo), a Antonio Carvajal («Reflexiones últimas», en el cuarto), y a mí mismo («En la ceniza hay un milagro» y «Un álamo», en el primero y el tercero respectivamente).    

Finalmente, en la década de los 70 tuve la gran suerte de interesar, entre otras, a dos mentes privilegiadas, a las que estaré siempre agradecido, José Olivio Jiménez y Carlos Bousoño, a quienes debo estudios de una extraordinaria calidad, que desde el primer momento se convirtieron en referencias ineludibles. José Olivio Jiménez publicó en el n.º 194 de Papeles de Son Armadans (mayo de 1972) el estudio «Estética del lujo y de la muerte: sobre Dibujo de la Muerte de Guillermo Carnero», recogido luego en Diez años de poesía española, 1960‑1970 (Madrid, Ínsula, 1972, con 2.ª edición en 1998, Diez años decisivos en la poesía española contemporánea, 1960‑1970, Madrid, Rialp). Carlos Bousoño prologó mi primera edición de obras completas, publicada en 1979, Ensayo de una teoría de la visión, con un estudio («La poesía de Guillermo Carnero»), que se reprodujo en la reedición de 1983, y revisado y ampliado en su libro Poesía poscontemporánea (Madrid, Júcar, 1985). Por mi parte, gracias a José Luis Jover entrevisté a Carlos Bousoño en el programa Encuentros con las Letras de Televisión Española, el 6 de enero de 1978. Más tarde participé con una conferencia en el homenaje que le dedicó en 1994 la Fundación Juan March por haber recibido el Premio Nacional de las Letras Españolas.

El ensayo de Carlos que he citado tuvo una gestación compleja. Yo se lo pedí en 1977, cuando él andaba muy atareado. En carta de 4 de abril de ese año me escribía que se encontraba cargado de trabajo, lo repetía en la de 27 de noviembre refiriéndose a la necesidad de aplazar mi petición, y en la de 26 de marzo de 1978 decía tener cinco libros en marcha, de los cuales citaba tres: El irracionalismo poético: el símbolo (ha de ser su 2.ª edición, Gredos, 1981); Épocas literarias y evolución (Gredos, 1981, 2 volúmenes), y Superrealismo poético y simbolización (Gredos, 1978). Los otros dos serían Seis calas en la expresión literaria española (en colaboración con Dámaso Alonso, 4.ª edición, Gredos, 1979), y la antología Selección de mis versos (Cátedra, 1980).

Cuando al fin recibí en otoño de 1978 el estudio preliminar tan largamente esperado, quedé totalmente desconcertado por dos razones. En primer lugar, no se trataba de un texto terminado sino de borradores, folios sueltos con papeles pegados y añadidos manuscritos, tachaduras y correcciones no siempre inmediatamente descifrables; en segundo lugar, parecía haber sido concebido antes de mi petición, como un estudio más amplio, de ámbito generacional y epocal, destinado acaso a un libro futuro.

Carlos Bousoño y Guillermo Carnero durante el homenaje a Bousoño en la Fundación Juan March, en 1994, por la concesión del Premio Nacional de las Letras Españolas.

Mi desconcierto no pasó inadvertido a Carlos: en su carta de 14 de octubre de 1978 decía haber percibido, en una reciente conversación telefónica que habíamos mantenido, «algún género de insatisfacción», y terminaba dejándome en libertad para «prescindir de su prólogo», ya que en tal caso lo publicaría más tarde «en un tomo sobre la poesía de la posguerra». Le aseguré que en modo alguno deseaba renunciar a su valioso trabajo, pero le hice ver que al frente de lo que era una recopilación de mi poesía debía ir un estudio dedicado estrictamente a ella, y no el que hubiera convenido a una antología o a un estudio generacional.

También me confirmó en conversación telefónica que me había mandado borradores faltos de la revisión y la redacción que no había tenido tiempo de darles, y me pidió que me ocupara de hacerlo y le enviara el texto tal como le había propuesto, de tal modo que se publicara una vez aprobado por él, sin perjuicio de que en el futuro lo ampliara a cuantos poetas y asuntos quisiera. En otra carta de octubre de 1978, en la que no figura el día, escribió lo siguiente:

Mi querido Guillermo: Tu carta me ha producido alegría, como puedes suponer, ya que son para mí muy satisfactorias todas las cosas que en ella me dices. Te doy carta blanca para que cambies a tu gusto esos adjetivos sobre los «Poemas de transición»: quita pues lo de «desvío y desorientación regresiva [?]», y pon lo que te parezca congruente. Puedes asimismo suprimir las menciones individuales de otros poetas.

Seguía admitiendo que «la frase de la vida y los criados es, en efecto, de Axel de Villiers, y no comprendo cómo la atribuí a De Quincey: una de esas jugarretas de la memoria»; asimismo añadía esto: «Puedes también, en nota o donde quieras, citar lo del Superrealismo y tu bibliografía», y «Otra cosa: me hablaste de que alguna interpretación podría mejorarse añadiéndole “algún renglón”. Hazlo. Eso no solo me parece bien, sino que me parece indispensable: las interpretaciones necesitan ser correctas, y sin duda tú estás en mejores condiciones que yo para saber lo que has querido decir». Todo ello da una idea de lo incompleto e inacabado que era el texto que yo había recibido, y de la franqueza mutua entre nosotros. La carta, que reproduzco más abajo, terminaba así: «Escribir el prólogo ha sido para mí una experiencia apasionante y un indudable enriquecimiento. No tienes, pues, que agradecérmelo. Soy yo el más beneficiado».

No sería justo dejar de reconocer que el beneficiado por ese estudio deslumbrante fui yo, desde entonces y hasta hoy.

Naturalmente que se lo agradecí y se lo agradeceré mientras viva. Siguiendo sus indicaciones redacté los borradores y le remití, junto a ellos, la versión «en limpio», que fue a imprenta después de su aprobación, y cuyas pruebas corrigió. No he decir que ha quedado poca evidencia de ese proceso de redacción, que en su mayor parte consistió en conversaciones telefónicas.

Quiero finalmente recalcar que escribió literalmente: «Puedes asimismo suprimir las menciones individuales de otros poetas». Yo no realicésin contar con él ―¿cómo habría podido?― la adaptación de un texto que, en un primer momento y falto de su redacción definitiva, no estaba pensado como estudio de la obra singular de nadie, la mía en este caso. Carlos hubiera podido, con indiscutible autoridad y con el ejercicio de su copyright, negarse a firmar el texto de 1979. No solo no lo hizo, sino que lo aceptó una vez leído, lo mismo que yo acepté que pudiera ser ampliado en el futuro hasta constituir el estudio de alcance colectivo que se publicó en 1985.

Si alguien se hubiera preguntado por la razón de que existan dos versiones, 1979 y 1985, de ese texto, espero haber satisfecho su curiosidad.

Carta de Carlos Bousoño, octubre de 1978.

Guillermo Carnero es uno de los Nueve novísimos poetas españoles (1970) de José María Castellet. Ha recibido los Premios Nacionales de la Crítica y de Literatura, el Internacional de Poesía Loewe y el Fastenrath de la Real Academia Española.

image_pdfCrear PDF de este artículo.
Carlos Bousoño. Imagen: Wikipedia
Carlos Bousoño. Imagen: Wikipedia

Ficha técnica

8 '
0

Compartir

También de interés.

Conspiración, conspiración, conspiración

La era del conspiracionismo. Trump, el asalto al Capitolio y el culto a la…

«El más sagaz e importante de los filósofos alemanes del Estado, no un nazi cualquiera»: el caso Carl Schmitt

«Creador y destructor simultáneamente» (Zarria, Maschke, 2019: 259), el contradictorio Carl Schmitt está de…