La necesidad de actos reflexivos

Por qué pensamos lo que pensamos

Vicent Botella i Soler y Javier López Alós

Arpa, Barcelona, 2025

192 págs.

La editorial Arpa ha mostrado su voluntad de contribuir a una Ilustración contemporánea. Su trayectoria en este sentido es desprejuiciada y amplia porque aborda una gran pluralidad de temas que contribuyen a formar a una ciudadanía informada. Además, lo hace de forma considerada y popular. Si esta es la aspiración del catálogo, que ya es extenso, este libro la cumple a la perfección. El equipo que forman sus autores, Vicent Botella i Soler y Javier López Alós, es de por sí simbólico del mejor espíritu ilustrado. Se trata de un doctor en ciencias físicas y de otro en filosofía, algo que debería ser más frecuente. No hay Ilustración sin sostener los argumentos filosóficos sobre lo que podemos llamar un minimalismo científico. Este impone desde luego no contradecir lo que sabemos por la ciencia estabilizada, sino que obliga a tener en cuenta positivamente la mejor hipótesis disponible para razonar. Esta estrategia impone una Ilustración abierta a la historicidad, capaz de revisar sus propias conclusiones, y así encontrar en cada presente un camino persuasivo para fomentar una ciudadanía lo más amplia posible, capaz de resistir el fanatismo y la estulticia.

En cierto sentido, el libro de Vicent Botella y Javier López Alós, identifica el núcleo trascendental de todo pensamiento ilustrado, cuya finalidad es disponer de representaciones y noticias fiables, ordenadas, depuradas, coherentes y en la medida de lo posible verdaderas. La perfectibilidad de nuestras representaciones se lleva a cabo siempre mediante adecuados procesos de atención, reflexión y autoconciencia. Por regla general, los seres vivos ordenan su psiquismo en mundos de la vida. Estos son dispositivos evolutivos muy refinados que rigen la economía de la atención. La estabilidad de mundos de la vida permite que de forma poco atenta resolvamos la inmensa mayoría de tareas vitales. Es el dispositivo de atención disminuida que Freud describió en su escrito sobre la pizarra mágica. El sistema consciente borra continuamente representaciones, tan pronto comprueba que no generan angustia. Es como uno de esos juegos de niños que, agitando la pizarra, borran lo que hemos escrito en ella. Genera así una economía de la atención. Cuando una representación no coincide con las ya estabilizadas, dispara la ansiedad, la inquietud y redobla la atención, la reflexión y los dispositivos de la autoconciencia para aprontar la posible angustia ante lo desconocido.

Sin embargo, cuando el mundo de la vida está muy desestabilizado por una invasión permanente de la técnica y se producen continuas representaciones, el régimen de la atención cambia por completo, los medios de reflexión se alteran, la etiología de la ansiedad, la inquietud y la angustia cambian, y el orden de las representaciones se torna más inseguro y desordenado. Entonces la comunicación, que ha sido para la especie homo la forma preferida de controlar y refinar las representaciones, se hace inviable y de esa manera se impone un bucle en el que la vida del psiquismo se desordena de forma potenciada. Pues ciertamente, el psiquismo, abandonado a su soledad, al margen de la comunicación capaz de refinar sus representaciones, recibe una condena de caos.

Así se llega a la situación de la que parte este libro: la fragilidad de nuestros pensamientos. En el presente esta fragilidad está en el punto de mira de toda una serie de técnicas que pretende intensificarla hasta el punto de hacernos perder toda la autonomía que, según la Ilustración, define nuestra mayoría de edad. Hay por tanto algo así como una antiilustración en marcha. Desde Bacon, identificamos nuestros fallos y debilidades cognitivos, pero para superarlos. Como dicen los autores, ahora, «por desgracia, y es preciso subrayarlo, el conocimiento de nuestras vulnerabilidades cognitivas puede servir también para explotarlas (y explotarnos) mediante la mentira, la seducción o la distracción en tantas situaciones en las que, normalmente a posteriori, podemos sentirnos manipulados. La pseudociencia y el conspiracionismo, por ejemplo, hacen un uso muy eficaz de muchos de nuestros sesgos cognitivos para transmitirse y consolidarse» [14].

Lo que este pasaje dice, y lo que el libro muestra, es que, frente a la crítica, que fue la empresa de liberarnos de nuestros prejuicios, sesgos, supuestos y tendencias, ahora estamos sometidos a dispositivos técnicos, claramente consolidados por la estructura recursiva de los algoritmos que rigen los medios de comunicación, que tienen como finalidad fortalecerlos, atarnos más a ellos, intensificarlos y hacernos vivir en la cárcel de nuestras propias representaciones, sin dejarnos camino alguno para liberarnos de ellas, reformarlas, mejorarlas, perfeccionarlas y dominarlas. Y de esa manera logra que nos sintamos más libres, justo cuando estamos más presos. Es una ilusión que nunca podemos diluir, por cuanto no tenemos comparativo con las opiniones y creencias de ningún otro ser humano diferente. Con eso se logra poner en pie una técnica comunicativa que desactiva precisamente aquel gran proceso evolutivo al que debemos la inteligencia, la perfectibilidad representacional lograda por medio de la comunicación. De este modo, nos hace percibir como libertad nuestra propia esclavitud. Nos permite creer que comunicamos algo cuando en realidad estamos sumidos en nuestra propia soledad.

Este libro descubre las técnicas por las que esta paradoja amenaza nuestro sentido de la inteligencia. Por qué pensamos lo que pensamos explica por qué no pensamos de otra manera. Pensar es una operación abierta. El título nos sugiere que estamos cerca de convertirla en una cerrada, más bien determinista, lejos de ser el campo privilegiado de la dignidad humana y de su libertad. Curiosamente, lo más llamativo de la paradoja que analiza este libro es que en ese estado ya cerrado a toda corrección, alteración y crítica, lo que la Ilustración consideró fanatismo y estulticia, ignorancia y estupidez, ahora se bendice con la vivencia fortalecida de que ya sabemos todo lo que necesitamos saber, que estamos sostenidos por certezas plenas y que estamos justificados al despreciar a cualquiera que piense de otra manera. Así la ignorancia se impone como certeza. Y aquello que constituye la prueba máxima de la inteligencia, la capacidad de dudar, la apertura del escepticismo, la conciencia de la propia ignorancia, la cautela y la atención frente a una realidad poderosa y hostil, ahora se eleva a rasgo que hay que despreciar en tanto sospechoso de debilidad, flaqueza y falto de criterio.

Sin embargo, la fortaleza de carácter estuvo vinculada a la capacidad de asumir las propias fallas y eso fue decisivo para nuestra capacidad adaptativa. En alguna página los autores dicen que esta es la condición fundamental para ser ciudadanos responsables. Quién por principio no puede estar equivocado, no puede ser responsable. Sabemos que esta mentalidad sirve al estilo psíquico requerido para el absolutismo partisano. Sabemos también que lo contrario de la responsabilidad es la aventura, que asume cotas de ignorancia que nadie razonable aceptaría. Hacia allá, a la aventura, van las sociedades que han perdido el sentido de la responsabilidad, desde luego. Frente a esto, el libro nos propone que descubramos el goce de la autocorrección de nuestras representaciones, del desmontaje de nuestros sesgos, de la alegría de la liberación de lo falsamente creído.

Bien estructurado, bien documentado, centrado en experiencias de neurociencia, ilustrado por experimentos muy llamativos, el libro nos propone un recorrido por estos problemas, centrales en nuestro futuro evolutivo como sociedad, intercalando unos cuadros resumen muy pedagógicos, cuya finalidad es ciertamente configurar un carácter más atento a las propias inclinaciones cognitivas. Un ethos cognitivo, ciertamente, cuyo contenido permite máximas como «desconfía de lo fácil», «desentraña el contexto», «descuenta el efecto de halo», «reduce la presión del grupo», o «no obedezcas tanto a quien tienes por autoridad». Los temas se hilvanan con sencillez y amenidad, y así nos enseña a mantener una capacidad reflexiva capaz de diferenciar entre emociones, deseos, sensaciones, el goce de llevar razón siempre, neutralizar el efecto de expectativas y manejar la complejidad de alternativas o las frustraciones de lo que llaman el coste hundido.

En suma, el libro nos enseña a encarar con más valentía un mundo atravesado por el azar y la contingencia y a evitar el falso camino de hacernos fuertes ante ellos con certezas inmutables. Se trata de aprender a identificar y atender las evidencias y dotarnos de una frágil pero firme autoridad propia para darnos tiempo y libertad para hacernos preguntas. En suma, el libro es una guía sencilla de seguir para continuar la batalla continua por detener la inclinación ineludible a convertirnos en idiotas. Por eso debemos dar la bienvenida a este libro destinado a contener la contrailustración que desde instancias muy poderosas se ha puesto en marcha como forma de dominación de nuestro psiquismo y de erosión de la sociedad democrática. 

José Luis Villacañas Berlanga es catedrático emérito de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Entre sus últimas obras caben mencionarse Diego Saavedra Fajardo. La lealtad conocida (2025), Sublime psíquico y educación estética (2023), Max Weber en contexto (2024), además de los tres volúmenes de Imperio, Reforma y Modernidad (2017–2025).

El pensador de Rodin, 1882. Wikimedia
El pensador de Rodin, 1882. Wikimedia

Ficha técnica

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Recordamos a nuestros suscriptores que, con ocasión del regreso al papel de Revista de Libros, el día 10 de diciembre, a las 19.00h., en la Fundación Ramón Areces, la escritora Elvira Navarro, el periodista cultural Jesús García Calero y el filósofo Javier Moscoso dialogarán sobre cómo se transforman los géneros literarios y cambian los lectores; sobre cómo, en nuestros tiempos, las ficciones conviven con realidades, ya sea en la historia o en la literatura, o cómo el formato, ya sea digital o material, determina nuestra relación con los libros y sus críticos.

El mundo del libro, ese maravilloso invento que nos acompaña desde hace milenios, sufre en la actualidad transformaciones en su diseño, en su público y en sus propósitos. Así que, mientras aprendemos a leer en diagonal en los formatos digitales, seguimos pasando páginas, cuestionando premios y jurados, formando comunidades y asociaciones, y anunciando una y otra vez la muerte del papel que, afortunadamente, nunca llega a producirse.

Elvira Navarro es escritora de fama internacional. Su última obra publicada es La sangre está cayendo al patio.

Jesús García Calero es periodista, director de ABC Cultural.

Javier Moscoso, profesor de investigación del CSIC, es director de Revista de Libros.

Premio a la mejor contribución, reseña o ensayo, para menores de 35 años.

Con objeto de fomentar y poner en valor la escritura y la lectura crítica entre jóvenes talentos, y con la colaboración de la Fundació Banc Sabadell, Revista de Libros convoca el premio «Nuevas voces» destinado a reconocer reseñas y breves ensayos publicados en nuestras páginas. El premio, de carácter anual, tendrá una dotación económica de 1.000 euros, que se entregarán en un acto institucional en octubre de este año.