El discurso lógico de Aristóteles se fundamenta en el enlace de juicios argumentados que permiten alcanzar conclusiones, a todo lo cual llamamos razonar. Para ordenar y relacionar ideas fijamos conceptos abstractos en signos o términos que los dotan de significado, y esto resulta elemental para saber de qué hablamos. Una vez fijado el término de un concepto podemos contraponerlo a otro y establecer el juicio que sostiene la concordancia o discordancia entre ambos, su verdad o falsedad. Premisas y conclusión tienen que estar vinculadas o el discurso carece de lógica. Solo si de una proposición se desprende una consecuencia hay raciocinio, y cuando una conclusión está mal razonada la lingüística lo denomina falacia. Un tipo determinado de falacia es la falacia ad populum, que consiste en dar algo por cierto porque muchos lo creen. Sobre este modo irracional se fundamenta la propaganda de Joseph Goebbels, encaminada a través de la manipulación o ingeniería de los sentimientos a ganar masa social.
Huesos antiguos y conflictos contemporáneos
- Por Pablo Pardo Santano
Kermit Pattison ha escrito un magnífico libro de divulgación científica, pero también una crónica…






