ARTÍCULO

En el bosque

Punto de Lectura, Barcelona, 167 págs.
 

Tormenta seca, cuarto título de Eduardo Iglesias (San Sebastián, 1952), es la crónica de una huida, la historia de un yo confundido y astillado que necesita liberarse de las servidumbres inherentes a su condición de «hombre moderno, hombre de ciudad». La narración se desdobla en dos planos narrativos repartidos en dieciséis fragmentos dispares, cuya coherencia individual hace pensar en relatos independientes a los que un cajista caprichoso les hubiera quitado los títulos, cambiándoselos por numerales romanos. La arquitectura textual traduce las exigencias de un planteamiento narrativo sugerente: ante la inminencia de su muerte, inundan la memoria de un escritor multitud de episodios procedentes de los más diversos momentos de su pasado. Los fragmentos inicial y final, junto con las breves codas que suceden a cada uno de los recuerdos episódicos, sitúan al lector en la atalaya del tiempo presente. Buscando nuestra complicidad, Iglesias nos invita a reconstruir el dispositivo argumental de su libro, una novela elíptica, puntuada por largos silencios y saltos temporales entre los episodios. Rubén Caso, el protagonista de Tormenta seca, es el «hombre dotado de un corazón inocente» de que habla María Zambrano en la cita de Claros del bosque, bajo cuya advocación se abre la novela. La cita es importante, pues el pensamiento poético de Zambrano constituye uno de los puntos de referencia sobre los que se sostiene el armazón de la obra. Quien haya leído otras entregas suyas reconocerá temas, símbolos y obsesiones centrales a la visión de Eduardo Iglesias. Interesado por la estética del fracaso, tres relatos se centran en el mundo del deporte, evocado desde una perspectiva por antiheroica conmovedoramente humana. Su fascinación por el arquetipo del rebelde y su preocupación por el tema de la libertad individual, le llevan a explorar el mundo de la cárcel (XI), escenario que ya había visitado en una de las tres Fábulas morales, su primer libro, publicado a finales de los ochenta en Nueva York. El autor vivió unos años en esa ciudad, que se convierte, junto con otros parajes de la geografía estadounidense, en el escenario de algunos episodios. Abordado desde ángulos distintos en varios momentos, la escritura es otra de las preocupaciones prioritarias de Tormenta seca. El tema de la carretera, tal vez la seña de identidad más evidente del universo de Eduardo Iglesias, se plantea aquí de forma novedosa, añadiendo a situaciones reconocibles la épica de la autopista norteamericana. El punto de inflexión que distingue con mayor claridad a Tormenta seca de Por las rutas los viajeros, su novela anterior, es la nueva forma de tratar el tema del viaje. De todos los espacios tratados en la novela, el de mayor carga simbólica es el bosque, cuya espesura representa el tránsito iniciático hacia el centro de uno mismo, y que siempre desemboca en un claro de obvia raigambre zambraniana. Es ahí donde el yo herido logra recomponerse, tras romper con el pasado. Allí donde tiene lugar primero la visión de una tormenta seca, preludio del hallazgo de una mujer que, como él, busca la soledad, y escribe (XIII). Hay muchos momentos notables, como el encuentro del niño con uno de los gregarios del Tour de Francia, o el divertido episodio en que un grupo de españolitos pedantes juzga condescendientemente sus primeros pasos como escritor en un restaurante de Nueva York. En otros casos no llega a resolver retos que se impone a sí mismo, como la creación de la voz de la escritora, que resulta más bien un eco de la propia voz masculina, o la inclusión, bastante forzada, de las reflexiones que suscita en Rubén Caso la contemplación de un catálogo del escultor Eduardo Chillida (una de cuyas obras ilustra la portada). Tormenta seca está escrita con gran agilidad narrativa, e invita a una lectura vertiginosa. Tras el largo silencio del autor, y aunque el texto evidencia un laborioso proceso de gestación, este libro sin duda satisface, pero sabe a poco. Tal vez quepa pedirle a Eduardo Iglesias que se plantee retos mayores. Tormenta seca demuestra que está sobradamente capacitado para ello.

01/10/2001

 
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