THOMAS BERNHARD
rnAcontecimientos y relatos

Acontecimientos y relatos

THOMAS BERNHARD

En el lógico proceso de recuperación y edición de textos de todo autor de importancia recientemente desaparecido, este libro reúne treinta y un textos brevísimos y seis relatos de Thomas Bernhard. Lo que ahora me llama la atención no son los relatos (Alianza Editorial ha publicado ya dos colecciones de ellos) sino, precisamente, esos textos brevísimos, que el autor denomina certeramente acontecimientos, que entregó a su editor en 1959, al cual retiró el manuscrito cuando estaba a punto de publicarse y de los que sólo autorizó la edición íntegra diez años después.

Quien conozca la obra de Thomas Bernhard, sabe que su escritura está basada en su capacidad de incidencia sobre asuntos de gran desnudez argumental que, al ser relatados y descritos, van adquiriendo una calidad de tupido capaz de convertirlos en muy complejas manifestaciones de la conciencia de nuestro tiempo. Para ello no regatea medios expresivos. En uno de los volúmenes de su autobiografía, el metódico empleo de una palabra que se repite con estudiada periodicidad a lo largo de un texto es capaz de crear en el lector una sensación obsesiva semejante a la de la gota que gotea interminablemente en el silencio de la noche; en una de sus obras maestras, Extinción, la insistencia en los sucesos más inmediatos y pequeños describe, por medio del recurso estilístico de la exageración, la necesidad del protagonista de aniquilar todo cuanto tiene que ver con el lugar de su nacimiento hasta elevar esa necesidad a una posición de extraordinaria potencia dramática. Ni que decir tiene que su conocimiento del lenguaje musical es decisivo en su escritura.

Bien, pues estos acontecimientos son verdaderamente interesantes porque, al contrario que en la mayoría de sus obras, se limitan a parecer apuntes que ponen todo su acento en lo que un acontecimiento tiene de suceso sorprendente. A simple vista uno las tomaría por notas para desarrollos posteriores. Quiero decir: no escritura resuelta, sino anotaciones para volver sobre ellas y resolverlas al modo clásico de su estilo. Y, sin embargo, pese a la aparente contradicción, son escritura Bernhard perfectamente terminada. La mayoría de los libros de Thomas Bernhard son contados por una voz. Construir una voz no es fácil, ya lo sabemos, y fiarlo todo a una voz es una apuesta arriesgada. Una voz puede moverse desde la lucidez a la inconsciencia como puntos extremos, pero no puede dejar de ser singularmente expresiva. Thomas Bernhard ha confesado que «todo ser humano es un ser humano único y realmente, considerado en sí mismo, la mayor obra de arte de todos los tiempos». La insistencia en construir una voz por parte de Bernhard se asienta en esta afirmación. Lo que sucede es que esa afirmación alcanza por igual a un imbécil que a un intelectual en la medida que, considerados como obra de arte, son semejantes entre sí en tanto que personajes que han de ser construidos y que construirlos es un problema literario.

Lo extraordinario de estos acontecimientos es que la voz que habla es meramente expositora de unos apuntes argumentales; eso sí, muy en la línea de lo que un Bernhard es capaz de desarrollar; mas apuntes, notas argumentales. No es una voz construida cuyo movimiento de conciencia condicione el relato.

Cada uno de los acontecimientos relata un suceso impactante. Sin embargo, lo interesante no es el impacto sino el desarrollo que, en muy pocas frases, sucede a ese impacto. Siempre cuenta un instante –bien en términos de tiempo, bien en términos de conciencia– que quiebra una situación cotidiana. El movimiento de conciencia está única y exclusivamente en esa quebradura, no en la voz que lo cuenta o, por mejor decir, que lo expone: el pintor que, en su andamio, se siente ridículo ante la gente que, abajo, puebla la calle, se precipita al vacío a causa de sus reflexiones sobre su ridiculez. Y sólo cuando está caído en el suelo, muerto y cubierto por su propia pintura, la gente levanta la vista arriba, pero, entonces, el pintor ya no está en su andamio: ése es el punto de quebradura del relato.

La voz que habla aquí es la de un anotador, no la de una conciencia, como ocurre en la mayoría de las novelas de Bernhard. Sin embargo, no deja de haber conciencia. ¿Qué sucede? Que la conciencia, en estos acontecimientos, se traslada al lector. La voz (del narrador), no crea, selecciona; la voz no es una voz, actúa sólo como una mirada. Una mirada que ve lo que los demás no ven; la argucia de Bernhard es no pasar de ahí: de anotar lo que ha visto, de no construir una conciencia a partir de ahí sino dejársela al lector, que ahora sí está en disposición de ver. Esa es la fuerza de los Acontecimientos, su muy curiosa singularidad; estos textos, podría decirse que son anti-Bernhard, y es que su desnudez desconcierta. Donde se unen al Bernhard más denso es en la intensidad; desde esta consideración, parecerían más bien un punto de partida que mostrase cómo contienen una unidad de sentido que la voz clásica del autor desarrollará en otros textos. La unidad de creación es, pues, admirable. La admiración del lector no es menor.

Ficha técnica

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