Dionisio Ridruejo, entre nosotros
Tiene razón Santos Juliá cuando en su reciente libro Historias de las dos Españas no solamente abomina del marbete de «falangistas liberales», sino que añade serias pegas a la hondura, al momento temporal elegido y a la legitimidad de sus presuntas conversiones. Pero tiene también razón Jordi Gracia (quizá porque, con veinte años menos que Juliá, ha escrito un libro tan maduro como La resistencia silenciosa) cuando se acerca, con cordialidad no exenta de exigencia política, al complejo mundo de quienes ganaron la guerra y perdieron la paz. Fueron muchos más de lo que parece: catalanistas conservadores, carlistas y carlistoides románticos, católicos que no eran ultramontanos, agnósticos que no eran comecuras, totalitarios ma non troppo, liberales que no eran demócratas…






