El historiador André Belo, profesor en la universidad de Rennes en FranciaEl libro de André Belo ya ha sido traducido al francés en una cuidada y ligeramente abreviada edición: Le roi Sébastien de Venise. Histoire d’une rumeur, Paris, Chandeigne, 2023., presenta una investigación histórica sobre el éxito de uno de los fracasos más espectaculares de la historia moderna de Europa: la muerte en Marruecos, en agosto de 1578. del rey de Portugal, dom Sebastião (1554-1578). El monarca murió célibe y sin descendientes, abriendo una crisis dinástica que desembocó tres años más tarde en la unión de las coronas de Portugal y Castilla-Aragón, aupando a Felipe II como el titular de ambas monarquías. Durante la llamada batalla de los tres reyes, los dos contendientes rivales marroquíes y el rey lusitano murieron, y con ellos decenas de fidalgos, títulos y soldados rasos portugueses. Sin contar a los centenares de cautivos cristianos que, no sin estar interesado, Felipe II contribuyó a rescatar. En el reino de Portugal cundió la tristeza, el susto y el luto. El trauma fue inmenso, tan grande que pronto en el otoño de 1578 nació una fantasía: Sebastião no habría muerto. Herido y avergonzado por el desastre que provocaron sus erróneas decisiones, el rey de la dinastía Avis se habría retirado en un lugar desconocido. Pero algún día volvería para devolver a Portugal su plena autonomía.
De aquel ensueño nació una ideología: el sebastianismo. De un fracaso salió una leyenda que se mantuvo viva contra viento y marea, todavía subyacente en la formación de la identidad nacional portuguesa hasta bien entrado en el siglo XX. El libro de André Belo cuenta uno de los episodios más extraordinarios de la serie de las imposturas que llevaron a diferentes personajes a pretender ser el auténtico Sebastião, vuelto de su exilio voluntario. El episodio analizado aquí es la singular aventura de Marco Tullio Catizone, originario de Calabria, quien pretendió, estando en Venecia, el año mismo de la muerte de Felipe II (1598), ser el rey de Portugal no difunto en Marruecos. Ese hombre ni tenía parecido con Sebastião, ni siquiera hablaba correctamente y con soltura la lengua portuguesa. Su extraña pretensión lo llevó al calabozo, primero en Venecia, después por algún tiempo en Florencia, y finalmente pasó a Nápoles ―es decir, bajo jurisdicción de la monarquía española―, en donde fue condenado a galeras. Al final, el duque de Medina Sidonia en Sanlúcar de Barrameda lo hizo juzgar otra vez porque algunos partidarios de su pretensión se concertaron para intentar liberarle de las galeras. Esta vez la sentencia fue de muerte por ahorcamiento, ejecutada en 1603.
Para poder escribir la historia de una mentira, el autor ha leído toda la documentación, muy dispersa, que ha sido conservada en archivos de Portugal, España, Italia, Francia, y Gran-Bretaña, con el fin no solo de conocer y analizar todos los relatos, favorables o contrarios al impostor, que circularon ―la mayoría de ellos manuscritos y algunos impresos―, sino que también ha sabido identificar las redes de correspondientes y cómplices de la máquina de rumores. Entre los muchos méritos de este libro, debe ser señalada la apuesta científica de un historiador que demuestra que la mejor respuesta frente a la mentira no puede ser sino la afanosa búsqueda de toda la documentación conservada.
Para empezar, André Belo nos comparte su sorpresa frente al éxito del rumor, en la medida en que no existía en realidad la menor duda sobre el hecho de que el monarca portugués había fallecido durante la batalla del 4 de agosto 1578. Su cuerpo fue reconocido y sepultado, para ser luego desterrado y trasladado a la iglesia de Ceuta, y finalmente a Lisboa en 1582, donde recibió sepultura definitiva en el monasterio de los Jerónimos de Belém en 1582. El libro proporciona al lector todas las pruebas no solo de que el rey murió, como se dijo oficialmente, sino también de que que esa realidad había sido conocida en la época a través de pregones y ceremonias. Lo cual no impidió que a lo largo de aquel verano empezaran a correr rumores sobre la posible supervivencia del monarca. Sin embargo, lo que impera entonces es la solidez de los hechos, o mejor, la solidez del conocimiento contemporáneo de los hechos. Por contraste, el éxito de los falsos rumores parece todavía más espectacular.
En su minuciosa investigación, André Belo describe con mucha precisión cómo la defensa del falso Sebastião de Venecia ocupó el hueco dejado por el fracaso del rival de Felipe II como pretendiente heredero de la corona de Portugal, el Prior de Ocrato dom António. Ese personaje intentó, sin éxito, oponerse a la toma de Portugal por el duque de Alba en nombre del rey de España en 1580; luego trató de parapetarse con sus partidarios en la isla Terceira del archipiélago dos Açores hasta su derrota de 1583, y por fin intentó convencer a Isabel I de Inglaterra, a Enrique IV de Francia y los Estados Generales de los Países Bajos de que apoyasen su voluntad de reconquistar Portugal. Dom António, durante esos episodios, animó con sus cartas y sus manifiestos una amplia red de allegados y partidarios por doquier. Creó así unas expectativas que quedaron cruelmente frustradas cuando falleció en 1595. Los llamados «antonianos», muchos de ellos clérigos, siguieron esperando que algún rey portugués recobrara la corona lusa. Unos residían como clandestinos en el Portugal de Felipe II y Felipe III, y otros se exiliaron en varios países europeos.
De entre esos personajes, destacan tres que desempeñaron un papel clave para dar crédito al impostor calabrés y difundir en sus redes, así como en las cortes rivales de España, su pretensión de ser el auténtico Sebastião. El primero es el padre dominico Estevão Sampaio, quien participó en la impostura de Maco Tullio Catizone desde su inicio en Venecia hasta las vanas tentativas por sacarlo de las galeras en el Puerto de Santa María en 1603. Los otros dos son dos grandes propagandistas del sebastianismo: otro padre dominico, José Teixeira, nada menos que confesor de dom António, exiliado en Francia en la corte de Enrique IV, y João de Castro, el también antoniano exiliado en Francia. Aquellos protagonistas pusieron sus redes y su pluma al servicio de una impostura que les permitía seguir persiguiendo un cambio de dinasta para la corona de Portugal.
Con toda la precisión que permite la documentación, André Belo reconstruye el itinerario de Catizone desde su pueblo de Magisano hasta su llegada a Venecia, pasando antes por Sicilia, tal vez Roma, seguramente Verona y Ferrara, donde residía entonces la corte del papa. Durante esas últimas etapas había empezado a pretender ser el desaparecido rey Sebastião y hacerse reconocer por portugueses con los que encontraba. Luego, en cada ocasión en las que fue investigado e interrogado por magistrados, tanto en Italia como en España, el falso rey tendría ocasiones de probar su identidad ficticia contra toda evidencia. Lo más impactante de esa dinámica es que si pudo continuar defendiendo la impostura fue gracias a la circulación y, por tanto, la publicidad de argumentos en su favor a través de toda la Europa occidental.
La investigación que ha realizado André Belo resulta de muy gran calado por el método histórico que promueve en este libro. Una fantasía o una no-verdad ideológica debe ser estudiada por lo que es: un hecho social como cualquier otro fenómeno. Pero aquella consideración no significa de ninguna manera abolir la barrera que permite separar lo verdadero de lo ficticio, todo lo contrario. El hecho imaginario se ve entonces sometido al mismo tipo de protocolo científico que una realidad empírica comprobable. André Belo echa mano de fuentes de tres categorías: primero los archivos, que son de dos tipos; autos de procedimientos judiciales y correspondencias administrativas o cartas particulares de redes políticas; luego, los libros de doctrina, que permiten situar la actividad de escritura y los procedimientos judiciales dentro de los marcos teóricos y normativos de los que disponían los actores de la época, y por ende, los relatos entre ficticios, propagandísticos y, en algunas de sus páginas, tal vez veraces, que han hecho circular los miembros de los círculos antonianos y sebastianistas.
El libro de André Belo, escrito casi como una novela de espionaje, plantea preguntas de profundo y urgente calado. Profundo porque interroga el carácter de una ideología política en una coyuntura particular que, sin embargo, nos remite a cuestiones muy contemporáneas. De ahí la urgencia: el éxito de la mentira, y una mentira ni siquiera verosímil, en un contexto en el que los actores disponían de la información suficiente para descartarla, suena como una advertencia en estos tiempos, los nuestros, en los que gobiernos y medios de comunicación se precian de exhibir «hechos alternativos» o «verdades plurales». También nos remite a lo que fue a lo largo del siglo XX la voluntad de cegarse en nombre de la superioridad de una ideología emancipadora, aquello que el gran poeta y militante comunista Louis Aragon acabó llamando el mentir-vrai, es decir el mentir veraz.
Cuando el lector cierra el libro de André Belo, se queda con la imagen de un rey dom Sebastião convertido en un «cadáver postergado que procrea», es decir un muerto fértil, un fracasado exitoso, siguiendo los famosos versos de Fernando Pessoa, quien todavía en 1933 seguía poniendo en la boca del joven rey estas melancólicas palabras:
Minha loucura, outros que me a tomem
Com o que nela ia.
Sem a loucura que é o homem
Mais que a besta sadia,
Cadáver adiado que procria?
Jean-Frédéric Schaub enseña historia en la École des hautes études en sciences sociales de París, en el Laboratorio Mondes Américains. Ha publicado recientemente: Race et histoire dans les sociétés occidentales, XVe-XVIIIe siècle, Paris, 2021; Pour une histoire politique de la race, París, 2015 (traducido en inglés Princeton, 2019 ; español FCE, 2020 ; portugués, Tinta da China, 2022).






