Ensoñaciones
Tras dieciséis años de silencio, Eduardo Calvo regresa a la palestra literaria con una atípica novela que suscita un enjuiciamiento crítico de vertientes encontradas. De un lado, Desde la isla cabe ser elogiada en tanto que arriesgada apuesta, al margen, por completo, de las tendencias narrativas en boga. Cualquier veleidad costumbrista es desterrada en virtud de una pretensión lírica que unifica la práctica totalidad de la obra. El narrador –juez y parte en el devenir de los hechos– cuenta, ante todo, con el deseo de explicar las razones del comportamiento de aquellos que le rodean, sin que, en ningún caso, se interese por detalles accesorios. Hay, por tanto, una indagación subjetiva que anula, en buena parte, concesiones a la anécdota






