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Ante el fracaso de numerosas inversiones importantes en el desarrollo de los procesos para producir alcohol a partir de biomasa vegetal, y ante el disparate lógico que supone subvencionar el alcohol producido a partir de granos –ya que, en el mejor de los casos, apenas ahorra emisiones de gases invernadero–, expresamos en estas mismas páginas nuestras dudas sobre el futuro de este biocarburante. Ahora, sin embargo, en la revista Science se da cuenta  de unos resultados que hacen renacer nuestras esperanzas, aunque se encontrarán con barreras políticas difíciles de salvar. Me refiero a la inauguración de una planta para producir etanol a partir de la celulosa de los residuos agrícolas, una fuente que supondría utilizar algo habitualmente descartado y que no interferiría con la producción de alimentos.

La mencionada planta, junto a otras más pequeñas, podría producir anualmente hasta trescientos cuarenta millones de litros del carburante. El problema es que la demanda de alcohol en Estados Unidos está cubierta con el muy subvencionado alcohol de grano, que incluso se exporta a otros países, y que retirar la subvención a este alcohol es algo que ni republicanos ni demócratas quieren hacer, por conservar los votos de los maiceros del Medio Oeste, como bien se muestra en más de un capítulo de la excelente serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca.

Para resolver el problema, habría que promover el uso de gasolinas con más del diez por ciento obligatorio de alcohol que se exige en la actualidad. Así se hace en Brasil con gran ahorro de combustibles fósiles, pero en Estados Unidos existe una gran resistencia política a desarrollar la red de distribución que sería necesaria. Según el Departamento de Energía, los costes de producción de alcohol a partir de tallos de maíz y de otros residuos celulósicos ha bajado desde los 2,38 dólares por litro en 2001 a menos de 0,53 dólares en la actualidad, y hay que ser optimistas respecto a los posibles abaratamientos futuros. Está por ver qué influencias sobre el alcohol celulósico tendrá en un futuro inmediato la eclosión de los hidrocarburos procedentes del cracking.

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