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El método científico, junto al aparato estadístico propio de los ensayos clínicos, permite averiguar y cuantificar ciertas relaciones entre causa y efecto que pueden resultar curiosas y llegar a transitar por ámbitos en los que la Ciencia puede empezar a perder su honesto nombre. Traigo aquí a colación tres de estas relaciones, dos de ellas verosímiles y la tercera, de difícil racionalización.

Situación matrimonial y cáncer. Ayal A. Aizer y colaboradores han publicado en el Journal of Clinical Oncology un estudio sobre estatus marital y supervivencia en pacientes con diversos tipos de cáncer (próstata, mama, colorectal, esofágico, cabeza/cuello y otros). El estudio se realizó en un elevado número de pacientes (734.889) y arrojó como resultado que los solteros tenían mayor riesgo de metástasis en el momento del diagnóstico y una tasa más alta de mortalidad. La magnitud del efecto del matrimonio es incluso mayor que el de la quimioterapia y es, además, más elevado en el hombre casado que en la mujer casada. Como se ve, en este asunto, también hay desigualdad entre los sexos: las mujeres son más benéficas que los hombres.

Escritura expresiva y carcinoma renal celular. Kathrin Milbury y colaboradores han publicado en el Journal of Clinical Oncology los resultados de un ensayo clínico sobre los beneficios de la escritura expresiva sobre la calidad de vida de los enfermos con carcinoma renal celular (CRC) y han sugerido un posible mecanismo para explicar la eficacia observada. Un total de 277 pacientes fueron divididos aleatoriamente en dos grupos, a uno de los cuales se le instruyó para que los enfermos escribieran sobre sus pensamientos y sentimientos más íntimos derivados del diagnóstico de CRC y al otro para que lo hicieran sobre temas neutrales. En el primer grupo se dio una significativa reducción de los síntomas asociados al CRC y una mejora en el funcionamiento físico con respecto al segundo grupo. La evidencia sugiere que estos efectos se producen a través de una mejora del procesamiento cognitivo a corto plazo, lo que en términos cotidianos parece significar que una interiorización del diagnóstico evita en parte los daños psicológicos, el estrés mental y los pensamientos intrusivos.

Plegarias e infección sanguínea. En una revista médica electrónica de libre acceso, British Medical Journal, que al parecer tiene un alto índice de impacto, pero cuya reputación desconozco, Leonard Leibovici ha publicado los resultados de un estudio sobre los posibles efectos retroactivos de las oraciones intercesorias sobre el curso de la enfermedad en pacientes con infección sanguínea. Un total de 3.393 pacientes que habían padecido infección sanguínea cuatro años atrás, fueron divididos aleatoriamente en dos grupos equivalentes (grupo de intervención y grupo de control), y se dijeron plegarias remotas retroactivas a favor del bienestar y la completa recuperación del grupo de intervención. A continuación se determinaron las tasas de mortalidad, la duración de la estancia en el hospital y la duración de la fiebre, a partir de las historias clínicas, con el resultado de que si bien no hubo diferencias significativas en la mortalidad, sí las hubo para los otros dos parámetros, a favor del grupo objeto de la oración.

El autor viene a argumentar que no puede asumirse a priori que el tiempo sea lineal, como lo percibimos nosotros, o que Dios esté limitado por un tiempo lineal, como lo estamos nosotros, y que, en consecuencia, la hipótesis de un efecto retroactivo (cuatro años) de la oración no puede considerarse como descabellada. Nos recuerda Leibovici que cuando el médico James Lind, en el que se considera el primer ensayo clínico de la historia, demostró que el limón curaba el escorbuto, no sabía que la cura se debía a su contenido en vitamina C, algo que se averiguaría siglos más tarde, por lo que nuestra ignorancia sobre cómo puede la oración tener efectos retroactivos no debe invalidar la conclusión.

Lejos de mí la intención de entrar a pontificar en cuestiones relativas a Dios y propongo que cada lector haga de su capa un sayo, pero no puedo dejar de referirme a algunas de las ideas que de un modo informal se me ocurren sobre la aportación del profesor Leibovici: 1) En su trabajo percibo algo del de su paisano Uri Geller; 2) En el plano científico, poner el efecto antes de la causa me parece disparatado; 3) Alguien podría argumentar que de los datos analizados puede deducirse que que Dios intentó, al parecer, responder favorablemente, pero que apenas tuvo éxito contra la linealidad del tiempo y nada pudo contra el muro de la muerte; 4) Si admitiéramos que los datos de Leibovici son fiables, se abriría una amplia vía de investigación consistente en repetir el mismo experimento cambiando en cada caso las plegarias de acuerdo con las distintas religiones. Así podríamos establecer estadísticamente cuál es la verdadera.

Advertencia final. Para que cualquiera de las tres aportaciones citadas puedan considerarse como parte del acervo científico, deberán ser repetidas con las mismas conclusiones por investigadores independientes.

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