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Los artesanos, actores históricos significativos

Crafting Enlightenment: Artisanal Histories and Transnational Networks

Lauren R. Cannady and Jennifer Ferng (eds)

Oxford University Studies in the Enlightenment, 2021

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En esta rica colección de ensayos, algunos expertos en culturas artesanales y materiales exploran las múltiples conexiones entre la praxis artesanal, el estatus y la autoridad estatal a lo largo del siglo XVIII. En la introducción al volumen, las editoras Lauren R. Cannady y Jennifer Ferng subrayan que «los artesanos fueron actores históricos significativos» (p. 7). He aquí una interpretación de la Ilustración en la que los artesanos ocupan un lugar central. Cannady y Ferng adoptan una definición amplia de artesano (evitando distinciones tajantes entre «inventores» y «artesanos») y aspiran a un ambicioso alcance transnacional, con ensayos sobre ciudades, estados e imperios de cuatro continentes. En general, los brillantes artículos de esta colección están a la altura de este objetivo. La estructura del volumen es muy coherente, con textos de diferentes enfoques geográficos y disciplinarios agrupados bajo un tema común. La calidad y el detalle de las imágenes son extraordinarios, lo que no es poco para un libro sobre la pericia artesanal.

La primera sección, sobre la visión de las historias artesanales, comprende dos ensayos sobre artesanos franceses y otomanos, en el contexto de la cultura cortesana. Chandra Mukerji describe la praxis de los artesanos, principalmente escultores y jardineros, que construyeron la imagen del Rey Sol. Se trataba de una «visión artesanal de la soberanía» (p. 33) inspirada en la figura del dios Apolo. Emine Fetvaci, por su parte, examina los manuscritos ilustrados creados para el sultán Ahmed III, que ofrecían una visión del imperio otomano y sus historias a las élites gobernantes. De acuerdo con Fetvaci, los creadores de estos manuscritos, que representaban las fiestas cortesanas, también contribuían a perpetuar determinadas jerarquías sociales, incluidas las que existían entre los fabricantes y los comerciantes.

En la segunda sección, dedicada a lujosos objetos de colaboración, Frédéric Dassas examina las espectaculares boiseries (revestimientos de madera aplicado a paredes) realizadas para las residencias de la plaza Louis-le-Grand. Dassas explica de qué modo estos revestimientos reflejaban los avances tecnológicos del momento tanto como la pericia estilística de los artesanos parisinos, hasta el punto de que pronto fueron objeto de decoración más allá de la capital francesa). A través de un brillante estudio de caso de un escritorio y librería poblanos, Dennis Carr demuestra cómo convergieron en México gustos, estilos y habilidades de Oriente y Occidente. Se trata de la historia de un objeto, de excepcional virtuosismo técnico y artístico, que representa culturas verdaderamente internacionales (europea, asiática, norteafricana) y locales (indígena mexicana), y que también sirvió «como expresión del poder estatal en la América Latina colonial» (p. 118).

La siguiente sección, dedicada a la religión y el comercio del imperio, explora objetos y artesanos atrapados en complejas redes comerciales y confesionales mundiales. El ensayo de Neil Kamil nos presenta a un hábil artesano (británico) de ascendencia hugonote que realiza astutas evaluaciones de los habitantes del mundo atlántico basándose en su elección de muebles. A juicio de Kamil, la «materialidad de un tipo particular de silla» (p. 155) decía mucho sobre sensibilidades y lealtades religiosas, culturales y políticas. La contribución de Cannady nos lleva al París del siglo XVIII, donde la política confesional determinaba el patrocinio y la identidad de los artesanos relojeros que participaban en una sociedad para la promoción de las artes mecánicas. Eran individuos que contribuían a las ambiciones imperiales de Francia a través de objetos como los relojes marinos.

La penúltima sección, dedicada a las ecologías corporales en el Asia del siglo XVIII, explora las fascinantes culturas de artesanos que se nos han perdido como individuos, pero que, sin embargo, han dejado profundas huellas de prácticas artesanales en la cultura material, las tradiciones orales o el paisaje. El ensayo de Sugata Ray sobre las prácticas artesanales relacionadas con la flor del jazmín en Vrindavan, al norte de la India, descentra las narrativas coloniales en torno a la botánica y la «ciencia». En este centro de peregrinación, los jardines cerrados con glorietas de jazmín hábilmente diseñadas facilitaban profundos encuentros entre los devotos y lo divino. La contribución de Dorothy Ko sobre las tradiciones orales entre los ceramistas de Jingdezhen, en el centro-sur de China, demuestra cómo las materias primas y los elementos se entendían como algo ligado al cuerpo artesanal. Los cuentos y leyendas que circulaban de boca en boca sobre y entre los artesanos hablan de especialización, jerarquías artesanales y cuerpos de trabajo sacrificados que dieron lugar a innovaciones en tecnologías y esmaltes.

En la última sección sobre las tecnologías de la Ilustración, Valérie Nègre examina la variedad de ocupaciones y estatus artesanales en la Francia del siglo XVIII, incluidos los artesanos «no manuales», como los medidores y capataces, asociados al oficio de la construcción. Nègre saca a la luz las actividades y publicaciones del hábil artesano Nicolas Fourneau, capataz de carpintería capaz de enseñar la teoría artesanal a compañeros artesanos, eruditos y arquitectos a través de libros, maquetas, dibujos y demostraciones. El último ensayo de la colección, de Jennifer Ferng, llama nuestra atención sobre un fascinante grupo de objetos, «mundos en miniatura» (p. 336), elaborados por artesanos australianos en el contexto de la fiebre del oro del siglo XIX. Las joyas de los yacimientos de oro y los huevos de emú representaban escenas de extracción material, asentamiento y violencia colonial, y «llegaron a representar formas de dominio relacionadas con el asentamiento europeo, la disputa por la tierra y la expansión territorial» (p. 337).

Uno de los puntos fuertes de esta colección de ensayos es la sensación de praxis artesanal en movimiento; de cuerpos, habilidades, objetos, textos e ideas artesanales que se mueven entre ciudades, cortes, océanos y continentes a lo largo del siglo XVIII. Vemos claramente cómo los artesanos, que fueron desplegados «como agentes del imperio» (p. 147) por todo el mundo, también tuvieron un sentido gremial y una voz propia. A lo largo del volumen encontramos artesanos muy destacados con una autoridad sustancial y un sentido bien desarrollado de la identidad especializada, y también oímos hablar de muchos artesanos anónimos. Y, sin embargo, incluso esos artesanos desconocidos han dejado huellas materiales (o ambientales) de sus distintas prácticas, lo que Sugata Ray denomina «un susurro, en la historia» (p. 271).

No cabe duda de que los ensayos recogidos en este volumen abordan colectivamente una amplia gama de especialidades y ocupaciones artesanales: escultores, arboricultores y jardineros, ilustradores y pintores, vidrieros, fabricantes de muebles, artesanos relojeros, alfareros, carpinteros, mineros y orfebres. Sin embargo, se trata principalmente de un libro sobre los fabricantes de objetos de lujo altamente exclusivos y su papel dentro de los espacios de élite. Se podría haber prestado más atención a objetos más cotidianos y al papel de sus fabricantes en la promoción de la autoridad estatal. También brilla por su ausencia la dimensión de género del trabajo cualificado.

En conjunto, sin embargo, se trata de una impresionante colección de ensayos sobre un lienzo global que amplía nuestra reflexión sobre la pericia artesanal y la autoridad estatal.

Jasmine Kilburn-Toppin es profesora de historia moderna en la Universidad de Cardiff (Reino Unido) y autora del libro Crafting Identities: Artisan culture in London, c. 1550-1640, Manchester, Manchester University Press, 2021.

Artisans, significant historical actors

In this rich collection of essays, experts in artisanal and material cultures explore the manifold connections between artisanal praxis, status, and state authority across the long eighteenth century. In the introduction to the volume, the editors Lauren R. Cannady and Jennifer Ferng emphasise that ‘artisans were significant historical actors’ (p. 7). Here is an interpretation of the Enlightenment in which makers take centre stage. Cannady and Ferng adopt a broad definition of artisan (avoiding sharp distinctions between ‘inventors’ and ‘craftsmen’) and aim for an ambitious transnational scope – with essays from cities, states, and empires across four continents. Overall, the brilliant papers in this collection live up to this objective. The structure of the volume – with essays from different geographical and disciplinary approaches paired under a common theme, together with a brief contribution from a respondent drawing the conceptual threads together – is highly coherent. The quality and detail of the images is outstanding, no small matter for a book about artisanal expertise.

In the first section on envisioning artisanal histories, we have two essays on French and Ottoman artisans and their production of courtly culture. Chandra Mukerji brings to light the praxis of the artisans, primarily sculptors and gardeners, who constructed the image of the Sun King. This was an ‘artisanal vision of sovereignty’ (p. 33) modelled on the figure of Apollo. Emine Fetvaci examines the illustrated manuscripts created for Sultan Ahmed III that offered a vision of the Ottoman empire and its histories to ruling elites. Makers of manuscripts depicting courtly festivals also presented and perpetuated particular social hierarchies, including those among makers and traders.

In the second section on luxurious collaborative objects, Frédéric Dassas considers the spectacular boiseries crafted for residences in the place Louis-le-Grand, which showed off the technological advances and stylistic expertise of Parisian artisans (and soon had an appeal far beyond the French capital). Through a brilliant object case-study of a Puebla desk-and-bookcase, Dennis Carr demonstrates how tastes, styles, and skills from the East and West converged in Mexico. This is a story of an object, of exceptional technical and artistic virtuosity, representing truly international (European, Asian, North African) and local (Indigenous Mexican) cultures, and which also served ‘as an expression of state power in colonial Latin America’ (p. 118).

The next section on religion and the commerce of empire explores objects and artisans caught up in complex global trade and confessional networks. Neil Kamil’s essay presents us with a skilled (British) artisan of Huguenot descent making astute assessments of inhabitants of the Atlantic world, based on their choice of furniture. The ‘materiality of a particular kind of chair’ (p. 155) spoke volumes about religious, cultural, and political sensibilities and allegiances. Cannady’s own contribution takes us back to eighteenth-century Paris, where confessional politics shaped the patronage and identities of skilled clockmaker-artisans who participated in a society for the promotion of the mechanical arts. These were individuals who contributed to France’s imperial ambitions through objects such as marine clocks.

The penultimate section on corporeal ecologies in eighteenth-century Asia explores the fascinating cultures of craftsmen who have been lost to us as individuals but have nevertheless left profound traces of artisanal praxis through material cultures, oral traditions, and the landscape. Sugata Ray’s essay on artisanal practices relating to the jasmine flower in Vrindavan, northern India, decentres colonial narratives around botany and ‘science’. At this pilgrimage centre, enclosed gardens with skilfully designed jasmine bowers facilitated profound encounters between devotees and the divine. Dorothy Ko’s contribution on oral traditions among ceramic makers in Jingdezhen, south-central China, demonstrates how raw materials and elements were understood to be entangled with the artisanal body. Tales and legends circulated by word of mouth about and by artisans speak of skill specialization, craft hierarchies, and sacrificial working bodies that led to innovations in technologies and glazes.

In the final section on enlightenment technologies, Valérie Nègre examines the variety of artisanal occupations and statuses in eighteenth-century France, including ‘non-manual’ artisans, such as measurers and foremen, associated with the building trade. Nègre brings to light the public activities and publications of skilled artisan Nicolas Fourneau, a carpentry foreman who articulated craft theory to fellow artisans, scholars and architects through books, models, drawings, and demonstrations. The final essay of the collection by Jennifer Ferng draws our attention to a fascinating group of ‘worlds in miniature’ objects (p. 336), crafted by Australian artisans against the backdrop of nineteenth-century gold rushes. Goldfields jewellery and emu eggs depicted scenes of material extraction, settlement, and colonial violence, and ‘came to represent forms of dominion related to European settlement, land contestation, and territorial expansion’ (p. 337).

A real strength of this essay collection is the sense of artisanal praxis in motion; of artisanal bodies, skills, objects, craft texts and ideas moving between cities, courts, oceans, and continents across the long eighteenth century. We see clearly how artisans were deployed ‘as agents of empire’ (p. 147) throughout the world, and yet there is also a sense of artisanal agency and voice. Across the volume we encounter highly prominent artisans with substantial authority and a well-developed sense of skilled identity, and we also hear of very many anonymous craftspeople. And yet, even those unknown craft practitioners have left material (or environmental) traces of praxis, what Sugata Ray refers to as ‘a whisper, in history’ (p. 271).

Undoubtably the essays collectively engage with a wide range of artisanal specialisations and occupations – sculptors, arborists and gardeners, illustrators and painters, glaziers, furniture makers, clockmaker-artisans, potters, carpenters, miners, and goldsmiths. However, this is primarily a book about makers of highly exclusive luxury objects and their role within elite spaces. There might have been a deeper consideration of more quotidian objects, and their makers’ role in the promotion of state authority. The gendered dimension of skilled labour is also conspicuously absent as a theme. Overall, though, this is an impressive collection of essays on a global canvas which expand our thinking about artisanal expertise and state authority.

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Ficha técnica

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