En 2001, Baltasar Porcel (Andratx, Mallorca, 1937) publicó una de las mejores novelas históricas de estos últimos años, El emperador o el ojo delciclón. Con una trama envolvente que hacía de la complejidad virtud, el autor recuperaba un hecho histórico –las penurias del ejército napoleónico derrotado en Bailén y cautivo en la ventosa isla de Cabrera– sin quedarse entre las alambradas de la novela de género. Sus personajes se despojaban de uniformes; en un enigmático juego de identidades, mantenían al lector insomne, cuando éste creía estar situado en la confortabilidad del desenlace al uso. Premiada con el Ramon Llull, El emperador no era fruto del azar. Hacía un año escaso que Porcel había dado a la imprenta El corazón del
Así comienza una película de King Vidor, The Crowd. Se estrenó en 1928: el crack –y no la prosperidad– estaba a la vuelta de la esquina. La cámara enfoca un rascacielos; el campo de visión se va concretando en una de las ventanas y penetra en una oficina interminable donde hormiguea un sinfín de contables, hasta dar con el protagonista, que observa con impaciencia el último minuto de la jornada laboral. ¿En el principio fue el verbo? ¿O la mirada? Cuando Vidor rodó esa escena faltaba poco para que el sueño americano se resquebrajara, muy poco para que un granadino, Federico García Lorca, compusiera un réquiem de versos como Poeta enNueva York… Años después, otro andaluz, Antonio Muñoz Molina, atraviesa
Una primera constatación. A Benjamín Prado (Madrid, 1961) le gustan los títulos largos. Si exceptuamos Raro, su primera incursión novelística tañida por la mitología del rock y el cine, las obras que le siguieron exhiben títulos sentenciosos: Nunca le des la mano aun pistolero zurdo (1996), Dónde crees que vas y quién te crees que eres (1997). Esta locuacidad enunciativa se atenúa con Alguien se acerca (1998), No sólo el fuego (1999) y La nieve está vacía, para retornar con Jamás saldré vivo de este mundo, nueve relatos anudados por las afinidades narrativas. Y del título, preñado de un determinismo que impregna las historias que agrupa, a una advertencia del autor: «Este es un libro raro, el primero que alguien
Marzo de 2001. Declina la tarde a pocas horas de la primavera en el quinto piso de la avenida República de Argentina. Joan Perucho se deja caer en su sillón de terciopelo rojo y no disimula un dejo de tristeza. La cantidad de títulos publicados en los últimos meses debería desmentir su visión aciaga del mundo actual. Acaba de reeditar en castellano El barón y las bestias del infierno , el poemario Les fronteres de l'espaii del temps y la «nouvelle» Carmina y la gnosis angélica . Pero el escritor suspira y declara tajante: «La literatura ha dejado de interesarme; con ochenta años, mi ciclo ya se ha cumplido». Su visión de la sociedad actual esboza un libro del desasosiego.
Casi al final de París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) saca a colación el viejo dicho: «La experiencia es como un peine para un calvo». Y nos dice que la experiencia «suena siempre horrible, pero en la época en la que uno es joven todavía suena peor». Es comprensible que al escritor veinteañero que sobrevivía en una buhardilla la palabra «experiencia» le diera alergia. Aquel Vila-Matas de cafés parisinos, que mata las tardes dominicales como puede, es, ahora, la voz de la madurez que peina los recuerdos y enmaraña verdades y mentiras. Tras Bartleby y compañía y Elmal de Montano, sigue transitando en su última novela por un noman's land, sostenido por su autobiografía, las voces de
Decía Flaubert que a fuerza de observar la más insignificante de las cosas uno acaba por tomarle interés. Desde los inicios de su trayectoria literaria, la preocupación de Quim Monzó (Barcelona, 1950) ha sido traspasar el caparazón de la imaginería cotidiana, en busca de la «cosa en sí». En sus ochenta y seis cuentos, recopilados en castellano por Anagrama hace un par de años, Quim Monzó ha mantenido una actitud inquisitoria ante los aspectos aparentemente inocuos de la existencia. Su discurso le da una vuelta de tuerca a la divisa de Pla sobre la importancia de las anécdotas como semáforos que franquean el camino hacia las categorías. Con el pasar de los años, el escritor catalán ha ido soltando el
De no haber existido Jardiel Poncela, la presente novela de Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) podría titularse La tournée de Dios. Con una salvedad: aunque comparta el propósito de canalizar la sinrazón de la existencia por el viaducto del humorismo, la separan setenta años del absurdo cosmopolita de Jardiel, muy de las vanguardias del siglo XX . Además, Un día en la vida de Dios plantea un bosquejo de la historia tamizado por una intención enciclopédica, muy del XVIII . Y es que en la cosmogonía de Caparrós pesan lo suyo sus lecturas de Voltaire, un dato constatable en su currículo, jalonado por dos ediciones críticas del autor de Cándido. Si a eso le añadimos la fantaciencia y la escatología
Hace más de treinta años, Ana María Moix (Barcelona, 1947) se revelaba como el rostro femenino de la antología Nueve novísimos poetas españoles que armó el crítico José María Castellet. Aquella escritora veinteañera sorprendió con tres poemarios que parecían corroborar una predestinación de versos en Baladas del dulce Jim, Callme Stone y No Time for Flowers, a los que se unían sus traducciones de Beckett y Villiers d'Isle Adam, o las colaboraciones en Destino,Triunfo y el diario Tele/eXprés. De ese tiempo quedó el reportaje 24 horas con la Gauche Divine recuperado por Lumen y completado con las entrevistas a los habitantes de una Barcelona nocturnal que se atavió de cosmopolitismo en los aterciopelados sofás de Boccaccio, los aledaños de Tuset
En Años de penitencia, primer título de la trilogía memorialística que completaría con Los años sinexcusa y Cuando las horas veloces, Carlos Barral (1928-1989) elabora una teoría sobre el escritor que acumula verbalmente el conocimiento del mundo, de las cosas y, sobre todo, de sí mismo: «Se produce, en gran parte, a través del filtro de un mundo habitual que el sujeto estima como íntimo, privado. Los objetos y los aconteceres de ese mundo operan como modélicos, como referencias, y acaparan, congelan, en una especie de ejemplaridad necesaria, las adherencias semánticas del lenguaje, sus posibilidades poéticas, una parte de su fuerza creativa». En esa insularidad léxica enraizada en la experiencia y los orígenes del propio lenguaje habita el Barral poeta,







Recordamos a nuestros suscriptores que, con ocasión del regreso al papel de Revista de Libros, el día 10 de diciembre, a las 19.00h., en la Fundación Ramón Areces, la escritora Elvira Navarro, el periodista cultural Jesús García Calero y el filósofo Javier Moscoso dialogarán sobre cómo se transforman los géneros literarios y cambian los lectores; sobre cómo, en nuestros tiempos, las ficciones conviven con realidades, ya sea en la historia o en la literatura, o cómo el formato, ya sea digital o material, determina nuestra relación con los libros y sus críticos.
El mundo del libro, ese maravilloso invento que nos acompaña desde hace milenios, sufre en la actualidad transformaciones en su diseño, en su público y en sus propósitos. Así que, mientras aprendemos a leer en diagonal en los formatos digitales, seguimos pasando páginas, cuestionando premios y jurados, formando comunidades y asociaciones, y anunciando una y otra vez la muerte del papel que, afortunadamente, nunca llega a producirse.
Elvira Navarro es escritora de fama internacional. Su última obra publicada es La sangre está cayendo al patio.
Jesús García Calero es periodista, director de ABC Cultural.
Javier Moscoso, profesor de investigación del CSIC, es director de Revista de Libros.
Con objeto de fomentar y poner en valor la escritura y la lectura crítica entre jóvenes talentos, y con la colaboración de la Fundació Banc Sabadell, Revista de Libros convoca el premio «Nuevas voces» destinado a reconocer reseñas y breves ensayos publicados en nuestras páginas. El premio, de carácter anual, tendrá una dotación económica de 1.000 euros, que se entregarán en un acto institucional en octubre de este año.