Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas
La balsa de Medusa, Visor, Madrid, 1996
826 págs.

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En lengua castellana no es frecuente que se escriban buenos libros de consulta. Entre otras razones hay que mencionar, por un lado, nuestra tradicional incapacidad para formar parte de proyectos intelectuales colectivos y de largo alcance, o sea, la falta de espíritu de grupo que poseen quienes participan de eso que, no sin vaguedad, suelen  llamarse las "ciencias sociales o humanas en las tradiciones hispano-americanas". Por otro lado, no menos eficaz es ala actica desconfianza delpúblico ante la producción local en asuntos de saber y erudición. Admitimos que en los alrededores se multipliquen los ensayistas ingeniosos y brillantes y hasta que, de vez en cuando, nos toque la suerte de recibir la visita de un escritor excepcional. En cambio, ni siquiera sospechamos que entre nosotros acaso trabajen estudiosos bien informados, lúcidos e imaginativos. Quiero decir, tendemos a resistir la idea de que nuestras desoladas universidades sean capaces de producir investigadores competentes. Incluso algunos -los más arrogantes- tal vez lleguen a pensar que esas minucias son indignas del genio ibérico o del intenso barroco tropical latinoamericano.

Los dos volúmenes que componen esta Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas, editada por Valeriano Bozal, conforman una bienvenida excepción a esas patrañas. Se trata de una obra útil en varios sentidos. En primer lugar, se nos recuerda algo que todos sabemos pero que se suele pasar por alto: el hecho de la pluralidad de las artes y de sus diferentes y a menudo complicadas maneras de interpelarnos, en particular en los tiempos modernos. Así, en cada capítulo nos enfrentamos con problemas específicos de la pintura, de la arquitectura, de la música, de la literatura; se exponen sus instituciones, sus combates ideológicos, sus condiciones de producción y difusión.

En segundo lugar, se relaciona de modo fecundo la estética, la historia del arte, una combinación que necesitamos con urgencia empezar a practicar. La casi total falta de "vasos comunicantes" entre esas disciplinas hace que no pocas veces topemos con tratados de estética que no se sabe bien de qué  hablan pues los escribieron "vasos comunicantes" entre esasdisciplinas hace que no pocas veces topemos con tratados de estética que no se sabe bien de qué hablan pues los escribieron "filósofos" que nunca han tenido nada que ver con el arte. A su vez, las historias del arte suelen en el mejor de los casos producir biografías o biografías ligeramente encadenadas o crónicas más o menos externas de sucesos que no se aclara por qué deberían importarnos, cuando no se reducen simplemente al mero nivel de "guías de turista" o "de museo", eso sí, con buen material fotográfico. Por otra parte, a los críticos de arte -incluso a los buenos-, literalmente, les aterrorizan las ideas, les da pánico todo pensamiento más o menos teórico. Esta Historia… busca romper esas barreras suicidas. Se dedican breves y sustanciosas fichas a filósofos que se han ocupado con el arte, por ejemplo. Hume (Guillermo Solana), Kant (Valeriano Bozal), Hegel (Vicente Jarque); Heidegger (Vicente Jarque), Adorno (Gerard Vilar). Goodman (Francisca Pérez Carreño)… Junto a ellos se incluyen estudios de movimientos propiamente artísticos como los romanticismos, el alemán (Vicente Jarque), el británico (Tonia Raquejo), el francés (Guillermo Solana). También se estudian enfoques estéticos generales y particulares sobre las diferentes artes, desde la estétoca filosófica de la Ilustración y la formación de la historiografía (Javier Arnaldo, J. F. Yvars), las teorás de la arquitectura del siglo XVIII (Delfín Rodríguez), el ruskinismo, el prerrafaelismo y el decadentismo (Tonia Raquejo), hasta los formalistas literarios (Jesús García Gabaldón). No faltan las lecturas deconstruccionistas, posmodernas, feministas (Carlos Thiebaut, Carlos Piera, Juan Antonio Ramírez, Estrella de Diego).

Pero tampoco se desatienden, en tercer lugar, ni los aspectos institucionales del arte, incluso los aparentemente más superficiales como los "salones" (Valeriano Bozal, Francisco Cakvo Serraller) ni los horizontes de pensamiento más abarcadores, como las provocaciones de la metafísica a la música -Y a la inversa- en la obra de Schopenhauer, Wagner y Nietzsche (Dolores Castrillo, Francisco José Martínez), las relaciones entre el arte y la sociedad (Jaime Brihuega, Gerard Vilar, RIcardo Sánchez Ortiz de Urbina), los conceptos de iconografía e iconología (Juan Antonio Ramirez).

Quin reseña obras de consulta como ésta, siempre se ve enfrentado a un dilema abrumador: por un lado, es imposible discutir cada una de las colaboraciones y resaltar tanto sus diferentes méritos específicos como lo que en ciertos textos se consideran defectos (en esta obra, en ningún caso graves). Por otro lado, sería injusto abocarse a la discusión minuciosa de alguno de los trabajos en particular pues ello podría crear la errónea impresión de que no se aprecian los otros. (Ganas no me faltan de "pelearme" un poco con los espléndidos y provocadores ensayos de Bozal, de Calvo Serraller, de Thiebaut; por ejemplo, en el caso de este último me preunto: ¿por qué no se establece una genuina dialéctica entre eso que llama "danzas" y "contradanzas" de la modernidad?). Me resignaré, pues, a no abandonar el frustrante nivel de lo general; o sea, me limito a la apreciación en conjunto de la obra.

En cuanto a los méritos, sólo diré que el resultado es algo más que satisfactorio: en todos los casos se trata de trabajos informativos, formulados con claridad, bien justificados, con bibliografías precisas y al día; en algunos casos, estamos incluso ante breves pero iluminadores contribuciones al tema que se está tratando.

Mi único reparo atañe a la exclusión no sólo del "pensamiento esético  y artístico de España con la excepción de Ortega" (como se aclara en la introducción), sino también a la exclusión del pensamiento estético y artístico en las diversas enonaciones de la lengua en la que está escrita a obra (como no se aclara en ninguna parte de los dos libros). Borges u Octavio Paz -para evocar dos de los nombres más conocidos- no sólo son inmensos escritores, sino que también han reflexionado sobre el arte y acaso de manera más profunda y decisiva que varios de los autores incluidos (por ejemplo, los gruesos tomos 1, 2, 3, 4 y 5 de las Obras completas de Paz están dedicados a sus reflexiones sobre la literatura y los no menos gruesos tomos 6 y 7 a sus escritos acerca de la pintura). Si en la lengua inglesa, francesa y alemana se tiende a ignorarnos, ¿por qué también nosotros nos empeñamos en prosegir con la misma lamentable conducta? 

Siempre posee un dejo de arbitrariedad subrayar ausencias, reprochar lo que no se ha hecho; en particular, este reproche resulta irritante si lo que efectivamente se ha realizado tiene solidez e inspiración. Me place reconocer que esta admirable obra de consulta posee ambas cualidades.

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