Breves. Católicas del mundo, uníos


Católicas del mundo, uníos. En lucha contra una iglesia sexista
ESTHER VILAR
Grijalbo, Barcelona, 1996

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Esther Vilar se hizo justamente famosa en los setenta con El varón domado. Y el paso del tiempo no parece haber domesticado sus impulsos provocadores. En esta ocasión, asume de nuevo la función de revulsivo para animar a una urgente revolución pendiente, entre exabruptos al conjunto patriarcal de la iglesia y a las propias mujeres pasivas, y paños calientes que suenan terriblemente perversos –ya sabíamos, ¿no?, que las mujeres somos sensibles, incapaces de hacer daño, inteligentes y portadoras de la vida–. Los horrores de que se ha hecho responsable la institución eclesiástica, y la inocencia de las mujeres, merced a su exclusión forzosa de los cargos de responsabilidad, las convierte en la esperanza última de un cambio que se presenta, naturalmente, como la huida de la carrera hacia la muerte que suponen los fundamentalismos, o la obcecación ortodoxa contra los métodos de control de la natalidad. Como buena pragmática, desde el agnosticismo, Vilar prefiere que sea en el seno, deseablemente materno ahora, de una organización antigua y de probado éxito –descrita en términos generalmente comerciales, como compañía de seguros-donde se produzca al fin el intento de «convertir este mundo en un lugar con futuro» (pág. 102). La vehemencia, la ferocidad de las críticas que son, por demás, bien conocidas, y el tono de consigna, mezclado con apelativos como «colgajos eclesiásticos»/«nuevas princesas» (antes/después de la revolución, naturalmente), podrían sin duda hacerla acreedora de las iras de unos y otras. Pero lo cierto es que, entre las sospechas de cinismo, no deja de aflorar una cierta sensación del carácter necesario de algún que otro discurso corrosivo que nos recuerde, de una manera impecablemente salvaje (impecable por la simplicidad del intento que pasaría por nietzscheano-purificatorio, y al tiempo demagógico), que «una papisa compasiva» sólo surgirá de la contemplación despiadada de unos errores cometidos, no tanto por ser varones o mujeres como por ser humanos.

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