Octavio Paz: poesía e historia

La casa de la presencia. Obras completas. Volumen I

OCTAVIO PAZ

Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores, Madrid, 1999

La casa de la presencia, reúne en un volumen las siguientes obras de Octavio Paz: El arco y la lira (1956; edición definitiva, 1967), Los hijos del limo (1974) y La otra voz (1990), además de los textos sueltos, «Recapitulaciones», «La nueva analogía: poesía y tecnología» (hasta aquí corresponde al volumen primero de las Obras completas editadas por el Círculo de Lectores en 1991) y el capítulo «Entre Uno y Muchos», perteneciente al segundo volumen de dichas Obras. Ahora aparece bajo el sello de Galaxia Gutenberg con distribución en librerías. La importancia de esta obra es ambigua: por un lado, creo firmemente que se trata en su conjunto de la creación más profunda e imaginativa de un escritor de lengua española sobre el fenómeno de la creación poética; por el otro, sorprende la escasa influencia que han tenido estas obras en la producción de los poetas y críticos españoles, salvo algunas excepciones. Lo mismo cabría decir de su ausencia en nuestras universidades, tan plenas de obras de agarrotada erudición, jergas, y ausencias de ideas, cuando no de la elemental sensibilidad lectora. No me extrañaría que estuvieran esperando el visado de la Sorbona (donde se tiene en cuenta desde hace tiempo L'arc y la lyre) para acercar el pensamiento crítico de Paz a los alumnos. En esto reside la ambigüedad de su importancia: estamos ante una de las obras más bellas y rigurosas que el ensayismo literario haya producido, pero nosotros seguimos citando y sirviéndonos de críticos que en ningún país extranjero son valorados, pero sí en nuestro satisfecho país. Pondré un ejemplo: acabo de leer a un ensayista español de fama hacer en un reciente libro una crítica del estructuralismo en el que cita autores de lengua inglesa y francesa, pero no se le ha ocurrido referir, si es que lo ha leído, «nuestra» primera obra sobre Claude Lévi-Strauss (Claude LéviStrauss o el nuevo festín de Esopo, 1966), en la que, tras analizar sus conceptos antropológicos-filosóficos y relacionarlos con la lingüística y el budismo, plantea Octavio Paz los límites de la crítica estructuralista y semiótica, en una época en la que o bien se comulgaba con sus tesis o no se sabía qué hacer con ellas.

El arco y la lira es un intento, más o menos sistemático, de revelar qué es la poesía y qué función tiene. No se trata de una obra filológica o histórica, tampoco de un tratado sobre los procedimientos literarios y sus escuelas, aunque sin duda Paz utiliza estos saberes, sino de la obra de un poeta acicateado por el misterio de la creación poética, en su sentido más amplio y también por su capacidad y posibilidad para encarnar en la historia. En este sentido, los estudios literarios de Paz son deudores del romanticismo, especialmente del alemán y de su gran renacimiento con el surrealismo. A diferencia de los estudios de corte neoclásico, Paz no se propuso estudiar un objetivo regido por la armonía sino algo que, siendo un producto, es indisociable de la naturaleza humana, algo que hacemos al tiempo que nos hace. El paralelo en sus estudios sobre política e historia habría que buscarlo en su obra El laberinto de la soledad (1950), porque al tratar de saber qué era el mexicano y cuáles las claves de sus luchas con y contra la historia, llega a la conclusión de que la salida del laberinto es la contemporaneidad. Y a su vez, la poesía no puede ser un objeto sino una palabra que se abra en lo social, que dinamice y otorgue sentido al tiempo histórico y sus devoraciones. Paz afirma que la analogía, recurso central del poema, permite descubrir nuestra otredad constitutiva, salir de la noción distintiva de Parménides entre el ser y el no ser. La poesía ha de integrar el hueco, la ausencia de lenguaje, lo no dicho, y de esta forma encarnar la otredad, esa realidad hecha de contrarios e irreductible a toda articulación ancilar, sea política, ideológica o estética. Si la poesía pudiera ser reducida a una estética, a una idea o a una época, no pasaría de ser un documento, pero gracias a la imaginación y a la capacidad para lograr que forma y sustancia (hasta cierto punto) coincidan, logra saltar el tiempo. La poesía es imagen (analógica) y por lo tanto algo que siendo lenguaje lo trasciende como sistema dado de significaciones históricas. Así pues, la forma en que un poema es historia es contradictoria porque tiende a negarla como entidad de acontecimientos fechados. La poesía, siendo historia, es un recurso contra la dispersión y el sinsentido; gracias a la imaginación poética, la escisión fundamental, esa primera herida simbólica, se cierra, siquiera sea por un instante. No es la verdad ni da la vida eterna, pero enseña a vivir con más vivacidad. No es posible sintetizar la riqueza de una obra como esta, apenas señalar algunos de los aspectos centrales que permitan situarla en el contexto de la crítica.

El segundo libro aquí recogido, Loshijos del limo, es un ensayo sobre el movimiento moderno de la poesía. Paz sitúa sus orígenes en el primer romanticismo y su reacción contra el racionalismo. Hay que recordar inmediatamente que Paz está lejos de ser un defensor del irracionalismo, como lo es Ernesto Sábato, por poner un ejemplo muy citado con dudoso gusto entre los lectores de lengua española, pero ha sido un crítico de los excesos de la razón (es decir, cuando ésta deja de ser razonable). La modernidad está marcada por la razón crítica. «El último gran sistema filosófico de Occidente –afirma Paz– oscila entre el delirio especulativo y la razón crítica; es un pensamiento que se constituye como sistema sólo para desgarrarse. Cura de la escisión por la escisión. Modernidad: en un extremo, Hegel y sus continuadores materialistas; en el otro, la crítica de esas tentativas, de Hume a la filosofía analítica. Esta oposición es la historia de Occidente, su razón de ser. También será, un día, la razón de su muerte». Aunque nace con la gran exaltación de la historia y del progreso, la poesía es una reacción, en muchas ocasiones, contra estas ilusiones. Hijo de la edad crítica, el arte moderno es crítica de sí mismo, es un arte de ruptura que trata de fundarse a sí mismo cada vez que surge. No es casualidad que encontremos en este libro lúcidas meditaciones sobre la temporalidad, porque las ideas que nos hacemos acerca del tiempo tienen mucho que ver con lo que somos. Es curioso, uno de los últimos ensayos de Paz, contenido en Vislumbres de la India, es también una meditación sobre el tiempo, no a la manera estoica, sino sobre la forma y el sentido en que lo encarnamos en nuestros días. ¿Cómo se llama este tiempo? Esa pregunta, que Paz rastrea en la poesía moderna, es una pregunta por la imagen que los hombres nos hacemos de la vida y también de la muerte, de la política y del erotismo, de lo que uno es y de lo que somos todos. Frente al tiempo de la ruptura, cuya mayor expresión quizás sean las vanguardias, Paz intuyó que la nueva poesía y el nuevo arte que comenzó a surgir tras estos movimientos, expresaban un tiempo de convergencia: reunión de los tiempos en un ahora que no se propone como cambio lanzado hacia el futuro ni tampoco como nostalgia de un origen utópico.

Ese es uno de los temas de La otra voz: la convergencia y el descubrimiento de lo otro como constitutivo de nuestra conciencia y de nuestra convivencia. «Los hombres tendrán muy pronto que edificar una Moral, una Política, una Erótica y una Poética del tiempo presente». En este libro, el de menos extensión de los tres, Paz retoma algunos de los temas que le han obsesionado a lo largo de una larga vida en la que no ha cesado de ir un poco más allá en temas literarios, políticos y filosóficos: modernidad y romanticismo, modernidad y vanguardia, poesía, mito, revolución, y, por último, la inspiración; pero no aislada sino unida a la vida de todos los días, hecha de política y búsqueda, de soledad y comunión, por emplear el título de uno de sus primeros ensayos. La voz de la poesía moderna se ha dado desgarrada entre religión y revolución y siempre dice algo que es transhistórico: no un más allá religioso sino el otro lado de la realidad. Ese lado es el que Paz pide que se oiga. Si el futuro político, según esperaba el gran poeta mexicano, ha de ser una alianza entre liberalismo y socialismo regido por la fraternidad, esa política habrá de tener en cuenta lo que la poesía recuerda, esas «realidades ocultadas y enterradas por el hombre moderno». «Prueba viviente de la fraternidad universal, cada poema es una lección práctica de armonía y de concordia, aunque su tema sea la cólera del héroe, la soledad de la muchacha abandonada o el hundirse de la conciencia en el agua quieta del espejo. La poesía es el antídoto de la técnica y del mercado», es decir no deplora de sus facetas prácticas sino de la técnica como imagen del mundo (carencia de la misma porque se reduce al uso) y de la circularidad del mercado, entregado a sí mismo y su carencia de valores. La casa de la presencia es una portentosa lección práctica de cómo la poesía y el pensamiento son capaces de caminar juntos.

Ficha técnica

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