Zuckerman en la América sin sueños

ZUCKERMAN ENCADENADO

Philip Roth

Seix Barral, Barcelona

Creo que fue aproximadamente hace dos años cuando el sello editorial Seix Barral tomó la decisión de dedicarle toda una colección al que para buena parte de la crítica estadounidense es, junto a Don de Lillo, el más grande narrador estadounidense de la actualidad: estoy refiriéndome, claro, a Philip Roth.

 La Biblioteca Philip Roth –así se llama la colección– comenzó su andadura con la publicación de Patrimonio, una novela en la que el narrador cuenta la decadencia física y la muerte de su propio padre (hijo de emigrantes judíos, trabajador incansable, rudo, honrado y primario), cuyo proceso de desaparición, contemplado y vivido directamente por Roth, le sirve a éste de poderoso motor narrativo para conducirlo a través de los senderos de la escritura a dos nuevos conocimientos muy reveladores: el de sí mismo y el de un ser al que nunca había llegado a atisbar a pesar de la cercanía: su padre.

En estas últimas semanas la Biblioteca Philip Roth acaba de poner en las librerías el título Zuckerman encadenado, volumen en el que han quedado reunidas las tres novelas (más un epílogo) escritas por Roth y protagonizadas por el mismo personaje, Nathan Zuckerman, un más que evidente alter ego del novelista. Dado que en gran medida Zuckerman es Roth –o al revés: ya sabemos que el orden de factores no altera el resultado–, quizá convenga ofrecerle al lector de estos párrafos unos cuantos datos que ayuden a establecer las latitudes espirituales y cognoscitivas por las que deambulan los dos escritores ya aludidos, es decir, el propio Philip Roth y su autorretrato literario Nathan Zuckerman.

Roth nació en Newark, Nueva Jersey, en 1933, en un hogar formado por judíos pequeñoburgueses de estricta observancia religiosa prodecentes –al igual, por cierto, que el gran escritor austríaco Joseph Roth– de la extinta Galitzia del imperio austrohúngaro. Este remarcado contexto vital es de todo punto ineludible al hablar sobre Philip Roth y su obra, pues el escritor ha hecho de la condición judía proyectada en el contexto urbano de la opulencia norteamericana nacida de la Segunda Guerra Mundial el principal objeto de su narrativa.

En este sentido, gran parte de los personajes de sus novelas, con su particular alter ego Nathan Zuckerman a la cabeza, se muestran por lo general inútilmente decididos a liberarse de la memoria familiar, étnica y cultural hebrea para intentar sumergirse en el profundo refugio del olvido que proporciona la globalizada e impersonal sociedad estadounidense contemporánea. En lo fútil y absurdo del intento reside a su vez la rotunda carga grotesca, y en ocasiones incluso cómica, que envuelve las angustias vitales de muchos de los personajes salidos de la pluma de Roth.

Así, no es nada extraño que la crítica especializada haya considerado la producción narrativa de nuestro autor como una vasta autobiografía que alcanza pleno sentido dentro de la gran epopeya del éxodo judío centroeuropeo del siglo XX hacia Estados Unidos, así como su adaptación e implicación en ese nuevo marco social y cultural encontrado. Philip Roth ha sabido narrar dicha epopeya obviando con sutil habilidad literaria tanto la visión victimista como la apologética, elaborando, por el contrario, un discurso ceñido crudamente a la realidad más descarnada y a los elementos que impiden una construcción mitificadora.

Este logro lo obtiene Roth aplicándose en una escritura marcada a fuego por el uso de un lenguaje nada críptico, la abundancia de rasgos metaliterarios, la genial utilización de los diálogos como recurso primordial narrativo, la yuxtaposición de historias entrelazadas, por hacer del erotismo un ingrediente de primer orden y, en fin, por recurrir a un tipo de humor emparentado con la tradición del absurdo vanguardista centroeuropeo.

Todas estas vigas maestras que sostienen el edificio literario ideado por Philip Roth están presentes, en mayor o menor medida, en las cuatro novelas breves que recoge el libro Zuckerman encadenado.A lo largo de la lectura de estas páginas acompañaremos en su periplo vital y afectivo a Nathan Zuckerman (el mismo Roth bajo una apariencia llamémosla «pixelada»), un prometedor escritor al que poco a poco iremos viendo transformarse en un autor de éxito y prestigio internacional mientras en torno a él y a su historia van planteándose temas literarios de indudable trascendencia.

En la primera historia, La visita al maestro, el aspirante a escritor Nathan Zuckerman visita en su casa de campo a un consagrado narrador que vive retirado una existencia aburrida y yerma, enajenado por una mujer dominante y silenciosamente enamorado de una chica que Zuckerman cree que es ni más ni menos que la conocida víctima de los nazis Anna Frank.

La segunda novela lleva por título Zuckerman encadenado, y en ella se nos presenta al protagonista gozando del éxito como escritor y del reconocimiento de todo el mundo salvo de los miembros de su propia familia, a quienes no les gusta nada el retrato del universo judío que plasma en sus trabajos.A este principal argumento conductor del relato se le suma, además, la presencia de un admirador demente de Nathan Zuckerman a través del cual Roth plantea al lector el problema de la identificación directa entre vida y literatura, una de las más inevitables presencias en la historia de la novelística occidental desde la publicación del Quijote.

En La lección de anatomía Zuckerman sufre en sus propias carnes la pesadilla, el doloroso vértigo de la hoja en blanco: cuatro años de absoluto yermo creativo al que se le añade una especie de esterilidad física al haberse quedado impedido por una grave dolencia. Como epílogo a estas tres narraciones, el volumen se cierra con La orgía de Praga, un espléndido y satírico aguafuerte protagonizado por la ciudad checa cuando, mediada la década de 1970, todavía estaba bajo el dominio de la política soviética. Se trata de una historia de rasgos e influencia kafkiana en el que la población de Praga, sometida durante décadas al embrutecimiento del llamado socialismo real, sólo encuentra una vía de proseguir hacia delante en la delación y la permanente vigilancia de unos a otros.

Esta autobiografía, disfrazada con los ropajes y trazas de las novelas de amplio espectro, creo que debe ser contemplada como una de las más logradas y trascendentales aventuras narrativas de nuestra contemporaneidad: una construcción literaria que sencillamente deja sin aliento por su devastadora e inmisericorde inteligencia. Zuckerman encadenado es un imprescindible compendio de los senderos por los que avanza la mejor y más sólida escritura creativa norteamericana actual, la que no cree en sus sueños.Y, en lógica consecuencia con lo escrito hasta el momento, este título de Philip Roth es también un preciso tratado de claves para intentar acercarse, con algún provecho, a algunos de los factores que hacen que al menos una parte de la sociedad estadounidense de hoy sea la más compleja y susceptible al matiz de todas las que existen en el mundo desarrollado.

Ficha técnica

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