ARTÍCULO

Exploración del universo dostoievskiano

Fondo de Cultura Ecnómica, Méxic, 1999
Trad. Mónica Utrilla
575 págs.
 

Una visión superficial de la intensidad de vida de muchos escritores proponía que ésta no era sino una sucesión de hechos cotidianos superpuestos al esfuerzo imaginativo, a la perseverancia de las jornadas de escritura. Tal fue la versión que hace años daban los biógrafos de Fiodor Dostoievski al narrar con prudente respeto las líneas básicas de su existencia; y vinculaban la cronología y el análisis de las obras, en una relación más o menos estrecha. Pero otra concepción de la biografía es aquella en la que se recurre a la más extensa documentación –epistolarios, documentos jurídicos, diarios íntimos, confidencias de allegados, etc.–, prescindiendo de todo prejuicio y discreción, y logrando una exploración exhaustiva del personaje mediante la interdependencia de datos nimios y singulares, los más secretos y los más públicos.

La edición del cuarto volumen de la biografía de Dostoievski por Joseph Frank (anteriores volúmenes publicados: Las semillas de la rebelión, 18211849, Los años de prueba, 1850-1859, La secuela de la liberación, 18591864) que nos llega de México, suscita la presente reflexión acerca de las biografías amplísimas que actualmente aparecen, superando a los estudios biográficos tradicionales (Zweig, Troyat), que con frecuencia eran sólo vidas de santos. La diferencia radical de esta modernización es la acumulación de datos informativos, y su interpretación, con lo que se llega a penetrar en dominios íntimos, sutiles, que antes eran soslayados.

Es evidente que en esta biografía de J. Frank se ha utilizado sabiamente gran variedad de fuentes bibliográficas rusas para lograr una perspectiva en extensión y profundidad, como fue ejemplo de estas obras de investigación totalizadora, el Tchekhov, a Biography de E. J. Simmons, y no es ajeno que hayan sido elaborados en cátedras de lenguas eslavas de las universidades de Estados Unidos, dotadas de magníficos medios técnicos, con el indudable respaldo económico. En uno de estos centros se ha forjado este análisis de la vida creadora de Dostoievski, la época que vio nacer Crimeny castigo, Demonios, El jugador, El idiota.

Frank ha utilizado lo que es fundamental para la investigación de la literatura rusa: las ediciones de obras completas que prepara la Academia de Ciencias de Moscú con equipos de especialistas muy rigurosos que las convierten en ediciones definitivas. También unas publicaciones muy extendidas en Rusia que se han generalizado con el título Recuerdos de los contemporáneos (Vospominania sovremennikov) en las que se reúnen las menores menciones y referencias al autor, tomadas de las más insospechadas fuentes, y que facilitan una base de puntos de vista múltiples. Forzoso es reconocer que en algunos países parece que se hubiera escrito mucho y se hubiera conservado lo escrito, acaso por un respeto a la escritura. Y en el caso de Rusia, país asolado por guerras y calamidades, es evidente, y extraño, que se han preservado de la destrucción cartas, archivos, fotos, objetos, en condiciones realmente inconcebibles por lo adversas, y se sabe de su conservación por las publicaciones y cuando son donados a los museos.

Con este estudio de los años más productivos del novelista –1865 a 1871–, que fue el período de su estancia en el extranjero, J. Frank perfila un Dostoievski humanizado. A través de la pesquisa minuciosa, investiga el trabajo de escritor y la peripecia diaria, hace transparentes ciertos secretos, y, como hombre, le presenta más próximo, más comprensible, más asombroso.

Su larga vida, ya conocida, de trabajos forzados, sufrimiento, ciega vocación, desaciertos, queda detallada y amplificada en este período por la provechosa utilización de, por ejemplo, las cartas que dirigió a su amigo, el poeta Maikov, y por el Diario y los Recuerdos de su segunda mujer, Ana Snítkina, joven de veinte años, primero su taquígrafa y luego esposa; en ella encontró Dostoievsky el punto de apoyo afectivo que hasta entonces le había faltado. Pese a una gran diferencia de edad, veinticinco años, Ana ejerció una tutela magistral en la economía, la salud, las relaciones sociales del escritor, y sus, a veces, incoherentes actos, en el Diario aparecen con cierta lógica, al ser justificados afectivamente.

El biógrafo establece los antecedentes de numerosos personajes de las conocidas novelas, que procedían de personas vivas de las que el escritor recogía tal o cual carácter o rasgo psicológico. Se comprende que Dostoievski, como tantos otros maestros del siglo pasado, era atento observador de los comportamientos y buceador de las psicologías, y por cuanto esto informa de lo real, era un crítico de la realidad, buena o mala, de su entorno y muchas sugerencias creativas Dostoievski las recibió, incluso, de noticias que aparecían en los periódicos.

Los años que abarca este libro, los que Frank considera «los años milagrosos» en la extensa producción de Dostoievski, fueron de tensa incertidumbre, lo que acaso coadyuvó a su complejidad argumental y a las aportaciones autobiográficas, por ejemplo, en El idiota o Crimen y castigo. De esta última novela hace Frank un estudio excepcional, casi radiográfico, de su elaboración, de conexiones con el ambiente ruso y con las propias razones subconscientes del novelista, que dan a la emocionante aventura de Ralkólnikov su dramatismo y su verosimilitud.

Toda posición de biógrafo implica lógicamente una predilección por el conjunto de la figura estudiada y, en especial, por ciertas particularidades de su vida; las cuales, a su vez, muestran las motivaciones del biógrafo. Y en este sentido, fácil es percibir en Frank su interés por el pensamiento religioso de Dostoievski, su obsesión por la caída en el pecado y la expiación.

Por exhaustiva que sea una biografía, no puede extenderse a ciertos pormenores que serían más propios de un estudio monográfico. Entre estos aspectos concretos estarían para el caso de la obra que comentamos, la valoración de lo estilístico, la influencia en Dostoievski de lo folletinesco o el hecho de que no escribió sino que dictó gran parte de sus grandes novelas.

01/06/1999

 
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