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La semana pasada, al cabo de infructuosas excursiones telefónicas, presenciales y hasta semánticas, nos preguntábamos «¿Qué hay que hacer para escapar del punto fijo administrativo?». Español, hemos de añadir.

Esta es, adaptando una familiar expresión estadounidense al ámbito monetario del euro, la pregunta del millón de euros («the million-dollar question»), es decir, una pregunta muy importante, de difícil respuesta o ambas cosas a la vez. En nuestro caso, el de las administraciones públicas españolas, es también una pregunta que no tendrá respuesta adecuada sin implicar al resto de las dimensiones sociales: la parental, la educativa, la referente a la ciudadanía, la laboral, la empresarial… Vamos, que la pregunta es una entre muchas, todas ellas firmemente asentadas en la categoría «pregunta del millón de euros», que además tienen la complicación añadida (o ventaja, según se mire) que o se responden juntas o difícilmente se responden por separado. ¿Qué opinas, carísimo gemelo, le preguntamos al Oráculo de Delfos?

Las tres máximas grabadas en el pórtico del templo de Apolo en Delfos son las bien conocidas «Conócete a ti mismo», «Nada en exceso» y «La confianza trae la ruina». Estas tres máximas son parte de las ciento cuarenta y siete que se conservan, repartidas por el recinto del temploVéase: https://www.labrujulaverde.com/2020/10/las-147-maximas-y-la-misteriosa-e-del-santuario-de-delfos.. En su conjunto, y sin perjuicio de considerar algunas de ellas claramente improcedentes hoy en día (por ejemplo, la noventa y cinco: «Controla a tu esposa»), estas máximas nos ofrecen, sino una respuesta, por lo menos una guía para la decisión y para la acción. Menos es nada, pero necesitamos algo más, algo que dé resultados ya, además de lo que da resultados a largo plazo.

Hay una máxima que no está entre las ciento cuarenta y siete délficas: «¡Que inventen ellos!» (así, con puntos de exclamación). Con ser, digámoslo claro, abominable, esta máxima tiene, cuando le ponemos un ingrediente secreto (a voces), cierto mérito, cual es el de reconocer que hay inventos de los que nos podemos beneficiar todos, aun copiándolos. El ingrediente, no ya secreto sino obvio, es la voluntad de incorporar, con la pericia adecuada, las invenciones de los otros en las actividades de los unos. En un sistema de mercado, ello requiere la adquisición de derechos de licencia (dentro de un sistema razonable de patentes) para la mejora de procesos de investigación y desarrollo, productivos, y de distribución y oferta (supply chains)Un sistema de patentes está diseñado para proteger los intereses económicos de los inventores y de quienes los financian. Esta es una de las muchas manifestaciones de la colaboración entre el sector privado y el sector público, algo que no nos cansamos de destacar en Una Buena Sociedad. Pero el diablo está en los detalles. Es necesario reconocer que un sistema de patentes no debe proporcionar protección indefinida o que aumente el poder de monopolio del poseedor de la patente. Es necesario entender que muchas patentes protegen productos que se han beneficiado de sistemas de investigación públicos. Los beneficios de la limitación del periodo de protección ofrecido por una patente se evidencian, por ejemplo, en la salida al mercado de fármacos genéricos tras la caducidad de una patente, que abaratan los costes de las medicinas para todos. Por estas razones, un sistema de patentes ha de ser sometido a evaluación periódica. Véase: It’s time to restore America’s patent system | TheHill.. Y el ingrediente del que hablamos tiene la virtud de facilitar e impulsar la experimentación e invención propia. Ni que decir tiene que esta interacción necesita, para ser virtuosa, de un sistema legal de protección de la propiedad intelectual (además de la física) que no facilite, por exceso o por defecto, la piratería industrial e intelectual. Pero volvamos a Delfos y demos la vuelta al «¡Que inventen ellos!»

Las máximas cincuenta y tres, «Ten trato con los sabios», y cincuenta y siete, «Haz uso del arte» (en el sentido de artes técnicas), pueden entenderse como las entienden los consultores de negocios y los administradores de empresa, es decir como la adopción de las mejores prácticas (best practices) en una industria determinada. O en la función pública, en combinación con la iniciativa privada, que es donde hemos puesto el foco de la atención en las dos entradas más recientes de Una Buena Sociedad («El Liberalismo no es el Liberalismo» y «La cita previa y el teorema del punto fijo»).

Porque, en efecto, la difusión de las mejores prácticas mediante la participación del demiurgo que es nuestro ingrediente secreto, abre la posibilidad de que la invención y creatividad se generalicen. Es decir, el ¡Que inventen ellos! se convierte en un «cuando inventan ellos y entendemos cómo se aplica y queremos aplicarlo, acabamos inventando nosotros también».

En lo que respecta a las administraciones públicas españolas y, en un sentido amplio, la necesidad de su mejora y de la adopción de las mejores prácticas (existentes en España y, aún más, fuera de ella) están bien documentadas, como indicamos en nuestra entrada anterior. Además de las referencias que damos en las mencionadas entradas, es preciso destacar una serie reciente de importantes artículos (publicados en su blog «La mano visible», en el diario El Confidencial), en los que el profesor Jesús Fernández-Villaverde, catedrático de Economía de la Universidad de Pennsylvania, viene estudiando con detalle las limitaciones y necesaria reforma de grandes áreas del Estado españolAl día de hoy, y bajo el título general de «La reforma del Estado», el profesor Fernández-Villaverde ha analizado las siguientes áreas de la función pública en España: las élites públicas, el sistema electoral, el sistema judicial (que no comentaremos en esta entrada), la gobernanza de la universidad y la reforma de los grados de la universidad. Véase: https://www.elconfidencial.com/autores/jesus-fernandez-villaverde-4039/.. Vamos a resumir, muy brevemente, las características de estas limitaciones y necesidades de reforma, según el profesor Fernández-Villaverde.

Los reveses de las fortunas económicas de España, cuando vienen tiempos de crisis, tales como la pandemia que ya lleva más de un año entre nosotros, suelen ser más acusadas que en países europeos comparables al nuestro. En el pasado, la «tabla de salvación» (en palabras, que suscribimos, de Fernández-Villaverde) ha sido la Unión Europea; pero no es factible, ni deseable, que siga siendo así indefinidamente. Las áreas de reforma son muchas, y hasta hoy, destacan las siguientes:

Acceso a la función pública. En el área de las élites públicas observa el profesor Fernández-Villaverde la estimación de que «solo el 65% de los puestos de gestión en la Administración General del Estado y un exiguo 35% en las administraciones territoriales e institucionales se están cubriendo con criterios objetivos de mérito». La injerencia del poder político es una de las principales razones de que estos porcentajes sean tan bajosVéase: https://blogs.elconfidencial.com/economia/la-mano-visible/2020-10-03/espana-reforma-estrategia-elites-publicas_2773400/.. La propuesta del profesor Fernández-Villaverde consiste en un decálogo de mejores prácticas en la contratación, formación y gestión de este importante elemento del funcionamiento del Estado, tal y como indicamos al principio de esta entrada.

Sistema electoral. Plantea el profesor Fernández-Villaverde una cuestión de verdadera importancia y la plantea con una profundidad que se observa raramente: ¿Es el sistema electoral español capaz de agregar de forma justa y eficaz las preferencias de los votantes en asuntos de importancia nacional, por ejemplo, la educación?Véase: https://blogs.elconfidencial.com/economia/la-mano-visible/2020-11-07/gran-estrategia-espana-sistema-electoral_2822907/.. La respuesta a esta pregunta lleva a un análisis del sistema electoral más allá de una ciencia política basada en coaliciones y poder, ya que relaciona directamente la capacidad del sistema electoral y de los políticos que produce con la adecuada implementación y mantenimiento de políticas educativas, fiscales, de pensiones y seguridad social. La resolución de esta cuestión está indudablemente relacionada con la calidad de las élites del sector público, especialmente cuando la injerencia política es tan importante como lo es hoy en España.

Sistema educativo. La reforma del sistema educativo, en especial de la universidad española, es de vital importancia para la formación científica y técnica de nuestros estudiantes. La brutal situación de los jóvenes españoles en el mercado laboral tiene sus principales raíces en la dualidad del mercado de trabajo español, un problema que supera el ámbito del sector público al incluir de forma muy importante al sector privado. Pero dada la importancia del sector público en la enseñanza universitaria, la reforma de la universidad española ha de traer consigo innumerables beneficios para el futuro de la economía española, ya que dicha reforma debe incluir no solo la universidad propiamente dicha sino la expansión y mejora de formación profesional en todas sus áreas. En este terreno, el profesor Fernández-Villaverde dedica no una, sino dos, entradas al tema de la universidad española: la gobernanza de la universidad española y la reforma de los programas de estudio y grados que ofreceVéanse: https://blogs.elconfidencial.com/economia/la-mano-visible/2021-01-09/gran-estrategia-espana-gobernanza-universidad_2899220/ y https://blogs.elconfidencial.com/economia/la-mano-visible/2021-02-06/gran-estrategia-espana-reforma-grados-universidad_2938536/..

Una vez más, el profesor Fernández-Villaverde establece una relación entre la calidad de las élites de la administración pública (y de los trabajadores y gestores en el sector privado) y la necesidad de una enseñanza universitaria de calidad, destacando la confluencia de la universidad como «el núcleo de una parte clave de la investigación … el ámbito donde se forman en primera instancia los profesionales de la Administración pública y la empresa privada [y] un entorno de conversación intelectual e intercambio de conocimiento en el campo de las ciencias y las humanidades que va más lejos de su mera utilidad práctica… Separar estos tres cometidos o enfrentarlos es un error». Y No podemos estar más de acuerdo con la conclusión del profesor Fernández-Villaverde: «Estudiar mecánica cuántica o leer a Virgilio tiene un valor intrínseco que toda sociedad precisa». La tradicional distinción entre ciencias y letras en el bachillerato y la universidad españolas es, sencillamente, de una profunda regresividad, e incapacita a los jóvenes para mantener una curiosidad intelectual que necesariamente han de mantener para seguir aprendiendo, y disfrutar del conocimiento, por muchos años después de terminar sus estudios formales.

Los trabajos y el mercado laboral de hoy requieren un aprendizaje constante; in situ. Este aprendizaje va mucho más allá, y es muy diferente, de la multitud de grados máster (muchos de ellos de dudosa utilidad) que muchos jóvenes se ven abocados a obtener cuando la realidad del mercado de trabajo al que quieren acceder es tan desoladora como lo es hoy en España. La empresa dinámica ofrece en la actualidad una autentica universidad de primer orden cuando facilita la interacción y desarrollo profesional de sus empleados. Sabemos que no todas las empresas pueden funcionar como un gran laboratorio de experimentación y desarrollo de las mejores prácticas, pero los ejemplos que hoy vemos en el asombroso desarrollo de vacunas contra la covid-19, con la extraordinaria colaboración público-privada que las ha posibilitado, son, francamente, causa de inspiración.

Volvamos a nuestro ingrediente secreto. Una reforma del sector público en líneas similares a las que hemos descrito, no se entiende sin una ciudadanía que proporcione la materia prima con la calidad suficiente para que dicha reforma, desde la adopción de mejores prácticas inventadas por «ellos» hasta la invención propia, tenga éxito. No es posible pensar que nuestro sector público, desde el sistema electoral hasta la universidad, pasando por las élites del servicio público, puedan reformarse sin la voluntad y colaboración que necesariamente ha de proporcionar la ciudadanía en su conjunto, al menos en número suficiente para constituir una masa crítica. Es como pedirle peras al olmo. Una cosa no se explica o resuelve sin la otra. Y es aquí donde no nos queda más alternativa que plantear una segunda pregunta de un millón de euros: ¿Cómo se desata este nudo gordiano? (Se admiten soluciones, incluida la de Alejandro Magno).

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