ARTÍCULO

Aclaraciones a Vicenç Navarro

 

Estimado Sr. Director:

Los juicios o calificativos sobre argumentos no son «insultos personales» salvo, claro está, que a uno le interese tomarlos así.

Creo que «roza lo cómico» atribuir a la política «neoliberal» un aumento en la mortalidad infantil, o una caída en la tasa de incremento de nuestra esperanza de vida, que se habrían manifestado a poco de llegar el PP al poder. ¿Cómo negar que puede existir una relación entre gasto público sanitario y niveles de renta y salud pública? Mi comentario se refería a la aplicación sectaria de esta hipótesis, nada más. Creo también, y me refiero a ello porque Navarro insiste, aunque la cuestión no pertenece al objeto central de su libro, que es una «exageración disparatada» afirmar que «el franquismo asesinó después de la Guerra Civil a más de 200.000 personas». Navarro evita ahora este verbo, «asesinar», y dice que el franquismo «fue responsable» de esas 200.000 muertes. ¿Qué quiere decir? ¿Hubo o no 200.000 asesinatos? Los libros que cita no prueban, de ningún modo, que se dieran en España, después de la guerra, secuestros de niños o desapariciones de personas bajo el control del Estado, «a la argentina» o «a la chilena». El hecho de que los disparates no sean invento suyo no los hace menos disparates, ni más aceptable su propagación: en realidad, degradan la memoria que se quiere preservar. Pero, en fin, dicho esto, si hubiera sabido que el profesor Navarro considera estas observaciones, y otras, referidas siempre a sus argumentos, «insultos personales», hubiera utilizado otras palabras, pero no hubiera tenido otra intención, pues nada más lejos de la mía que insultarle.

Afirmar que entre 1960 y 2000 España es el país de más alta tasa de crecimiento económico de Europa y que entre 1960 y 1974 el avance fue espectacular –en esos catorce años se pusieron, realmente, las bases de la moderna economía española–, no significa negar las consecuencias políticas y económicas de la Guerra Civil y su impacto sobre el escaso crecimiento de lo que llamamos «gasto social», todo lo cual, además de ser una obviedad, se reconoce expresamente en mi comentario. Y no entiendo qué discrepancia ve Navarro en cuanto a las comparaciones internacionales con unidades de poder de compra constante, pues mi trabajo está elaborado, en gran parte, con esas comparaciones.

Nunca fue mi intención tergiversar o falsear sus opiniones, y no creo haberlo hecho. Intenté precisar la posición de España, en comparación con la de los principales países de la OCDE, respecto a los componentes básicos al Estado del Bienestar. Cuando esto se hace con un poco de detalle aparece una situación bastante menos negativa que la que se desprende del libro de Navarro (no soy el único en opinar así) y la «prueba», que él ha elegido, sobre los defectos de nuestra transición a la democracia resulta, en mi opinión, muy poco concluyente. Nunca he tratado de «ridiculizar» sus tesis, el ridículo invita a la risa y el tema me parece demasiado serio.

En cuanto al aumento, en los últimos años, de nuestro «déficit social» respecto a la UE-15, y midiendo todas las magnitudes en proporciones de PIB, hay que tener en cuenta que el gran aumento del empleo en España, a partir de 1995, ha llevado a una caída de los gastos por subsidio de desempleo mucho más intensa en nuestro país que en el conjunto UE, por lo que el resto de los gastos «sociales» ha caído menos de lo que indica la cifra global; además, el PIB ha crecido en España entre 1995 y 2002 un 29,7%, contra un 18,9% en el conjunto UE-15, lo que ha afectado también, obviamente, a la evolución de esas cifras. Lo que ha frenado, siempre en términos de PIB, la caída del gasto de protección social en el conjunto UE, ha sido el aumento del gasto sanitario y en pensiones en los grandes países del área: a juzgar por las reformas acometidas en Francia y Alemania, ese aumento no es sostenible.

01/08/2003

 
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