Una modernidad convulsa

La quiebra del liberalismo en España, 1808-1936

CHARLES ESDAILE

Crítica, Barcelona, 459 págs.

El objetivo de esta obra es doble. El primero, sintetizar las principales líneas de desarrollo de la contemporaneidad hispana y, en segundo lugar, desterrar definitivamente los prejuicios y mitos historiográficos que, a juicio del autor, han dificultado tanto la comprensión como la explicación de la misma. Ambos se logran holgadamente. Esdaile reconstruye casi un siglo y medio de historia española valiéndose de la agilidad narrativa y de las altas dosis de empirismo propias de la última historiografía anglosajona.

La alta política y la organización económico-social son los principales focos en los que se centra su relato descriptivo y metaanalítico. Parte de la idoneidad de esbozar con trazos gruesos, como exige su carácter manualístico, los principales hitos y personajes que marcaron la vida política española durante el período analizado. Y se presta especial atención, entre otros, a Godoy, Pi y Magall, Cánovas, Maura, Silvela, Largo Caballero y Miguel Primo de Rivera. En este sentido, los prohombres y gobernantes son los verdaderos protagonistas del libro, más que las ideologías que orientaron sus discursos y prácticas de poder. Las sucesivas legislaciones y sus logros reciben un tratamiento preferente, subrayando la distancia frecuentemente existente entre la España oficial y la real. Las transformaciones de las estructuras sociales también son objeto de estudio. Atento a la producción historiográfica nativa e internacional de los últimos años, el historiador británico ofrece una visión que pretende huir de los estereotipos y de cualquier determinismo.

Resulta de especial interés el estudio que se hace de los primeros pasos del liberalismo español, terreno en el que Esdaile lleva años trabajando. Al analizar el alumbramiento constituyente de la nación moderna, se denuncia la escasa utilidad que aporta el uso de conceptos como el de las «dos», o el de las «tres Españas», fratricidamente enfrentadas desde entonces. Por otra parte, se describe cómo la política decimonónica estuvo lastrada por el faccionalismo de los partidos, el pretorianismo, el peso de las redes caciquiles y la debilidad de las instituciones estatales. Y se presenta como un dinámico y complejo campo de interacción poblado por diversas tendencias y agrupaciones. Al optar por un enfoque así, se prescinde de la búsqueda de culpables de la tantas veces denunciada «falta de profundidad del proceso de democratización» hispana. La formación, evolución y actuación de los partidos políticos reciben, por su parte, un tratamiento específico. Esdaile indaga en las raíces de las frecuentes escisiones del partido liberal, reconoce el protagonismo del moderantismo como potenciador de la estructura estatal y destaca las limitaciones del conservadurismo en el sistema canovista que cerró el ciclo revolucionario liberal abierto el 2 de mayo de 1808. No obstante, hace un excesivo hincapié maximalista en los cuantiosos fracasos y escasos éxitos de las diferentes formaciones gobernantes. Para dar cumplida cuenta de su conducta y programas, sería recomendable atender también a otros factores, como las relaciones establecidas entre los líderes y sus bases, o las cambiantes oportunidades políticas.

En su descripción de la dictadura primorriverista, introduce dos elementos de una fuerte impronta analítica. En primer lugar, señala la tercera década del siglo XX como el período en el que se experimentó la consolidación irreversible en España de la política de masas. Pese a la aparente paradoja de que tuviera lugar bajo un régimen autoritario, demuestra con solvencia que la participación y la movilización colectivas recibieron un enorme impulso tanto desde los órganos estatales como desde los diferentes grupos opositores. En segundo, la dictadura de Primo provocó la crisis final de los partidos del turno pacífico y, especialmente, de las oligarquías políticas que los habían sustentado. Es en este escenario en el que se produjo el advenimiento de la segunda experiencia republicana, en un momento en que el movimiento obrero organizado atravesaba una fase claramente expansiva.

Tal y como reconoce el propio Esdaile en el prólogo, los historiadores anglosajones han sentido una especial predilección por la Segunda República y la guerra civil a la hora de analizar el pasado hispano. No tanto por el número de páginas que les dedica, sino por la precisión y la profundidad de su análisis, resulta evidente la dificultad de escapar a esta tradicional inclinación. Así, se emplean argumentos contundentes para destacar que la intensa fragmentación y pluralidad que afectaron a todas las tendencias políticas, dentro y fuera del Parlamento, es un poderoso factor explicativo de la inviabilidad y volatilidad de sus diferentes programas.

La conclusión final del libro, que impregna todas sus páginas, supone una provocativa intervención en el debate sobre la excepcionalidad del caso hispano en el entorno europeo. Frente a las visiones más optimistas que empiezan a cobrar fuerza en la historiografía española, el diagnóstico de Esdaile es claro: el atraso económico, sumado a la escasez de recursos estatales, provocó una profunda desigualdad social que degeneró en cíclicos conflictos violentos que no pudieron resolver ni los reformistas del centro y de la izquierda, ni las fórmulas autoritarias y dictatoriales propugnadas por la derecha gobernante durante más de cinco décadas en la España del siglo XX . Llegados a este punto, es al lector a quien corresponde sumergirse en estas sugestivas páginas y juzgar por sí mismo el valor de una obra cuya aparición hay que saludar con el respeto que merecen los libros con vocación de clásicos.

Ficha técnica

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