Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

El gazpacho de la «Quinta de Carabanchel»

Crear PDF de este artículo. En el extenso epistolario de Prosper Mérimée, sólo en parte publicado, hay una carta aún inédita, dirigida a la emperatriz Eugenia. Por razones azarosas una fotocopia ha llegado a mis manos. En ella, el autor de Carmen –uno de los mitos más sugerentes de la literatura europea, correlato femenino del mito masculino de Don Juan, otro sevillano, por más señas– escribe desde su casa de París durante un caluroso día de verano. En la breve misiva el escritor se queja del sofocante aire de la capital, de que los adoquines del pavimento parecen plomo derretido, así como de la enervante calina que enturbia el cielo. Mérimée imagina que su augusta corresponsal, por entonces en Biarritz,

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La escritura egoísta

Crear PDF de este artículo. El redescubrimiento de la vida y la obra de Colette, hasta el momento, asombrosa e injustamente olvidada, se inició felizmente en la última década del recientísimo siglo pasado. En 1990, Herbert Lottman, el biógrafo de Camus, Flaubert y autor de uno de los libros más interesantes y reveladores sobre los intelectuales franceses y el compromiso político (La rive gauche) puso al alcance de las nuevas generaciones de lectores la sorprendente vida de esta escritora francesa, una de las más interesantes del siglo, en un libro escrito con una perspectiva bastante menos respetuosa que la que predomina en la biografía que a su vez publicó en 1999 Claude Pichois, un conocido especialista en la obra de

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Una ventana al Este

Crear PDF de este artículo. Sin entrar en consideraciones de otro orden, es evidente que las transformaciones producidas en los países de la Europa del Este, tras la caída del muro de Berlín, han facilitado nuestro acercamiento a los pueblos del antiguo campo de influencia soviético. Con todo, la literatura contemporánea de estos países, y aparte de algunos nombres sueltos (Milan Kundera, Czeslaw Milosz, Bohumil Hrabal, Danilo Ki v s…), sigue quedando a desmano para el público español. En esta necesaria tarea de difusión se ha empeñado ahora la nueva editorial Metáfora, que se dispone a publicar, con traducciones rigurosas y cuidadas, obras literarias de esta otra Europa cuya vida, en general, nos resulta tan desconocida. Metáfora ha editado hasta

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Cartas a una sombra

Crear PDF de este artículo. Orfeo descendió a los infiernos en busca de su amada Eurídice, la rescató de entre los muertos y, al regresar, quiso contemplarla, y por culpa de esa mirada volvió a perderla de nuevo. Pigmalión esculpió una estatua de muchacha tan perfecta que se enamoró de ella y, gracias a ese amor, la estatua cobró vida ante sus ojos. Prometeo robó el fuego de los dioses, se lo entregó a la humanidad, puso en sus manos el secreto de la existencia, y por culpa de su osadía fue condenado a sufrir un castigo eterno. Determinados descubrimientos científicos actuales, como la clonación, parecen una confirmación de estos mitos. Si la poesía es una ciencia, la ciencia no

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Una fábula ética y necesaria

Crear PDF de este artículo. Las novelas publicadas hasta el momento por Belén Gopegui se sitúan en dos tendencias muy diferentes. Las dos primeras, La escala de los mapas (1992) y Tocarnos la cara (1995), apoyadas en un discurso abstracto, especulativo e intelectual, trataban de encontrar una razón coherente a la existencia desde la perspectiva interior del personaje. Las otras dos, La conquista del aire (1998) y ésta que comentamos, pueden calificarse de realistas y sociales, lo cual significa un cambio radical en el modo de concebir la novela, en el punto de vista narrativo y, sobre todo, en los principios que definen la función de la literatura. Dicho de otra forma, ha cambiado el enfoque originario de la dialéctica.

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La novela según Gao Xingjian

Crear PDF de este artículo. Al principio fue el azar. Dos criaturas se juntaron en algún punto del planeta y uno se puso a contar una historia que el otro escuchó fascinado para luego, a su vez, transmitirla a un tercero o a varios más. Es la más antigua y la más extendida de las tradiciones en todas las culturas y civilizaciones desde la memoria de los tiempos. Así resulta perfectamente plausible que en un tren de China dos viajeros sentados de frente, a raíz de que entrechocaran sus tazas de té con las vibraciones de la marcha, entablen conversación. El narrador pregunta a su compañero ocasional adónde se dirige, y éste responde que a la Montaña del Alma, situada

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Después de Babel: Barcelona

Crear PDF de este artículo. Entiendo que la publicación de esta novela es el primer homenaje que se rinde a Enrique Jardiel Poncela en el año centenario de su nacimiento, suceso que tuvo lugar el día 15 de octubre de 1901 en una casa de la madrileña calle de Augusto Figueroa. Pero debo añadir que Eduardo Mendoza ya se lo ha venido rindiendo al gran Jardiel –a lo mejor hasta sin saberlo– desde que publicó Elmisterio de la cripta embrujada (1979) y El laberinto de las aceitunas (1982), y conste que sólo hablo de libros suyos que he leído: el homenaje tal vez sea mucho mayor de lo que aquí anoto. Y a quien crea que quiero lucirme con una

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Fulgor derretido

Crear PDF de este artículo. La producción literaria del flamante académico de la Española, a pesar de la enorme coherencia y constancia de su mundo narrativo, es siempre susceptible de sorprender al lector en cada nueva entrega, fruto, seguramente, del muy marcado tesón de Mateo Díez por ampliar el espacio narrativo desde el que indaga con ironía, bondad e inteligencia en la condición humana desde hace treinta años, y sobre todo, por su querencia para entrometerse en los territorios y las miradas y los recovecos del alma, especialmente allí donde esos espacios o mundos interiores se tornan ambiguos y hasta peligrosos: territorios que ya afrontara muy sugestivamente hace unos años en su gran novela Camino de perdición y que llevara

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Somos lo que comemos (¡puaaagh!)

Crear PDF de este artículo. Agazapado en el último reducto de cada uno de nosotros bulle algo inconfesable. Hoy, sin embargo, por alguna razón que tiene que ver con estas pastosas e insomnes noches del verano madrileño, he bajado mis defensas y procedo a revelarles uno de mis secretos: adoro la comida basura. Entiéndanme, por favor. No soy un heliogábalo empedernido, de esos a los que Dante castigaba a sufrir bajo una «lluvia eterna, maldita, fría y densa» parecida a la que cae sobre Los Ángeles en Blade Runner. No me gusta cualquier comida basura: nadie me verá haciendo cola –mezclado con posibles candidatos a concursar en Gran Hermano–, para obtener un Big Mac o un Cuarto de Libra (ambos

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