Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

Lúcida piedad

Crear PDF de este artículo. La ética, la mejor ética –al menos, la mejor ética de corte clásico–, persigue definir bienes para convencernos de que los pongamos en práctica. Nos da razones, buenas razones, para precisar esos bienes y se propone conmovernos hacia ellos, incluso aunque nuestro entorno, nuestro flaco razonamiento o nuestra débil voluntad nos desanimen y nos desmoralicen. La ética nos forma y nos conforma, intentando suscitar en nosotros disposiciones que hagan pertinentes esas razones o, incluso, que nos las hagan inteligibles. A veces tentábamos un bien y no sabíamos precisarlo; otras, ni siquiera columbrábamos que lo que ahora se nos razona hubiera de ser, ni siquiera, digno de consideración; sucede, también, que en otras ocasiones nos falla

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La seducción de los intelectuales

Crear PDF de este artículo. La experiencia soviética, ha escrito François Furet, presenta como uno de sus rasgos más distintivos el ser «inseparable de una ilusión fundamental». Dicha ilusión no «acompaña» a la historia comunista, sino mucho más que eso, «es constitutiva de ella» y en cierta medida, a la vez, independiente de los hechos concretos, por tratarse de una actitud de índole religiosa potenciada en los moldes del cientifismo (el desarrollo necesario de la razón histórica). No en vano el célebre historiador francés ha titulado su conocido ensayo sobre la idea comunista El pasado de una ilusión (F.C.E., Madrid, 1995). Desde su perspectiva habitual, mucho más divulgadora, Jean-François Revel ha sugerido que toda historia global del comunismo, y de

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