Almería. Sobre la muerte y el duelo
José Luis López de Lizaga
Barcelona, Laertes, 2024
148 págs.
Abunda la literatura de duelo en el panorama actual español. No tanto, pero también encontramos textos filosóficos de ensayo sobre la muerte y el duelo. Este libro es insólito al situarse entre los dos campos: es una composición literaria de adiós a la muerte del padre y es una reflexión filosófica sobre la muerte de otro, a diferencia de la muerte propia que suele ser lo que más abunda en la historia de la filosofía. Lo consigue el autor, José Luis López de Lizaga, un profesor de filosofía con profundo y extenso conocimiento de la filosofía contemporánea y con una valiente y exquisita expresión literaria de los sentimientos.
El autor se pregunta, y nos pregunta, ¿para qué seguir con el duelo?, ¿para qué visitar tumbas o escribir poemas, diarios de recuerdo, dirigirnos a la persona querida y perdida? Los creyentes en la vida inmortal podrían confiar en ser escuchados en un más allá, pero no es el caso. Tampoco le convence al autor una simple pretensión de consuelo propio. Su respuesta es filosóficamente iluminadora: «Un duelo es esto. Es intentar comprender, es intentar dar palabras —justamente las palabras que nos escamotean esas otras palabras convencionales que se nos ofrecen— a la experiencia de la muerte de otro. No es hablarle a él, ni es hablar de mí. Es intentar comprender».
Como Jean Améry, que observaba que en los campos de concentración los creyentes y los comunistas sobrellevaban aquello con algún pequeño resto de consuelo o de sentido, el autor se pregunta si el duelo es menor para los creyentes, algo que no le está dado y, al contrario, la experiencia de la muerte de otro parece vaciar de sentido aún más si cabe los rituales religiosos que la acompañan. Su respuesta, que me parece que articula todo el texto, es que no es la muerte propia sino la muerte de otro la que no sabemos comprender, para la que necesitamos un duelo que es como una exploración en un territorio intermedio que no es el interior ni el exterior. Porque la pérdida no es del todo pérdida. El autor entra en la casa de su padre y se encuentra con los discos, libros, con todos los objetos que definieron su vida y que aún guardan su presencia. En su caso, la costumbre de oír música juntos, o enviarse recomendaciones por WhatsApp fue uno de los modos en que enlazaron su mutuo cariño. El otro es siempre en el duelo otro concreto con el que hemos mantenido lazos materiales: paseos o viajes, estancias, amistades y recuerdos en lugares y a través de objetos mediadores que permanecen de una u otra forma cuando el otro no está, ahora ya convertidos en un territorio de exploración para entender el misterio de la pérdida que no es otro que el amor a la vida juntos.






