La España constitucional
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Quizá los padres de la Constitución de 1978 se equivocaron al crear el Estado de las autonomías, propiciando una división artificial que ha incrementado innecesariamente la burocracia y el gasto público, pero a estas alturas no se puede dar marcha atrás sin provocar un cataclismo político y social. Al menos podemos extraer una lección histórica. En el caso del País Vasco y Cataluña, el independentismo no se aplacó con estas concesiones. Al revés, se interpretaron como un gesto de debilidad y como una excelente oportunidad para exacerbar el sentimiento nacionalista. La transferencia de las competencias educativas y culturales sólo ha servido para falsear la historia, marginar el castellano e inculcar en las nuevas generaciones el desprecio por España. La crisis económica de 2008 se convirtió en un inesperado aliado del independentismo. La izquierda se despeñó por el populismo, apoyando los «procesos soberanistas» y exaltando el «socialismo del siglo xxi» de Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa. Se entonaron alabanzas al castrismo y se sacó del armario a Marx, olvidando –o minimizando‒ los crímenes del comunismo. El independentismo catalán se radicalizó, presentándose ante el mundo como una nación alegre y democrática ocupada por un Estado colonialista y represor. El independentismo vasco sonrió ante este giro, pues le permitía blanquear su pasado y redundar en su discurso jeremíaco.
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La soledad del papa Francisco
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

La popularidad del papa Francisco ha decrecido desde su elección el 13 de marzo de 2013. Sus gestos de apertura ilusionaron a millones de cristianos nostálgicos del espíritu renovador del Concilio Vaticano II, concitando al mismo tiempo la simpatía de quienes contemplaban con indiferencia –o incluso aversión– a la Iglesia católica. Los escándalos de pederastia acontecidos años atrás (en muchos casos, hay que hablar de décadas) han dañado la imagen del pontífice, pese a que desde el principio adoptó una política de «tolerancia cero» con los abusos sexuales, continuando la línea marcada por su predecesor, Benedicto XVI. Su relación con la dictadura argentina también ha suscitado polémicas. Se rumoreó que Jorge Mario Bergoglio, por entonces provincial de los jesuitas, había delatado a los sacerdotes Franz Jalics, de origen húngaro, y Orlando Yorio, que realizaban un intenso trabajo pastoral en las «villas miseria». Secuestrados, torturados y mantenidos en cautividad durante cinco meses, Jalics desmentiría años después las versiones que inculpaban a Bergoglio. En una investigación posterior, los tribunales absolvieron de toda responsabilidad al que ya era arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal de Argentina. Quedó claro, además, que se había entrevistado con Emilio Massera para abogar por los jesuitas desaparecidos, sin lograr otra cosa que displicencia y evasivas. Nadie se ha atrevido a sostener que fue «cómplice de la dictadura» y se han recogido muchos testimonios de personas a quienes amparó, protegió o avisó del peligro que corrían.
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Fernando Rivas Rebaque: Padres de la Iglesia, médicos del alma
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Los libros de espiritualidad casi siempre se han dirigido a los cristianos que daban los primeros pasos en la fe o los que deambulaban por las cumbres, rozando la experiencia mística. Casi nunca han reparado en quienes caminaban por las planicies, contemplando desde lejos la montaña. Fernando Rivas Rebaque (Torre de Juan Abad, Ciudad Real), sacerdote diocesano y profesor de Historia Antigua de la Iglesia y Patrología de la Universidad Pontificia de Comillas, se planteó la necesidad de escribir una guía para transitar por esa «zona intermedia» tras leer un libro de Javier Garrido, Ni santo ni mediocre. Ideal cristiano y condición humana (1998), en el que se apuntaba que «la meseta es áspera y prolongada. Necesitamos la paciencia que consolida la fidelidad, para que nuestra esperanza no quede defraudada». Rivas Rebaque señala que hemos pasado de una pedagogía autoritaria a una pedagogía sin directrices, donde el individuo se siente abandonado y perdido. Este giro ha creado una sensación de desamparo particularmente aguda en las mentes afligidas por cualquier forma de sufrimiento. Se olvida que el cristianismo nació como «una tradición salvadora y saludable». La salvación no es un concepto estrictamente teológico, sino una vivencia que se materializa como salud psicofísica, bienestar interior y exterior, alegría y plenitud.
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César Antonio Molina: un paseo por el cine, el amor y la muerte
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Durante mucho tiempo, Occidente miró hacia la eternidad. Dos siglos de ilustración y progreso material disiparon esa perspectiva, dejando al hombre desnudo ante la muerte. Condenado a vivir en la celda de la finitud, el ser humano buscó una escapatoria en el amor. Incapaz de seguir creyendo en el amor divino, volcó sus ansias de permanencia en la pasión romántica, atisbando en el frenesí de los afectos una forma de comunión y trascendencia. César Antonio Molina (La Coruña, 1952), con una obra en marcha que incluye poesía, ensayo, memorias, literatura de viajes, crítica literaria y crítica cinematográfica, ha seleccionado un centenar de películas para abordar la confrontación entre el amor y la muerte. El fruto es un intenso ensayo titulado Tan poderoso como el amor, con una prosa espléndida y cierto aire de fatalismo que a veces se relaja, vislumbrando un hilo de esperanza.
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Miguel Delibes: historia de una pérdida
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

¿Cómo afrontar la pérdida de un ser querido que ha llenado de sentido nuestra propia vida? ¿Se puede seguir adelante cuando experimentas una abrumadora sensación de vacío? ¿Hay alguna forma de mitigar el dolor, de aliviar la sensación de haberse quedado incompleto, mutilado? Miguel Delibes perdió a su esposa, Ángeles de Castro, en 1974. Compañera, cómplice y madre de sus siete hijos, su muerte prematura lo dejó sumido en una profunda tristeza, que oscurecería el resto de su obra, introduciendo una perspectiva cada vez más melancólica, pero nunca desengañada o escéptica. El escritor vallisoletano nunca fue un pesimista existencial. 
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Felipe VI, el rey cansado
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Desde su subida al trono, Felipe VI ha soportado la hostilidad de los independentistas y de la izquierda más destemplada. Los ataques a la monarquía parlamentaria no se limitan a cuestionar la forma del Estado. Su objetivo último es acabar con el modelo político establecido por la Constitución de 1978, al que se acusa de ser una continuación maquillada de la dictadura franquista. Los independentistas catalanes se han mostrado especialmente beligerantes con el rey, abucheándolo cada vez que ha visitado Cataluña. La izquierda populista ha preferido optar por el desplante, prescindiendo de la cortesía más elemental. Felipe VI parece cansado. Sus gestos de prudencia o concordia no han producido frutos y sus iniciativas más firmes han acentuado la animadversión de sus antagonistas. Se le recrimina con dureza su discurso institucional del 3 de octubre de 2017, en el que pidió atajar la rebelión de las autoridades catalanas contra el Estado de Derecho. En esa ocasión, afirmó que el independentismo había dividido a la sociedad catalana, atentando contra la paz social y la armonía, lo cual es tristemente cierto. Se ha interpretado su discurso de Navidad de 2018 como una rectificación, pues llamó al diálogo y a la convivencia, pero no está de más señalar que también pidió respeto a las reglas democráticas y a la Constitución: «No es una realidad inerte, sino una realidad viva que ampara, protege y tutela nuestros derechos y libertades».
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La gran familia: la España de ayer
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Cuando estudiaba Filosofía en la Universidad Complutense, mis compañeros hablaban con devoción del cine de Bernardo Bertolucci, Luchino Visconti, Éric Rohmer y Michelangelo Antonioni. Si alguien se atrevía a elogiar a John Ford, Raoul Walsh o Alfred Hitchcock, se exponía a ser calificado de fascista y reaccionario. Por entonces, casi todo el mundo había visto Centauros del desierto, Murieron con las botas puestas o Cortina rasgada. A principios de los años ochenta, sólo había dos canales de televisión y los clásicos se reservaban para las franjas horarias con más público. En la Facultad de Filosofía, aún se respiraba el aire enfebrecido del Mayo francés y comenzaba a despuntar la movida madrileña. La mayoría de mis compañeros oscilaban entre el marxismo-leninismo matizado por Louis Althusser, un pop descerebrado y hortera (que fingía ser el colmo de la sofisticación y el ingenio), y las herméticas enseñanzas de Wilhelm Reich y Jacques Lacan. Se soñaba con asaltar los cielos al ritmo de Alaska y los Pegamoides para aniquilar los peores inventos de la burguesía: la familia patriarcal, la democracia capitalista, el sentimiento religioso y el abyecto patriotismo. Desde ese punto de vista, Centauros del desierto sólo era un panfleto racista; Murieron con las botas puestas, puro y deplorable militarismo; Cortina rasgada, burda propaganda anticomunista. Ni siquiera se reconocían los méritos formales de los grandes maestros de la dirección cinematográfica. Cualquier secuencia de La luna (1979), una película increíblemente afectada y pretenciosa, se consideraba superior a toda la filmografía de John Ford. Comparar el cine de tiros, indios y vaqueros con las sublimes incursiones de Bertolucci en la oscura región de los tabúes, constituía una imperdonable herejía. 
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Siete días de enero: la semana trágica de la Transición
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

No existen procesos políticos ejemplares, pues el ser humano es imperfecto y el azar siempre interfiere en los planes de la razón, produciendo turbulencias, malentendidos y errores. Sin embargo, hay cambios históricos que merecen ser elogiados por su contribución al bienestar general. Podemos citar como ejemplos el fin del apartheid en Sudáfrica, la caída del Muro de Berlín, la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial o la Transición española. Desde la crisis de 2008, la Transición ha sufrido un descrédito inmerecido. El populismo de izquierda elaboró un nuevo relato que explicaba el paso de la dictadura al actual Estado de Derecho como una operación de maquillaje del franquismo. Ese planteamiento apareció acompañado por la recuperación de las viejas ideologías que –presuntamente‒ podrían ofrecer una alternativa al sistema capitalista, demonizado hasta lo grotesco. Se rehabilitó el marxismo-leninismo, el anarquismo y, en algunos casos, el estalinismo. Afortunadamente, nadie –al menos que yo sepa‒ agitó la bandera del maoísmo, si bien se alzaron algunas voces en defensa de Corea del Norte, celebrando las excelencias del «socialismo autosuficiente y creativo» de Kim Jong-un. 
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La guerra civil española en el cine
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

No soy un experto en las películas realizadas sobre la guerra civil española, pero sí puedo apuntar que el fin de la dictadura no acarreó una perspectiva ecuánime del acontecimiento más trágico de nuestra historia reciente. Quizá porque con la Transición llegó la hora de ajustar cuentas y mostrar otra versión de los hechos. Películas como Sin novedad en el Alcázar (Augusto Genina, 1940), Raza (José Luis Sáenz de Heredia, 1942) o Balarrasa (José Antonio Nieves Conde, 1951) ofrecían una visión caricaturesca del bando republicano, atribuyéndole toda clase de perversiones morales e ideológicas. Los «rojos» eran seres demoníacos con rasgos orientales, cuya meta era destruir la civilización occidental, perpetrando todas las atrocidades imaginables. Las películas del régimen ocultaban sistemáticamente el fondo de barbarie e intolerancia que había forjado el espíritu de los sublevados. Basta recordar algunas frases de los ideólogos de las políticas de exterminio para comprobar que nunca se buscó la paz, el diálogo o el entendimiento con el adversario. 
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Gene Kelly bajo la lluvia
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain) ha pasado a la historia como uno de los musicales más optimistas y luminosos de Hollywood, pero su rodaje constituyó un verdadero infierno, donde un perfeccionista Gene Kelly exigió esfuerzos sobrehumanos a Debbie Reynolds y Donald O’Connor, que años más tarde evocarían sus escenas como una de las experiencias más difíciles de sus vidas. O’Connor necesitó una semana de reposo después de sus célebres acrobacias en «Make ’em Laugh» y Reynolds acabó con los pies ensangrentados tras repetir hasta ocho veces la coreografía de «Good Morning».

Dirigida por Gene Kelly y Stanley Donen, Cantando bajo la lluvia narra las penalidades de un productor y un grupo de estrellas durante la transición del cine mudo al cine sonoro. Ambientada en Los Ángeles, la acción discurre en 1927, una época en la que Hollywood encarna el glamur y la vitalidad de los felices años veinte, rebosantes de ingenio, sofisticación y excesos. 
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