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En 2006, el entonces gobernador de California, Arnold Schwarzenegger –hoy en los titulares por razones bien diferentes y admirables– firmó, convirtiéndola en ley, la propuesta denominada the Million Solar Roofs Initiative. El propósito de esta ley visionaria fue el de instalar un millón de sistemas de energía solar en residencias privadas, escuelas, granjas y edificios comerciales a lo largo y ancho del estado, con una capacidad generadora de 3.000 megavatios, suficientes para suministrar energía a un millón de residencias privadas. En diciembre de 2019 se alcanzó la instalación de un millón de sistemas de energía solar… con una capacidad generadora de 8.000 megavatios. Hoy son ya 1,3 millones los sistemas instalados en los tejados californianos, representando el 40% de la capacidad generadora de energía solar en los Estados Unidos, con una capacidad de generación de 10.000 megavatios, suficientes para suministrar energía a tres millones de residencias privadas. Se considera que la Million Solar Roofs Initiative ha sido un éxito rotundo.

El éxito de esta iniciativa radica en varios factores: la visión de un político accidental y poco convencional, The Terminator (o, si lo prefieren, Hércules en Nueva York), con la vista puesta mucho más allá del miope horizonte de los cuatro años que dura el ciclo electoral, la colaboración de excelentes profesionales en los sectores privado y público, la calidad de agencias y servidores públicos, y la sociedad civil y organizaciones de voluntarios de California. Y dinero, mucho dinero, en forma de subsidios e incentivos. Hoy describiremos la forma en que los planetas de este singular universo que es la transición energética de California se alinearon para facilitar el asombroso desarrollo de la energía solar en este estado americano, pero también resaltaremos un ejemplo muy interesante de cómo buenas ideas tienen, con frecuencia, consecuencias imprevistas e indeseadas, y cómo pueden acabar siendo víctimas de su propio éxito. En este proceso, destacaremos varios de los leitmotiv que animan a Una Buena Sociedad, como son la colaboración para el progreso de los sectores público y privado, y la excelencia profesional y de agencias gubernamentales. Pero antes de meternos en harina, permítannos una breve digresión sobre lo que distingue a California del resto de los estados americanos. Esperemos que les sea informativa y entretenida.

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Si California fuera un país independiente, con unos cuarenta millones de habitantes, su economía sería la quinta del mundo por el tamaño de su producto interior bruto (PIB) que en 2020 fue de tres billones de dólares, por encima del PIB del Reino Unido o India, y justo por debajo de Alemania. Algunas de las empresas tecnológicas estadounidenses de mayor capitalización residen en California (Apple, Alphabet Inc. y Meta Platforms), además de un 10% del total de las que componen la lista de Fortune 1000, que incluye las 1.000 empresas americanas con mayores ingresos. California es una dinamo económica, mírese por donde se mire.

En parte debido a la polarización política en torno a republicanos (Trump y su ala supremacista conspiranoica) y demócratas (Biden y el ala más izquierdista o, para confundir a europeos ingenuos, «liberal»), que a su vez da lugar a la distinción entre estados rojos (cromáticamente hablando, lo contrario que en España) y azules (también lo contrario que en España, aunque parezca mentira), se tiende a ignorar una característica del sistema federal americano que ha sido, históricamente, un motor importante de experimentación política y social, y que se fundamenta, precisamente, en la diversidad entre los cincuenta estados de la Unión.

La frase «Estados Unidos es un conjunto de cincuenta laboratorios sociales» no es disparatada. El cúmulo de contradicciones sociales que ha adquirido Estados Unidos durante su breve historia y el dinamismo de la sociedad americana hacen que operen muy diversas fuerzas en diferentes estados. Cada uno tiene su lema y su alias, su idiosincrático derecho a la fama y su peculiaridad, ya sea natural o creada por sus habitantes. La expansión de las primeras trece colonias que se independizaron en 1776 a lo largo y ancho de un territorio inmenso y afortunado en recursos, le dotó de un dinamismo especial, ausente en sociedades más tradicionales como las que muchos de sus habitantes abandonaron en busca de una vida mejor.

Y California, que adquirió la categoría de estado de la Unión en 1850, es uno de los territorios más dinámicos que el mundo ha tenido. El de California ha sido un dinamismo desde abajo y expansivo. Y lo ha impregnado casi todo, y no siempre bueno, desde la contracultura y la revolución sexual a la educación más sofisticada. Desde los deportes extremos a la relajación más exigente. Desde las ideas más originales a las más estrambóticas. No es de extrañar, por tanto, que en otros estados más tradicionales se haga mofa, y hasta escarnio en zonas más, como decir, ¿ultramontanas?, de la variedad y liberalidad que se respira en una gran parte de California, con la expresión California: the land of fruits and nutsPor arte del argot, esta expresión trastoca una aparente referencia a la abundancia agrícola de California en un insulto vulgar a homosexuales (fruits) y una mofa a los hippies y visionarios (nuts). Con el cambio de las actitudes sociales, la expresión ha perdido buena parte de su carga homófoba aunque sigue utilizándose para despachar sin dedicarles atención las ideas fuera de la mainstream que California parece generar por combustión espontánea.. California, digan lo digan, sigue su trayectoria innovadora y expansiva. Uno de nosotros tuvo la fortuna de vivir seis años en SoCal (el sur de California, en el condado de San Diego, concretamente) y les aseguramos que lo volveríamos a hacer en un cerrar y abrir de ojos.

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Una de las vertientes en que se ha volcado el dinamismo californiano y que justifica plenamente la concepción de la federación estadounidense como una amalgama de cincuenta laboratorios sociales, es la medioambiental en general y sus dimensiones ecológica y de lucha contra el cambio climático en particular. Una buena muestra de este dinamismo es la iniciativa del millón de tejados solares que discutimos hoy.

Ni la industria de la energía solar ni la participación del gobierno en ella surgieron con esta iniciativa, claro está, pero en 2003, cuando el entonces gobernador de California Gray Davis fue destituido en una elección especial, precisamente acusado de incompetencia en la desregulación del sistema eléctrico en los primeros años de su mandato, Arnold Schwarzenegger fue elegido gobernador, uno de los pocos gobernadores republicanos que California ha tenido. Durante su campaña electoral y ya como gobernador Schwarzenegger apostó por la energía solar en forma de placas instaladas en los tejados (a diferencia de propuestas para crear enormes parques solares en los desiertos de California).

Personalizamos esta iniciativa en el gobernador Schwarzenegger dado que las propuestas de su equipo y de la Agencia de Protección Medioambiental de California asumían una escala mucho menor, a lo que el gobernador respondió con el ambicioso numero de un millón de tejados Una excelente narrativa de este proceso y de muchos de los aspectos que tratamos en nuestra entrada de hoy, se pueden consultar en el podcast: https://www.wbur.org/onpoint/2022/02/03/the-battle-for-californias-rooftop-solar, emitido el pasado 3 de febrero.. Y un millón fueron, como destacamos al comienzo de nuestra entrada. Y fueron un millón porque en un raro momento de generosidad política, Schwarzenegger dejó a un lado la preocupación de muchos políticos de asegurarse una reelección a toda costa ignorando el largo plazo, y puso las miras altas.

Pero al margen del valor político, aunque no del todo ya que el corto y el largo plazo se conectan en política de formas inesperadas (inesperadas, sobre todo por los cortoplacistas), la iniciativa del millón de tejados solares tuvo varios e importantes efectos.

En primer lugar, los sustanciales incentivos económicos para la instalación de placas solares por parte de individuos, dio lugar a un rápido crecimiento de la industria de placas solares en California con la consiguiente mejora de la tecnología y el abaratamiento de los costes de las placas. Entre 2010 y 2019, el coste del megavatio/hora producido por una placa solar en los Estados Unidos cayó de 378 dólares a 68 dólares Véase: https://www.weforum.org/agenda/2021/11/renewable-energy-cost-fallen..

En segundo lugar, las reticencias iniciales de las compañías de electricidad en California, que ellas sustentaban en anticipadas dificultades para modificar la red eléctrica y hacerla capaz de recibir la corriente extra generada por las placas solares en los tejados, se redujeron al comprobarse que la tecnología necesaria no era tan complicada (en realidad, a las eléctricas no les gustaba la idea, que todo hay que decirlo). Estas grandes compañías eléctricas, muy establecidas, en un régimen de regulación intensa que les impide cambiar con facilidad los precios que cargan a los consumidores, pero a cambio de lo cual tienen prácticamente garantizados sus beneficios por la comisión reguladora estatal, fueron capaces de incorporar a la red los excedentes de producción casera, por así decirlo, mediante ligeras modificaciones en la tecnología. En nuestra historia, como veremos más adelante, las grandes compañías eléctricas juegan el papel menos progresivo, si es que se puede utilizar este término para describir su papel.

Además, los individuos y empresas que instalaron placas solares vieron reducidas sus facturas de la luz (un tema candente hoy en España y en Europa) por la compensación económica que recibían, además de los incentivos para la instalación –provenientes del gobierno estatal–, por las ventas de sus excedentes de electricidad a las mencionadas compañías eléctricas.

Y, last but not least, la coalición que se logró entre activistas medioambientales y ecológicos, y la industria de las placas solares, prometía un modelo de éxito que podría extenderse por todo el país, incluido el resto del estado de California, en el que, a pesar de la impresionante cifra de un millón de tejados solares y abarcando el 40% de la energía solar producida en el total de los Estados Unidos, dicho millón de tejados representa apenas el 10% de la capacidad total que podría llegar a generarse si el modelo se generalizara a todo el estado. Los beneficios para la industria local de California han sido impresionantes, creándose 77.000 puestos de trabajo, más que la cantidad de mineros del carbón en el estado de Virginia del Oeste, así que imagínense lo que la generalización de este modelo puede significar a escala de todo el estado de California y de todo el país.

Las consecuencias indeseadas

En estas condiciones casi ideales para un modelo de intervención público-privado en que todos los grupos sociales parecían salir ganado, ¿qué podría salir mal? Aquí es donde hay que ponerse realistas y considerar los logros indudables de la iniciativa del millón de tejados solares en una perspectiva social que vaya más allá de los participantes directos en dicho modelo, por muy exitoso que sea.

A mediados de diciembre pasado, la Comisión reguladora de las compañías eléctricas de California (California Public Utilities Commission) propuso, tras años de documentación y estudio, la imposición de una tasa de acceso a los usuarios individuales cuyas placas solares están conectadas a la red eléctrica y una reducción considerable del precio de la electricidad excedente que dichos usuarios venían vendiendo a las grandes compañías eléctricas Véase: https://www.reuters.com/business/energy/california-proposes-major-reforms-rooftop-solar-policy-2021-12-13/.. La Comisión manifestó que el sistema de subsidios y precios de venta a la red que reciben las placas solares desincentiva la inversión en las nuevas baterías capaces de almacenar energía eléctrica durante más tiempo, lo cual puede ser cierto. También manifestó la Comisión que dicho sistema de incentivos actual beneficia excesivamente a las rentas superiores a los 100.000 dólares (que representan el 58% de las placas solares instaladas) en detrimento de los ciudadanos más pobres (un 12% de la capacidad generadora solar entre rentas inferiores a los 50.000 dólares), lo cual es definitivamente ciertoVéase: https://www.sierraclub.org/sierra/california-regulators-punt-controversial-decision-rooftop-solar.. Si les surgieron preguntas o sospechas cuando mencionamos que un modelo tan exitoso no ha superado el 10% de sus beneficiados potenciales, esta es, quizá, la respuesta más adecuada: incluso con incentivos, los costes iniciales se recuperan en el futuro y los ciudadanos de rentas bajas y modestas no tienen acceso a la financiación necesaria inicialmente. Lo que es más, dado que los costes de mantenimiento de la red no disminuyen cuando aumentan las placas solares y que estas pagan menos por dicho mantenimiento en razón de los precios de venta de electricidad que reciben de las eléctricas, acaban siendo las rentas bajas y modestas las que ven aumentada su carga por el mantenimiento de la red.

La respuesta de la industria de la energía solar, y de muchos grupos ecologistas, no se hizo esperar. Pusieron el grito en el cieloTéngase en cuenta que una de las más prominentes empresas en la industria de energía solar en California es Tesla, fundada por Elon Musk, que si no es uno de nuestros empresarios preferidos es, sin duda, nuestro pico de oro favorito; y un brillante ingeniero, seamos ecuánimes. y, sobre, todo, arguyeron que la propuesta de la Comisión trataba solapadamente de beneficiar a las grandes compañías eléctricas, aunque no fuera necesariamente para aumentar su beneficios (como indicamos al principio, es una industria altamente regulada), sino tratando de reducir las pérdidas a las que estas compañías eléctricas se están ya enfrentando.
Y aquí esta, lo diremos sin ambages, la madre del cordero.

Porque, aunque pudiera ser correcta la conclusión de la Comisión reguladora de que el sistema de incentivos que existe hoy desanima la inversión en mejores baterías, y aunque sea cierto que los ciudadanos de rentas más modestas no tienen acceso a la financiación inicial necesaria para instalar placas solares (aunque la recuperen con creces en unos cuantos años), la verdad es que no es complicado rediseñar el sistema de incentivos para que las rentas modestas tengan acceso a las placas solares. Bastaría con un crédito fiscal a las rentas bajas y modestas. Punto. Especialmente en un estado, no lo olvidemos, que es la quinta potencia económica del mundo y que dispone de un superávit presupuestario nada despreciable de unos 31 mil millones de dólares para el año fiscal 2022-23. Así de sencillo. No en vano el lema del estado de California es Eureka!

El verdadero problema es que las grandes compañías eléctricas de California se vienen enfrentando a devastadoras pérdidas causadas por los incendios catastróficos que se producen con mayor frecuencia en California, debidos en buena parte al cambio climático, pero también a la negligencia e incluso abandono que varias de estas compañías eléctricas manifiestanVéase: https://www.sierraclub.org/sierra/california-regulators-punt-controversial-decision-rooftop-solar. . Pérdidas que incluyen enormes cantidades como consecuencia de litigación por negligencia y que han estado a punto de quebrar a varias de estas empresas. A pesar del alias de California, The Golden State, no es oro todo lo que reluce en ella.
En esta singular batalla de los tejados, una industria naciente y pujante, la de la energía solar, aliada con organizaciones civiles en defensa del medio ambiente, ha venido beneficiando a los californianos con mayores rentas. Esta coalición se enfrenta a una industria pesada, regulada, esclerótica y hasta negligente, y que no obstante busca aliados entre los ciudadanos de rentas bajas y modestas a los que, sin embargo, carga el mantenimiento de una red que necesita urgente reconstrucción.

Las contradicciones de California son evidentes, ¿no creen? Si les parece, ¿llamamos a Schwarzy the Governator para que dé un par de golpes en la mesa? De momento, la Comisión Reguladora decidió aplazar el voto de su propuesta, lo que hubiera sucedido a finales del mes pasado, para seguir estudiando el asunto. Si ustedes están entusiasmados con el dinamismo de California, nosotros tampoco. Bueno, también, pero no en todas sus manifestaciones.

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