¿Qué es una crítica de cine?
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Mi afición al cine procede de mi infancia. Sé que no es nada excepcional, pero no está de más señalar que –en mi caso‒ esa inclinación se gestó entre los años sesenta y setenta, cuando aún constituía un acontecimiento que cualquiera de los dos únicos canales de televisión incluyera en su programación películas de John Ford, Alfred Hitchcock o Billy Wilder. En esa época, Fort ApacheCon la muerte en los talones o Testigo de cargo no eran viejas reliquias reservadas a un puñado de cinéfilos que ya han superado los sesenta años y que cada vez viven más en el pasado, sino estupendas películas que concitaban el interés de la mayoría de los espectadores, cuya sensibilidad demandaba buenas historias, grandes actores, una fotografía seductora y un director capaz de combinar los distintos elementos que componen la ficción cinematográfica. Si la memoria no me falla, el vídeo no llegó hasta los años ochenta y, en esas fechas, mi pasión por el cine ya era algo firme e indestructible, con sus filias y sus fobias. A los catorce años, ya tenía muy claro qué me gustaba y qué me desagradaba. Desde entonces, mi criterio apenas se ha modificado.
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Sesión doble: Murieron con las botas puestas y Río Bravo
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

En los años ochenta aún había varios cines en el barrio de Argüelles, pero casi todos desaparecieron a la vez, incapaces de soportar la competencia del vídeo, que puso a disposición de las familias un creciente catálogo de clásicos y novedades a precios asequibles. Aunque todavía no habían aparecido las pantallas de grandes dimensiones, se impuso la comodidad de ver las películas en casa. Las generaciones que habían crecido con pequeños televisores de tubo en blanco y negro consideraron un lujo poseer una copia de CasablancaSolo ante el peligro o Testigo de cargo. Yo empecé una colección de cintas en VHS que creció hasta bordear el mágico número de mil películas. Cuando apareció el DVD y, algo más tarde, el Blu-ray, experimenté el mismo trauma que otros coleccionistas insaciables, pues de repente descubrí que había acumulado un formato condenado a extinguirse. Nos habían asegurado que las películas durarían siempre, que soportarían el paso del tiempo, pero el tiempo había pasado y se cobraba una vez más su tributo, evidenciando la irremediable caducidad de cualquier objeto o forma de vida. 
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Cicely, utopía en Alaska
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Doctor en Alaska (Northern Exposure) se emitió entre 1990 y 1995. Consta de ciento diez capítulos distribuidos en seis temporadas. Narra las peripecias de Joel Fleischman (Rob Morrow), un joven médico judío que ha crecido en Nueva York y ha realizado sus estudios en la prestigiosa Universidad Columbia. Ambicioso, neurótico, inteligente, republicano, aficionado al golf y el baloncesto, se costeó la carrera con una beca que le obligaba a prestar sus primeros cuatro años de ejercicio profesional en el Hospital General de Anchorage. Sin embargo, sus servicios no son necesarios en Anchorage y lo envían a Cicely, la Costa Azul de Alaska, donde no hay médico local. Cuando Joel llega a su inesperado destino, descubre que Cicely es un pequeño pueblo, cuya oferta comercial y cultural se reduce a un pequeño comercio, un bar y una rudimentaria sala de cine. Aunque está rodeado de naturaleza virgen, sólo es una calle por la que se pasean perros nórdicos, leñadores barbudos y nativos de rostro impasible. De vez en cuando, aparece un camión de gran tonelaje, con una carga de troncos recién talados y, raramente, un circo ambulante o un vendedor con una pequeña boutique sobre ruedas. 
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Levi’s 501
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

En la España de los sesenta del pasado siglo, los niños llevaban pantalones cortos hasta los nueve o diez años. Algunos se desprendían de ellos algo antes y otros un poco más tarde. Solía depender del desarrollo físico. Cuando el vello comenzaba a cubrir la piel, se imponía el pantalón largo por razones estéticas, pero también éticas. En esa época, el pudor era un criterio inapelable y, salvo en la playa, la piscina o el campo de fútbol, se consideraba moralmente recomendable no exhibir el cuerpo. Es cierto que algunos hombres mayores se atrevían con los pantalones cortos, especialmente en verano, pero no solía mirarse con buenos ojos, excepto cuando se pilotaba un barco de recreo o se pescaba en un espigón de una zona turística, donde las costumbres se relajaban gracias a la presencia creciente de extranjeros. Yo odiaba los pantalones cortos, como casi todos los niños, pues quería ser mayor y consideraba que el primer paso para avanzar en esa dirección consistía en deshacerse de una prenda tan ridícula como los peinados tipo tazón. No recuerdo exactamente cuándo estrené los anhelados pantalones largos, pero sí que experimenté cierta decepción. 
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Let it be
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Durante las navidades de 1972, mi madre y mi hermana Rosa me regalaron Let it be, el último elepé de los Beatles. Yo tenía nueve años y acababa de perder a mi padre. Nos habíamos marchado a Cádiz a pasar el fin de año, huyendo de la tristeza. Nos alojamos en un hotel levantado a escasos metros del mar. Se trataba de un moderno edificio, con amplias terrazas y con un cementerio pegado a su costado. El océano me produjo una mezcla de temor y fascinación. Ya conocía el Mediterráneo, con sus aguas tranquilas y sus playas apacibles. Era un espacio acogedor, que invitaba a dormitar en la arena o a flotar en su superficie, con una reconfortante sensación de ligereza. El Atlántico era completamente diferente. La playa de Cádiz abarcaba kilómetros y cuando se retiraba la marea, se convertía en un hipódromo, donde los caballos volaban como las monturas de los héroes de Troya, desafiando al viento y a la gravedad. Los jinetes cabalgaban sobre una arena pastosa, que no se parecía a la arena del Levante, a veces negra como hollín y, en otras ocasiones, dorada como las hojas de un girasol. 
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El siglo de Hélène Berr
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Es imposible contemplar el siglo XX y no experimentar desaliento. Es el siglo del Lager y el Gulag, del genocidio armenio y los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, del exterminio de los hutus en Ruanda y los campos de la muerte en Camboya. En una época de grandes avances científicos, se ha asesinado indistintamente con balas, machetes, napalm y armas nucleares. Denigrar a nuestra propia especie puede resultar tentador. Casi siempre se asimila el nihilismo a la lucidez, pero yo creo que sólo expresa ofuscación y resentimiento. La continuación de la vida no es una opción, sino un imperativo, pues hay un pasado que preservar, un presente que gestionar y un futuro que garantizar. Pero, ¿cómo continuar viviendo cuando aún humean en la memoria las fosas de Katyn, el mercado de Sarajevo o la aldea de My Lai? El ensayista Javier Goma Lanzón (Bilbao, 1965) ha rescatado la noción de ejemplaridad para estimular la excelencia y preservar la esperanza. Frente a la barbarie de las ideologías que han impulsado el exterminio de minorías raciales, adversarios políticos o personas discapacitadas, se alzan las vidas ejemplares de unos pocos, que han respondido al crimen con dignidad, coraje y solidaridad.
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Teresa de Jesús: «Quise ser feliz»
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Volver a ver hace unas semanas la serie Teresa de Jesús, dirigida por Josefina Molina y admirablemente interpretada por Concha Velasco, me hizo sentir nostalgia de la vieja televisión con sólo dos canales. Estrenada en 1984, sus ocho intensos capítulos constituyen un ejercicio de sabiduría narrativa que elude indistintamente el panegírico y la desmitificación, intentando comprender a la reformadora del Carmelo en su contexto. El guion de Carmen Martín Gaite y Víctor García de la Concha imprime credibilidad y consistencia en todo momento, abordando con el máximo rigor el itinerario biográfico y espiritual de Teresa de Cepeda y Ahumada. No era sencillo recrear las experiencias místicas sin provocar estupefacción e irrisión en una época cada vez más secularizada. Sin embargo, la serie logró plasmar ‒con notable elegancia y sobriedad‒ aspectos tan polémicos como la levitación, quizás el fenómeno más inaceptable para nuestros días. 
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Cataluña, ¿la guerra que viene?
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Hace unas semanas, volví a ver El mundo en guerra (The World at War), la serie documental sobre la Segunda Guerra Mundial estrenada por la televisión británica en 1973. Producida por Jeremy Isaacs, escrita y coproducida por Peter Batty y narrada por Lawrence Olivier, la serie consta de veintiséis episodios de casi una hora que abordan las distintas facetas del conflicto. Entre otros, participan Albert Speer, Traudl Junge (secretaria de Hitler), Karl Dönitz, Lord Mountbatten, Anthony Eden, Paul Tibbets (el piloto del B-29 que arrojó la bomba atómica sobre Hiroshima) y Arthur Harris (mariscal de la RAF). Sus testimonios nunca producen indiferencia. Es imposible no conmoverse y horrorizarse con el sufrimiento desencadenado por las ambiciones políticas y territoriales de la Alemania nazi, la Italia fascista y el imperialismo japonés. Su papel como principales responsables de una guerra que se cobró sesenta millones de vidas no exime a sus adversarios de haber adoptado tácticas crueles para derrotarlos, como los bombardeos nocturnos de las ciudades alemanas, donde perecerían miles de civiles abrasados por el fósforo.
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Cataluña, o el paraíso en la otra esquina
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

La historia se ha acelerado en Cataluña hasta el punto de convertir cualquier artículo en un ejercicio de reflexión con una exigua fecha de caducidad. Las novedades fluyen a un ritmo vertiginoso, transformando constantemente el escenario e introduciendo nuevas variables, a veces esperpénticas. La fuga a Bruselas ‒¿o se trata de un viaje diplomático?‒ de Puigdemont y varios exconsellers del Govern introduce una nota pintoresca que evoca las intrigas de la ficticia Ruritania. La maniobra produce estupor y vértigo. ¿Se busca internacionalizar el procés, creando conflictos legales en el seno de la Unión Europea? Cualquier persona sensata anhela el restablecimiento de la legalidad y entiende que las fuerzas políticas constitucionalistas no pretenden reeditar el franquismo, sino preservar la convivencia y la estabilidad. El Gobierno ha activado el artículo 155 de la Constitución de 1978 con extraordinaria prudencia, rehuyendo la confrontación directa con los secesionistas. Muchos han criticado esta demora, pero la cautela nunca es excesiva cuando se aborda una crisis con un enorme potencial desestabilizador. 
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La crisis catalana y el auge del radicalismo
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

La épica goza de más prestigio que la sensatez y el diálogo. En el origen de las naciones casi siempre hay acontecimientos épicos, reales o imaginarios. Cuando son reales, se recurre a la hipérbole para lograr un efecto dramático en las masas, movilizando sus pasiones más elementales. Si son imaginarios, no hace falta exagerar, pues la mentira posee mayor plasticidad que la verdad y puede modelarse de acuerdo con los intereses de cada momento. Afirmar que Cataluña sufre la ocupación de una potencia extranjera desde 1714 constituye una mentira tan grotesca como asegurar que Alemania perdió la guerra de 1914 por culpa de los judíos y los bolcheviques, artífices de una conjura orquestada para asestar a la nación una puñalada por la espalda. Actualmente, esa hipótesis nos parece mezquina, absurda y malintencionada, pero durante el período de entreguerras se convirtió en un dogma de fe gracias a la retórica nacionalista.
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