Del 11 al 17 de abril, la revista descansa por Semana Santa

Sin pestañear

Esa sombra esquiva, exquisita, de porte aristocrático, que posa frente a la cámara vestida de amazona, con el pelo recogido en un turbante y varios perros de caza alrededor de ella, adorándola, es la baronesa Karen Blixen, más conocida por el seudónimo literario que adoptó: Isak Dinesen. Su rostro no es hermoso, pero en él arden los ojos, muy negros y brillantes, de turbador magnetismo. Esos ojos, según algunos testigos, no pestañeaban jamás. Se clavaban en su interlocutor y permanecían fijos allí, hasta hipnotizarle. Miento: su rostro sí es hermoso, pero enigmático, surcado de arrugas, mal plegado, consecuencia tal vez de la enfermedad venérea que le contagió su primo Bror Blixen-Finecke, con quien contrajo matrimonio en 1914. Ese rostro quemado,

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Natalia

Quien desee definir con precisión en qué consiste el hechizo que emana de esta prosa inimitable, se verá metido en apuros. Porque no es fácil delimitar dónde radica su encanto que, sin embargo, existe, es real, está presente y empapa cada línea de un poder evocador emocionante que llega a ser adictivo. Natalia Ginzburg (Palermo, 1916-Roma, 1991) escribe de un modo cristalino pero seco, a ras de suelo, desprovisto de florituras verbales, imperturbable, sin ceder nunca a la tentación del sentimentalismo lacrimógeno, por más duros y tremendos que sean los hechos que está narrando, y algunos de ellos lo son: el auge del fascismo y el matadero europeo, el exilio, su confinamiento en los Abruzos, la prisión y muerte de

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Sueños diurnos

Alguien, no sabemos quién fue el primero, cometió la inexactitud de comparar a Clarice Lispector (Ucrania, 1920-Brasil, 1977) con Joyce. Como el atolondramiento es contagioso, ese lugar común de la crítica se ha venido repitiendo desde entonces con alevosa insistencia. En nuestra opinión, no existe la menor influencia del escritor irlandés en Lispector. Puestos a comparar, su aguda sensibilidad nerviosa se acercaría más bien a Katherine Mansfield o incluso a Djuna Barnes, creadoras de laberintos emocionales y marcado carácter introspectivo. Aunque tampoco. La voz propia de Lispector es demasiado potente e inusual como para deber nada a nadie. Ella sola encontró su propio sendero desde que en 1944, la publicación de su primera novela, Cerca del corazón salvaje (Alfaguara, 1977),

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Prohibido aburrir

Resulta paradójico que una de las novedades más refrescantes del mercado editorial lleve la firma de Mark Twain (1835-1910) y tenga más de un siglo de antigüedad. Un misterio, una muerte y un matrimonio fue concebida en 1876 como la primera de una serie de colaboraciones para Atlantic Monthly, en la que varios autores –entre otros, Henry James– escribirían un relato propio a partir de un mismo esqueleto argumental aportado por Twain. El proyecto fue descartado y sólo el padre de la idea cumplió el encargo de escribir esta ficción. Por una serie de azares, el manuscrito original ha permanecido inédito hasta ahora, que acaba de salir a la luz, y su aparición entre nosotros produce el mismo asombro que

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Artes marciales

Para el lector occidental, en el japonés Yukio Mishima (1925-1970) conviven un artista hipersensible tocado por la gracia romántica con un ardiente defensor de la fuerza bruta y la exaltación de los valores castrenses más rancios. Mishima, en efecto, emparedó su tembloroso interior de poeta adolescente en una retórica cuartelera altisonante de vuelta al pasado imperial y rasgos reaccionarios. Trocó su arpa lírica por una espada de samurái bien afilada con la cual ensartar de un solo golpe toda su infancia de niño triste y quebradizo fascinado por una lámina de Juana de Arco dirigiéndose al martirio o por el cuerpo desnudo y escandalosamente perfecto de san Sebastián atravesado de flechas. El cóctel era explosivo: sensibilidad torturada, tendencias homoeróticas, ideales

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De viva voz

Por culpa de unas fiebres contraídas en África durante su infancia, el protagonista y narrador de Trozos de luz pierde la visión de un ojo, con el cual sólo es capaz de distinguir a duras penas un universo borroso salpicado de manchas grises. Bajo esta intensa –pero ambigua– visualidad se desarrolla la novelística de Adam Thorpe, nacido en París en 1956 pero educado en India, África e Inglaterra, de quien también se ha publicado Ulverton en la misma editorial. Ulverton consiste en un inteligente montaje cinematográfico sincronizado alrededor del pueblo imaginario que da título al libro, en un amplio arco temporal que abarca desde 1650 («Retorno») a 1988 («Aquí»). Cada capítulo de Ulverton es una historia cerrada y completa narrada

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Ruleta rusa

A estas alturas, existen pocas dudas en considerar a Vladimir Nabokov como uno de los grandes prosistas del siglo XX, al lado de talentos monstruosos como Kafka, Proust, Joyce, Beckett, Faulkner y unos cuantos, pocos, nombres más. Nabokov forma parte de ese canon occidental que estableció Harold Bloom. Nacido en San Petersburgo en 1899, de familia acaudalada, recibió una educación exquisita que incluía mansiones campestres, institutrices francesas, vacaciones en Niza, clases de esgrima y mayordomos, hasta que a los 19 años se unió a esa oleada de exiliados rusos que, tras el primer estallido de horror de la revolución bolchevique, se vieron obligados a abandonar precipitadamente el país, llevando ocultas las alhajas de la familia en un bote de polvos

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Cartas a una sombra

Orfeo descendió a los infiernos en busca de su amada Eurídice, la rescató de entre los muertos y, al regresar, quiso contemplarla, y por culpa de esa mirada volvió a perderla de nuevo. Pigmalión esculpió una estatua de muchacha tan perfecta que se enamoró de ella y, gracias a ese amor, la estatua cobró vida ante sus ojos. Prometeo robó el fuego de los dioses, se lo entregó a la humanidad, puso en sus manos el secreto de la existencia, y por culpa de su osadía fue condenado a sufrir un castigo eterno. Determinados descubrimientos científicos actuales, como la clonación, parecen una confirmación de estos mitos. Si la poesía es una ciencia, la ciencia no tiene por qué estar exenta

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Sonrisas de humo

En Celebrity, una de las últimas películas de Woody Allen, aparece una imagen inolvidable: una avioneta surca el cielo de Manhattan dibujando con su estela la palabra Help! en el aire. Allí, Allen lanza su grito de auxilio contra la estupidez, la frivolidad, la banalización de los medios de comunicación y la muerte de la cultura a manos del mercantilismo y la nada. Este libro de Saul Bellow (Montreal, 1915) también resulta ser, a su modo, un grito de socorro, tan cómico como elegíaco, tan burlón como elegante, una sonrisa de humo lanzada desde una avioneta en picado que se disuelve dejando atrás las cosas bellas y dulces del espíritu y la materia. Su protagonista, Abe Ravelstein, es un intelectual

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