Will Kymlicka y el liberalismo 

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La sombra de John Rawls es alargada. Desde la publicación de su Teoría de la justicia, la interpretación filosófica del liberalismo como doctrina moral y política se ha proyectado en múltiples direcciones. El punto de partida y de llegada de un orden político liberal debe ser la salvaguarda de los derechos de individuos racionales y moralmente autónomos. Sin embargo, la introducción del lenguaje liberal de los derechos en el ámbito de la cultura presenta considerables dificultades. En las filosofías neocomunitarias los contenidos culturales han sido fundidos en la idea de una Gemeinschaft moral reivindicada frente a los supuestos efectos disolventes del liberalismo. Will Kymlicka intenta en esta obra la difícil conciliación de ambos extremos: una defensa de la autonomía individual y de la integridad de las culturas en contextos sociales complejos. Su estrategia argumentativa es, en principio, de raigambre liberal: la pertenencia cultural es un bien que debe ser protegido precisamente porque sólo a partir de los significados culturalmente mediados pueden los sujetos concederle sentido a sus juicios y decisiones. Por ello, concluye Kymlicka, la introducción de los valores liberal-democráticos en el ámbito de las identidades culturales sólo es posible si los derechos individuales típicos del liberalismo se complementan con determinados derechos colectivos capaces de preservar la reproducción de las estructuras compartidas de sentido. Los derechos de las minorías, sin embargo, en ningún caso podrán ser utilizados por éstas para restringir los derechos de sus miembros, al menos el derecho fundamental de abandonar la comunidad cultural en cuestión. El mayor mérito de la obra reside quizá en el análisis normativo y políticamente diferenciado que realiza de cada uno de los ámbitos, sujetos y derechos susceptibles de ser englobados bajo el término genérico de la «cultura»: religión, lengua, identidades nacionales, comunidades indígenas, inmigrantes, etc. A medida que avanza el ensayo se hace patente, sin embargo, una cierta ingenuidad hermenéutica y la pobreza de la perspectiva histórica del enfoque. Las categorías liberales en cuestión son presentadas en un plano atemporal, dando por supuestos conceptos de identidad y de autonomía, tanto individual como colectiva, que en definitiva no son sino fruto de experiencias históricas concretas y de complejas mutaciones en el significado político de sus términos.

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